Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

7 sept 2016

MIRÁNDOSE EN EL ESPEJO DEL PRÓJIMO

Asomándote al espejo de los demás,
descubres que el ego es igual de feo
cuando lo ves en otro que cuando lo ves en ti.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Ego que se acaba de descubrir en el espejo.

6 sept 2016

CRÍA FAMA Y… ¡ÉCHATE A VOLAR!

-¡Mamá, papá, socorro, no quiero ser famosa!
-Tranquila, Sarita, nadie es famoso si no quiere…
-¡¿Cómo que no?!... ¡Si me he acostado con un famoso de televisión y, cuando hemos salido de la habitación del hotel, nos hemos encontrado de frente con diecisiete paparazzis!
-¡¿Que has hecho quéeee?!
-Lo que habéis oído.
-¿Pero hija, en qué estabas pensando?
-Pues eso es, mami, que no estaba pensando…
-Maruja, ¿dónde has puesto las maletas?
-En el maletero… ¡Rápido, guardad en ellas dos conjuntos de moda y diseño, el cepillo de dientes y unas cuantas mudas! Mientras, yo iré reservando por Internet, cuatro billetes de avión a Australia para esta misma noche. Tú, Faustino, en cuanto hayas preparado tu equipaje, ponte un antifaz y ve sacando el coche del garaje, para salir pitando al aeropuerto. Y tu hermano y tú, id embutiéndoos el traje de neopreno que teníais preparado para el curso de submarinismo de este verano, ¡pero ya! Yo dejaré comida y agua suficiente, para los próximos tres años, para el gato. La que le espera al pobre…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


5 sept 2016

SIGO TUS PASOS


Fuiste un sueño premonitorio.
Y ahora todo es bailar y bailar.

Luz 
entrando a raudales,
por el ventanal
de nuestras almas.

                                 Sigo tus pasos
                                 y confío
                                ¡en que me enseñen a volar!


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Dimitri Shostakovich-The second waltz.

4 sept 2016

POEMA TUNEADO

Cualquier cosa vale hoy 
para poesía.

Una cuchara con alas. 
Una mayonesa cortada. 
Un frasco de nervios. 
Un manojo de calma.
El rabo de una lagartija chiflada. 

¿Que no se queda quieto el niño?
hazle un poema de dos tipos,
para pies calzados y descalzos
y con premio dentro, 
como el Kinder

¿Que se le quema la cena a la soltera?
Será por amor o por olvido.
Tres rezos en la tarde
como penitencia. 
Y unas lágrimas bien lloradas
o de cualquier manera. 

Las campanas de la iglesia
que suenan a las doce en punto 
avisando a misa porque es domingo.
Y el canto de un gallo mudo. 

El flequillo del vecino
a juego con su bigote
de pistolero.
¡Pim, pam, pum, fuego!

EL tercer beso
que por no abrigarlo
se quedó frío.
Las hojas secas del otoño
que todavía no han caído…

Una cita con la vida, 
tanto acompañado 
como solo. 

Todo cabe 
en una poesía
tuneada. 

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


De imágenes de Google.

3 sept 2016

ALOJAMIENTO Y PENSIÓN COMPLETA

Me alojo.

Tu mirada.
Tu sonrisa.
Tus abrazos.
Tus besos.

Desayuno.
Como.
Meriendo.
Ceno.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


1 sept 2016

DESNUDA

Hasta su rostro
desnudo de palabras
grita pidiendo abrigo.

Lástima que no tenga
unos brazos
que le cubran el cuerpo.

Un abrazo
que le vista el alma…
de esperanza.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


(Desnuda) Obra de Raúl Tamarit Martínez, artista contemporáneo. 

LA QUE ARMÓ PORQUE NO ERA LA PALOMA DE LA PAZ

Una alondra, en la hora de la merienda, sobrevolaba risueña un Mercadillo de barrio. Alguien compraba membrillo, mientras otro calzoncillos al peso, en ese preciso momento.

El ave, de forma simpática y espontánea, como era ella, soltó dos de sus caquitas, con todo su cariño, sobre las compras que he dicho. Los compradores se pusieron furiosos por el engranaje de excremento.

-¡Buenas tardes, se dice, al menos, al pasear por los cielos! Maleducada y un poco atrevida, por no decir guarra, señora urraca.
-No soy urraca, que soy alondra y tengo parcela comprada en poesía moderna.
-Eso, dátelas de bohemia… ¡Pero la cagada la hemos de limpiar nosotros!
-Yo el membrillo, ya no lo compro. No soy idiota. -Dijo la señora viuda por parte de marido, y golosa, muy molesta.
-Bueno, eso siempre y cuando el vendedor acepte el dulce una vez pagado. Lo tiene crudo… el membrillo digo. -Expuso de forma contundente el que tenía intención de adquirir ropa interior.
-Crudo o como sea, no me voy del mercadillo sin mis euros en el bolsillo. Yo no tengo culpa de que un pájaro consentido haya echado encima sus caguetitas en este mismo momento. –Insistió la señora educada y de buena familia.
-Su hora sería, de dar rienda suelta al vientre pajaril.-Añadió el otro damnificado.
-Por favor, no justifique esa conducta que no merece disculpa alguna.-Atajó la susodicha.
-Pues señora, lo comprenda usted o no, nosotros no podemos devolverle el vil metal, por una alondra que ni nos va ni nos viene y que puede que ni sea alondra.-Comentó de forma vehemente, negándose a soltar la pasta de vuelta, el tendero del puesto de postres.
-Vaya… buena tarde me ha dado el dichoso pajarraco y bla, bla, bla.-Seguía lamentándose la dama indignada.
-¿Y yo qué? Sin estrenar la ropa interior y ya la tengo como usada, para tres veces lavarla antes de ponérmela. –Protestó el caballero sin calzones puestos.

La alondra se reía, a carcajadas, lejos, pues ya hacía tres siglos que había emprendido el vuelo, y los otros seguían discutiendo. Moraleja: Que cada uno encuentre la suya. Yo aquí lo dejo. La alondra me espera.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Alondra feliz, importándole todo un rábano y medio.