Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

24 may 2016

A FERNANDO

Como tú me miraste, ninguno antes me miró. Ni me mimó ni me entendió.
Podíamos conversar durante horas, sin caer en el tedio ni el cansancio.
Flotábamos dentro de una burbuja y, fuera de ésta, no existía nada más.
Decías siempre que era "la más guapa, la más lista, la más buena..."
Me hacías reír, cada vez que lo decías, porque conocías bien mis inseguridades.
Me prometiste amor eterno; un amor más allá del espacio y del tiempo, cuidarme siempre, serme fiel, incluso decías estar dispuesto a renunciar a mí, si así yo fuera más feliz.
Bromeaba, cuando te declarabas, porque no quería tomar en serio tus palabras.
Me aseguraste, una y otra vez, que no podrías amar a otra, que yo era la mujer de tu vida.
Y siendo tan jóvenes, yo te repetía, que la vida es larga y que eso no sería así, pues conocerías a muchas mujeres después de mí.
Y sí lo fue… porque te fuiste.

Espérame... tengo muchas cosas que contarte.


Ángeles Córdoba Tordesillas


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