Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

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19 jul 2017

ESTO SÍ QUE ES AMOR

Porque te quiero, te sonrío cuando tienes un mal día.
Te respeto aunque no siempre esté de acuerdo con lo que haces.
Me esfuerzo, créeme, por entender lo que tratas de expresar.
E intento comprenderte, sin hacerte demasiadas preguntas.
¿Cariño, con quién hablas?
Con el gato… Tú a lo tuyo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


6 nov 2016

JONÁS, DELINCUENTE HABITUAL

-A ver Jonás, ¿reconoce usted estos agujeros?- Interrogó el detective al intrépido ratero.
-¿Cuáles?...
-No se haga el tonto- Dijo el profesional, señalando el queso, mientras el arrestado miraba para otro lado, jugando al despiste.
–Hummm... ¿no es un queso gruyere?- Preguntó el que había sido detenido ya anteriormente por varios delitos parecidos.
-No. Los agujeros se han hecho después del queso.
-Pues ni idea.
-Observe bien estas señales, de dos dientecitos, que alguien ha clavado en él, con intenciones asesinas, sin duda, ¿no le recuerdan a otros, familiares, tal vez vistos en su espejo?
-Déjeme pensar, déjeme pensar... No, para nada. Es la primera vez que los veo.
-¡Tendrá poca vergüenza o ninguna! ¡Muéstreme los suyos, ahora mismo!- Exhortó el felino, sagazmente.

Pero aprovechando una compleja contorsión que realizó, para estirar su columna vertebral, ¡zas!, el ratoncito se escabulló entre sus patas y se coló de nuevo en la ratonera.

-¡Ya me la ha vuelto a dar con queso, maldita sea! Es tremendo este Jonás “delincuente habitual”. Mucho peor todavía que el Ratoncito Pérez;al menos éste a cambio deja alguna moneda pero entre el uno y el otro me tienen aterrorizado al barrio entero, con sus innumerables hurtos nocturnos. No sé qué voy a hacer con ellos. Iré a tomar mi ración de comida diaria con un poquito de agua, mientras lo pienso. Y no se le tragará una ballena, no, al tal Jonás… Grrrr.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


SE BUSCA. Jonás, delincuente habitual.
(Ilustración mal hecha, por estas gafitas que Dios me ha dado)