Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

30 nov 2015

A BUEN RITMO

A ritmo lento.

Que la pasión y el juego
fluyan, interminables,
como aullidos
de lobos hambrientos…

A ritmo de estrellas,
de luceros, de mares
y galaxias
en movimiento.

Al ritmo que llega
besa y pasa.

Amémonos,
a nuestro ritmo.

Sin tener en cuenta el tiempo,
siempre ajeno
al amor y otras danzas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©





ABRAZANDO LA VIDA

Renacer cada día.
Abrazar cada momento.
Amar sin detenerse,
sin cuestionar,
sin juzgar, sin retrocesos…
Renacer y abrazar.
La vida está para ser amada.
Es su instinto maternal
lo que me enternece.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Obra de su autor.

29 nov 2015

SOBRE LA PUREZA

Puede que sea cierto que el corazón se mantiene puro, cual bebé, en el seno materno. Para ser después niño de vivos deseos, de juegos inocentes, risueños, no hirientes. Luego a la vez, cazador y presa, en su futuro de adulto.

Pero dentro, ese corazón latiendo…

¿Será verdad que se conserva algún residuo de pureza no perecedero antes de la muerte?

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


28 nov 2015

RAMAS

Ramas desnudas.
Tan dignas sin sus hojas
como vestidas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

EN BUSCA Y CAPTURA

¡Detengan a ese sticker... me ha robado el corazón!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



AQUÍ

Aquí sentada, respirando…

Me aferro a un suspiro de magia,
a un hálito de fantasía.

Las estrellas entran en la morada del alma
Luciendo, con sus destellos plateados,
sobre la cumbre de la esperanza,
iluminando otros sueños.

Renunciar a más ya no puedo o no sé.
O no sé y no puedo.
Tú has sido mi jardín.
Mi luz en las noches.
Mi agua en el desierto.

Y me aferro a la memoria
ondulante
que pasea revoltosa
entre mis miedos,
con tu sonrisa en sus manos.
Como si eso me fuera a traer alegría,
o la dulce danza de la paz.

Me aferro a la sombra de la nada.
Porque eso es lo que me queda
después de verte partir…

Y sé que no es bueno aferrarse
ni para el corazón un consuelo.
Lo sé.

Aquí… sentada… respirando…


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Symphony No. 2: Adagio Appassionato - Brian Crain

27 nov 2015

CON LA ALEGRÍA HEMOS TOPADO

Por un suceso cualquiera, tal día como hoy, entró el Agobio, soltero todavía y mal vestido,  por la puerta de la casa de la Alegría:

-¿Qué me traes ahí, esa cara compungida como ninguna, cuando blanca está más bonita, del color de la luna?
-Es que estoy todo arrebolado y de paso, enojado.
-Dime tus quimeras, carencias o vertientes del alto Ebro, vida mía, no me dejas otro remedio que entenderte... y de forma gratuita.
-¡Qué gran consuelo eres, Alegría!
-Es que me temo que si no lo hago, me vas a dar el día.
-Ven acércate a mi corazón y te susurro mi canción.
-De eso nada, monada, que me contagias la apatía. Haré lo que pueda pero desde aquí mismo, que todavía tengo que preparar el almuerzo. Te echo una sonrisa para que te vayas contento y déjame que siga con mis remiendos… todos los necesitan. Son como mimos pero llenos de colorido extra.
-Pues confiar en ti quería. Es que no veas qué mañana llevo… todos los bosques se vuelven contra mí y se me encogen.
-¡¿Pero qué dices, qué bosques son esos?!… de mala calidad, como poco. A ver si te han tangado donde quiera que los hayas comprado.
-Pues de hayas se trata, precisamente. ¿Qué sabes del tema, exactamente?
-¿Un bosque de hayas?  Pues ve y que te lo cambien por otro de robles, son más elegantes, y mucho más nobles, y no te encogerán ni el corazón. Di que vas de mi parte. No te pondrán pega alguna y si lo hacen, no les paso ni una de aquí en adelante.
-Gracias por tu consejo, Alegría, vaya cómo te esmeras con tus enemigos… me has alegrado el día. Qué afortunados pues, tus amigos, que se llevarán tus mejores consejos envueltos o puestos, o sea la mejor parte de este cuento.
-¡Con Dios, Agobio vecino! a ver si se te soluciona eso y no te veo en un año o en un siglo.

Desde luego… es que no sabe una cómo hacer ya, para seguir la corriente a esto locos de tornillos flojos, sin sistema de conducción eléctrica alternativa ni agua corriente. El caso es que se vaya dando saltos y que me deje con lo mío. Tan feliz que está una y ni asomarse a la puerta puede, sin que le venga alguno con una monserga de aúpa. ¡Vaya, con su bosque de hayas!… Anda, anda, que siempre tenemos una excusa para sentirnos mal. Haya querido la vida que se vaya y no vuelva, aunque sea sin su mala sombra, nunca más.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


La alegría de vivir. Henri Matisse. (Francia 31/12/1869-3/11/1954)