Desde mi nube y con gafitas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

1 dic 2016

MI QUERIDO DICIEMBRE

Otra vez juntos.
Eres el mes de la vida interior.
El mayor.
El que crece hacia dentro.
El de frialdad aparente pero de cálido contenido.
El sabio.
El que aprendió y comprendió.
El que estudia cómo poner en práctica
lo que nos llevará a mejorar aquello que deseamos.
El que inicia los trámites necesarios para cambiar nuestras vidas.
En el que paramos y tomamos conciencia.
En el que hacemos repaso e inventario de todo el año.
El de la reflexión e introspección.
El que pone punto final a lo que nada aportó
y crea nuevos hábitos y propósitos.
El que termina con las lamentaciones y cura las heridas del pasado.
Llorando, sin temor, por lo que se marchó y los que marcharon,
pero quedaron para siempre formando parte de nosotros.
El que sonríe a su prójimo, el que da la mano, el solidario.
En el que nos encontramos cada uno, cara a cara con el amor.
El que abre las puertas a los humildes, a los mendigos,
a los que pasan hambre y frío en el espíritu.
El que hace sitio en su mesa y en su corazón.
Ese eres tú, mi Diciembre.
No eres el más florido ni el del sol radiante, te sueles vestir de nieve.
Pero te respetamos mucho
pues eres el más anciano de todos lo meses.
El último del año pero no el del adiós
sino el de las nuevas oportunidades.
El de “volvamos a empezar
y probemos a hacerlo de una manera distinta
que nos traiga más felicidad, más humanidad
y una satisfacción más profunda”.
Bienvenido seas, un año más,
mi querido Diciembre.
Entra y ponte cómodo, te lo mereces.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



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