Ni máscaras
ni validación externa.
No es importante ser
importante para el mundo,
mientras seas importante
para Dios
y para ti.
Lo que somos no se busca
fuera.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
Ni máscaras
ni validación externa.
No es importante ser
importante para el mundo,
mientras seas importante
para Dios
y para ti.
Lo que somos no se busca
fuera.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
No sé exactamente qué sucedió entre ellos, pero hubo discusión y no sé si faltas de respeto, supongo que también.
El caso es que unos días después él la llamó y le dijo:
—Persóname, cariño, por favor te lo pido.
—Lo siento, mi amor, pero no soy capaz de personarte. Persónate tú, si puedes—le respondió ella con contundencia.
Y él se personó y aclararon el malentendido y resolvieron sus diferencias.
Final feliz
Música de violines y trompetas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
☆Tener la capacidad de arrepentimiento, pedir perdón y otorgarlo es quizás de los mayores privilegios que poseemos las personas sobre los animales; por eso he hecho este juego de palabras entre perdonar y personar. Porque cuando uno perdona o es perdonado se siente más persona.
Poder liberarte y liberar a otro de una culpa, mediante la palabra y la empatía, es una facultad impresionante que solamente la especie humana posee.
Mis Gafitas 😎 lo ven así de claro. ¿Y tú qué opinas al respecto? Te leo en comentarios.👇
Valores como la integridad, la lealtad y la honestidad son un regalo que una persona se hace a sí misma, y que no precisan agradecimiento ni siquiera ser reconocidos por los demás.
Sencillamente, hay personas que deciden caminar su vida con la claridad de una conciencia despierta, independientemente de las acciones y reacciones ajenas.
Felicito a las personas que poseen y mantienen con consistencia a lo largo de su vida estos maravillosos valores pues, a mi modo de ver (a través de mis gafitas 😎), son los que las hacen tremendamente valiosas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Quiero expresar mi absoluta gratitud y admiración a los bomberos de esta, nuestra, comunidad, y a todos los que se han incorporado de otras comunidades e incluso de algunos países europeos para extinguir el mayor incendio de la historia de España. Así como la tristeza que me produce que miles de personas hayan tenido que abandonar sus hogares y estén viviendo una gran desolación e incertidumbre.
También, cómo no, a los equipos de emergencia, que siempre están presentes para atender a los afectados por la humareda y las cenizas y a los que puedan sufrir ataques de ansiedad.
Desde aquí, un abrazo cariñoso a todos ellos, con el deseo de que pronto se consiga la extinción absoluta de este fuego y que produzca el menor daño posible.
Ángeles Córdoba Tordesillas
La envidia no es más que una forma de admiración que nadie quiere reconocer, y mucho menos ante la persona envidiada.
En el fondo, nace de una desconexión con nuestros propios talentos. Al no explorar ni valorar nuestra propia unicidad y lo que nos hace originales, caemos en el error de compararnos con los demás.
Sentir envidia revela esa falta de autoconocimiento y autoestima. Cuando no eres capaz de mirar tu propio reflejo con amor, resulta imposible celebrar el brillo y el logro ajeno.
○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○
No se trata de comparar
ni de compararse.
No se trata de destacarse
ni de destacar.
Se trata de florecer.
Cada uno con sus
propios colores.
Para que podamos compartir
y disfrutar
nuestra diversidad en un mundo
en paz.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
¿Alguna vez te has parado a pensar qué hay realmente detrás de quien te envidia? Te leo en comentarios. 👇
El amor siempre deja su puerta abierta
para que puedas irte si lo deseas.
Si cierra su puerta... no es amor.
Ángeles Córdoba Tordesillas © 2021
¡Mucho calooor!
No sé si te habrá pasado como a mí, y habrás visto por la calle algún mosquito... ¡con abanico!
Aviso importante: La exposición directa al sol y la falta de hidratación pueden provocar ataques incontrolables de humor absurdo y alucinaciones de este tipo. ☀️😎
Ángeles Córdoba Tordesillas
Mi flor preferida
no se marchita nunca
Su dulce aroma me embriaga
Me seduce la sencillez
de sus pétalos blancos
Me conmueven su pureza
y la suavidad de su tacto
Mi flor preferida es....
la ternura.
Ángeles Córdoba Tordesillas
El reloj de arena, Amadeo Prudencio, se fue al Sáhara, a visitar a la familia... por un tiempo.
