“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
16 may 2016
15 may 2016
NO HACER NADA
Sé que está muy bien visto, socialmente, manifestar en conversaciones privadas o públicas, que no puedes estar sin hacer nada, ya que con esto transmites una idea a los demás de que eres una persona con inquietudes, cosa que parece resultar muy atractiva a las mentes ajenas.
Es curioso pero ha dejado de gustarme esta palabra: Inquietudes. Me revela un significado netamente inquietante, no es de extrañar, creo, prefiero sustituirla por quietud o quietudes. “Tengo quietudes... “. Sí, definitivamente me gusta mucho más Sobre todo si estas quietudes me llevan a saborear más y mejor las cosas que hago, pararme y tomar conciencia de ellas.
Yo he de confesar que sí sé estar sin hacer nada. Felizmente, soy capaz después de unos cuantos años en este mundo, de poder disfrutar de mi propia compañía, latido tras latido, aliento tras aliento, sin desempeñar ninguna actividad que no sea puramente vegetativa o automática.
Otra de las cosas que puedo agradecer al cáncer. Pues pasar por un tratamiento de quimioterapia durante tantos meses, varias horas cada vez, me ha demostrado que se puede estar sin hacer nada y con el mayor entusiasmo vital.
Paciencia, reflexión, aceptación, contemplación, empatía, comprensión, madurez, sencillez, agradecimiento, perdón, son algunas de las cosas que me ha regalado el cáncer.
La meditación, ese estado de no actividad aparente, ha sido un entrenamiento durante años en mi vida para practicar el no hacer nada. Y cada vez soy más consciente de cuánta necesidad tengo de seguir parándome a meditar, a dejar que todo se haga y no ser ningún obstáculo para ello, queriendo hacer, o creyendo que hago, algo por algo, por mí, o por alguien.
Hoy también quiero dedicarme un tiempo a no hacer nada. Se entienda esto como se entienda; que cada cual haga, o no haga, lo que elija hacer o no hacer.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
14 may 2016
ALGO PROHIBIDO
un sinsentido.
Algún día he de hacer
algo prohibido.
Por una vez
romper un plato
soltarme el pelo,
sacar los pies del tiesto...
Una locura,
un sinsentido,
algo prohibido,
tiene un porqué,
cuando la vida
es aventura.
Y lo es.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
12 may 2016
PRACTICANDO EL “CORRUPTING”
Luego llegó a la conclusión de que podía resultarle más rentable vender media alma…
Nada más tendría que encontrar algún diablo que se la comprase.
Ángel Córdoba Tordesillas ©
8 may 2016
POR ESTA NOCHE
Cerrar los ojos y recorrer todo el planeta
hasta encontrarte.
Y acercarme a ti, para contemplar tu rostro.
Para aspirar el aroma de tu piel.
Para dejarme deslumbrar
por el brillo inusitado de tu mirada.
Y hacer que se vuelvan tus ojos hacia mí.
Creerás que soy el éter, tal vez.
O solamente la estela de un recuerdo.
Pero estaré allí, porque estará mi amor,
y es sólo para ti.
Cerrar los ojos… y viajar hasta donde estás.
Ambos somos parte del mismo sueño.
No es complicado hacer que su magia nos envuelva…
aunque sea por esta noche.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
PROFESIONES QUE ME HUBIERA GUSTADO TENER
Diseñadora de moda surrealista.
Bordadora con hilos de colores.
Bailarina y bailaora.
Patinadora artística.
Creadora de tira cómica en periódico diario.
Arquitecto para planificar casas de ensueño
y asequibles a cualquier bolsillo.
Abogada de casos difíciles pero no imposibles.
Ingeniera mecánica.
Jardinera moderna.
Paseadora de perros.
Pastora.
Granjera.
Ilustradora de cuentos.
Narradora de cuentos.
Vigilante de museos.
Directora de orquesta.
Directora de cine.
Vendedora de castañas; en los inviernos.
Guionista de todo.
Actriz cómica y dramática.
Cantautora.
Componente de grupo musical.
Consejera de consultorio sentimental radiofónico.
Conversadora de ancianos.
Escuchadora de conciertos de música clásica.
Echadora de cartas, pero no cartero.
Bueno, cartero también, de pueblo con bicicleta y de cartas de amor.
Acomodadora de cine en películas antiguas,
de terror o de suspense; para enterarme enseguida de los finales.
Investigadora científica.
Neurocirujana.
Pediatra.
Fisioterapeuta.
Saxofonista de club nocturno.
Cantante de blues con vestido largo de noche.
Peluquera de "sólo cortar y peinar".
Detective infalible.
Autora de cómic y tebeos.
Editora de obras de escritores desconocidos.
Galerista de arte.
Dependienta de herbolario.
Frutera.
Probadora o catadora de bombones de licor.
Besadora a distancia.
Trapecista en circo ambulante.
Camarera de terraza bonita.
Recepcionista de hotel de muchas estrellas y una sola luna.
Confidente.
Contempladora del cielo.
Vagabunda.
Estas tres últimas, tal vez no se deban considerar… Algunas de ellas, por razones de uno u otro tipo, no hubieran sido posible: Limitaciones debidas a la falta de visión, de estatura, de talento para la música, etc. Pero creo que la mayoría de ellas podía haberlas desempeñado, al menos y valga la inmodestia, medianamente bien. No menciono aquellas profesiones que he tenido la suerte de, más o menos tiempo, poder ejercer. En total son un montón, ya lo sé.
La vida es demasiado corta y no da tanto de sí, como para poder ser todo lo que a una le hubiera gustado. Pero esta lista, tenía ganas de hacerla.
Ángeles Córdoba Tordesillas
7 may 2016
VELADA ACOMPAÑADA POR TU AUSENCIA
con esta separación ilusoria?
Mis brazos se caen del peso,
por sostener la desesperación.
Llámame.
¿A quién vamos a engañar
más que a nosotros mismos?
¿Se puede ser soñador sin sueño
que soñar?
Escucha los lamentos de cada hora
que transcurre con laxitud.
Y este corazón desolado se asoma
por el puente de la soledad,
y no te ve llegar todavía,
y siente el impulso de saltar.
Llámame.
¿A qué estamos jugando amor,
que no estamos jugando
al juego del amor?
Ángeles Córdoba Tordesillas ©




