Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

13 dic. 2017

UNA ORACIÓN EN EUSKERA

Cantar es orar.

Ángeles Córdoba Tordesillas


Aita Gurea (Padre Nuestro) Padre Madina/Orfeon Donostiarra

UN DELINCUENTE PELIGROSO

Trepa por la fachada de mi casa.
Entra por la ventana.
Me ata y me amordaza.
Me roba el corazón.
Y encima, feliz, le doy las gracias.
Peligroso delincuente,
dulcemente reincidente...
El amor.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


12 dic. 2017

ESPERANDO LA LLUVIA

Sólo una mujer
que espera.

La niebla cruza la ciudad
en bicicleta.

La lluvia
que no llega.

Las horas silenciosas.
Caminando.
El viento en la cara.
La ansiedad.

Los pensamientos
van y vienen.

No hay prisa para vivir.
No hay prisa para morir.

Todo puede ser mágico.
Depende de uno.
Depende de dos.
Depende de hoy.

Puede ser algo.
Puede ser nada.
Puede ser todo.

Las ideas y palabras
han de cesar.
Y dejar paso a los actos.

La gente se ha parado.
Todo se ha detenido
de pronto.
Ha
comenzado
a
chispear.

Ángeles Córdoba Tordesillas  ©


Sophie Zelmani - Stay with my heart

10 dic. 2017

BUENAS NOCHES

Comprende
que la soledad
ha sido mi compañera.

He pasado a su lado
la mayor parte del tiempo.
Me ha reconfortado, muchas veces,
con sus palabras de silencio.

Su mano fría ha sujetado las mías
trémulas,
en las noches de desvelo.
Y ha secado mis lágrimas,
cuando he llorado mi dolor.

También aprendí
a compartir con ella
mis alegrías,
nunca celosa de éstas.

Y fuimos haciéndonos una,
día tras día.
Hasta no saber
dónde terminaba ella
y comenzaba yo.

Lo siento.
Me he acostumbrado
a no echar de menos a nadie.
Compréndelo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Francesco De Gregori - Buonanotte Fiorellino

FLORES DE INVIERNO

Las flores de invierno
son fuertes.
Hacen frente
a los vendavales
y a otras veleidades
temporales.
Con sus pétalos
delicados
retan al frío y la nieve.
Se protegen del granizo
pesado y lacerante.
No es fácil
sobrevivir
en esta estación del año
y lo saben.
Pero aman la vida.
Y se aferran a ella
con todas sus fuerzas.
Conocen
su verdadera
belleza.
Se resisten a  morir.
¡Quisieran vivir
para siempre!
Las flores de invierno
nacen en diciembre.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Mazzy Star-Flowers in December

SEGISMUNDO Y ELOY

Recibió el regalo de un elefante inquieto fuera del paquete, porque no había quién lo envasara. Por un lado la caja y por otro lado Eloy, que así se llamaba.

Era elefante elegante, más bien elefantito, pues era chiquito, de mirada divertida y radiante, con una gracia natural inconmensurable y sus colmillos más blancos, nacarados y brillantes que la luz de la luna de Buenos Aires.

De la alegría que tuvo al verlo y la emoción, Segimundo, dio un salto tan grande que se quedó enganchado a la lámpara del techo del salón que era de ésas feas, de araña, completamente pasada de moda.

Menos mal que desde el primer momento esa magnífica mascota apreció a su nuevo compañero y enseguida remedió  la situación, rescatándolo de aquél cepo inesperado.

Esto le robó el corazón a Segis; así le llamaré para abreviar, evitándole que se quedara para siempre a vivir, no en un sueño, sino en una pesadilla vil; peor que un anuncio de telefonía móvil… que ya es decir.

Luego ya vinieron las presentaciones, los abrazos y agradecimientos mutuos.

Segis heredó una finca con terreno extenso para el regocijo del paquidermo y éste aprendió a jugar al golf con él. Viajaron por medio mundo y Segimundo practicó el arte de darle a la lengua en idiomas diversos, en verso, que siempre lo había deseado pero nunca tuvo la oportunidad.

Ambos se acostumbraron a la vida animal, como está mandado; ya que animales eran y mamíferos, y la situación lo requería, y en una burbuja transcurrieron sus vidas y su amistad, en la que no permitieron que entrara nadie más. Al menos con fines disruptivos.

El pequeño elefante era amante del cocido madrileño y dos días por semana era el menú que Seguis le preparaba con todo el cariño del mundo. Agradecido por ello, después, con su trompa feliz, el cuadrúpedo, le duchaba a presión, con agua de colores, como si eso fuera la fiesta de Holi, sin necesitar viajar a La India.

Estos dos seres aprendieron a respetarse y quererse como es debido. Le sacaron partido a la risa y no hicieron nunca daño a nadie. Apreciaban de verdad, de forma inigualable, y celebraban, aliento a aliento, el haberse conocido.

Cuando Segis se marchó de este mundo, alguien descubrió la nota, que se había colado bajo su sofá,  que iba acompañando al regalo que aquél día le trajo la vida, a través de una mensajería de transporte urgente, y decía así:

Querido tú:

Ahí va este presente de elefante elegante. Como puedes leer en el cartelito, que cuelga de su hermoso y robusto cuello, se llama Eloy para que te recuerde, día a día, que “el hoy”, es lo único que realmente tienes. Espero que lo cuides como debes y que seas feliz a su lado y así también lo será él.

Al día siguiente de la muerte de Segis, Eloy ya no respiraba. Al final de aquella noche que lo veló, quedó también dormido, tan dulcemente como un niño, a los pies de su cama y para siempre.

Todos pensaron que murió de amor, pues su gigante corazón no pudo seguir latiendo sin ese amigo inigualable que le recibió desde el primer momento, con el alma y los brazos abiertos, después de que él, recién llegado, le librara de aquella espantosa lámpara del salón.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


9 dic. 2017

LOS PELIGROSOS

Los más peligrosos
nunca son los que te dicen a la cara lo que piensan
aunque sea lo contrario de lo que piensas tú.
Sino los que te sonríen, te halagan y te dan la razón,
evitando cualquier tipo de confrontación
y actúan a tus espaldas.

Pero esto ya lo sabemos todos, ¿verdad?

Ángeles Córdoba Tordesillas ©