Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

12 jun 2017

A MIS AMIGOS

A los amigos que se fueron
sólo les deseo FELICIDAD.

Un día, un año, diez o más,
pudimos caminar juntos,
compartir momentos inolvidables.

Con más o menos entendimiento.
Con mayor o menor unión.
Tal y como somos cada uno:
Especiales, irrepetibles, genuinos.

Y eso es, precisamente, lo maravilloso,
lo magnífico, de la amistad;
aceptar a cada uno como es
y disfrutar, siendo uno mismo.

Algunos hicieron por mí,
mucho más de lo que hice por ellos.
A otros, tuve la satisfacción
de poderlos ayudar.

A muchos, ni los ayudé ni me ayudaron
pero también compartimos buenos ratos.

Y a todos ellos, por igual,
los consideré MIS AMIGOS.
Porque por todos, en mayor o menor medida,
me he sentido querida
y, de cada uno, algo he aprendido.

Hubo quien fue tanto o más que un hermano,
casi mis propias manos,
en situaciones muy difíciles para mi.

Y reí con ellos y lloré con ellos.
Y celebré con muchos,
lo bueno que recibimos.

Sentí la tristeza de las despedidas.
Unas expresadas y otras no.
Dolor por las separaciones.
Unas las entendí y otras no.
Quizá faltaron explicaciones…
o quizá no.

Y finalmente comprendí que,
para no sufrir,
hay que conocer y amar,
las reglas de este juego que es "vivir".
Todo es temporal, hasta la propia vida.

No es saludable aferrarse a nada ni a nadie.
Hay que abrir las manos, tanto para acoger
como para soltar.

La libertad y la amistad no son incompatibles.
Pero el respeto se reparte por igual
entre ambas.

Cada uno decide, si debe marchar o quedarse.
Y siempre es así. Y así está bien.

Hoy quiero agradecerles el paso por la mía y su recuerdo.
Porque realmente significaron tanto…
Tanto… que sería imposible expresarlo
en unos pocos párrafos.

Vivos aún... o ya no,
a cada uno de ellos,
lo sigo llevando en mi corazón.

Porque los amigos que se fueron,
como los que permanecen conmigo,
siempre serán: MIS AMIGOS

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Un millón de amigos-Roberto Carlos

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