(Así que ya sabes: ¿Qué hace un reloj de arena en el desierto?.. Visitar a la familia)
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Qué bonitas son
esas relaciones
en las que te sientes
a salvo.
Ángeles Córdoba Tordesillas
—Sara, te invito a tomar una ración de patatas bravas.
—No, gracias.
—¿Cómo dices?
—Que no, que muchas gracias.
—¿Pero qué estoy oyendo asombrada? Quizás no han escuchado bien mis aturdidos oídos... Tú, que adoras las patatas pringosas esas, me rechazas una invitación sincera?
—Tus aturdidos oídos han escuchado perfectamente. Soy yo, en este caso, la que no quiere ni oír hablar nunca más de las dichosas patatas. Las aborrezco, así, en español intenso.
—¿Pero qué está sucediendo en el mundo actual, qué fenómeno sobrenatural está teniendo lugar para que tú tangas esa reacción tan adversa y visceral ante tu plato favorito?; unas inocentes patatas con una salsita tan especial, aunque nunca las he podido soportar?
—Nada, que ya no me encantan.
—¿Y eso por qué? Te lo pregunto porque en las noticias no han dicho nada...
—Sucedió que ayer fui sorprendida por un deseo voraz de devorarlas y, como soy mayor de edad y no tengo que pedir permiso a nadie más que a mi libertad personal, entré en un bar con una gran tentación de las dichosas patatas bravas y, con una enorme autodeterminación, pedí tres raciones, porque para brava yo. Y lo que vino después prefiero no tenértelo que contar, pues no es contenido agradable.
–Comprendo... cuánto lo siento. Entonces te invito a un arroz a la cubana con una limonada.
—Vale.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Qué instrumento tan bello
la flauta.
Un canal que deja pasar
el aliento de vida y,
sin juzgar nada,
lo convierte en melodía.
Siempre quise ser flauta.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
"Pinto, pinto...", un juego de niños que decidía a quién le tocaba la suerte.
Hoy la suerte es mía por tenerte aquí.
Y quiero presentarte esta pintura que también estará encantada de conocerte:
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Sucedió que me presenté sin cita en la Agencia Tributaria con la intención firme de zanjar una gestión familiar antes de que finalizara el plazo oficial.
Nos cobraban casi 200 euros por la realización de dicho trámite, así que le dije uno de mis hermanos: «Ni hablar, de eso nada monada, no pago ese dinero por soltar unos papeles en una oficina de mi propia ciudad. Enviadme toda la documentación requerida, que yo me encargo de ello». Y así lo hicieron.
In extremis, llegando diez minutos antes de que cerraran la delegación, me acerqué a la funcionaria que parecía estar disponible, con el tocho de papeles correspondiente.
Me preguntó si tenía cita; contesté que no y ella me dijo que sin cita no me podían atender. Le expliqué que lo comprendía, pero no sé de qué modo conseguí que me escuchara.
A pesar de sus protestas de que había llegado tarde y estaban a punto de cerrar, la convencí de que aceptara revisar la documentación por si había algo incompleto o que no estuviera en orden, pues debía dejarlo solventado lo antes posible para que no se nos pasara la fecha límite y reconozco que la presioné un poco diciendo que mi familia confiaba en que iba a resolverlo ese mismo día.
Finalmente, entre protesta y protesta, fue supervisando todo.
Cuando vio que estaba correcto y que no faltaba nada, espetando una queja más, me solicitó la cantidad de dinero correspondiente y, por último, me pidió que firmara.
Yo le dije que no tenía bolígrafo y le pregunté si podía dejarme uno, por favor. Esto colmó su paciencia y entonces estalló diciéndome: «¡Maravilloso, maravilloso! ¡Además de presentarse tarde,viene sin bolígrafo!».
De inmediato se acercó un compañero suyo para preguntarle qué pasaba dada su alteración, y ella repitió: «¡Que viene tarde y sin bolígrafo!».
Su compañero, con perplejidad, mientras me observaba minuciosamente, se llevó la mano semicerrada a la boca, como intentando dilucidar qué tipo de espécimen ciudadano era yo. Ignoro si llegó a descubrirlo, porque no pronunció palabra alguna después de la pregunta que realizó.
Y, sintiéndome casi en evidencia y un tanto avergonzada, reconocí mi error pidiéndoles disculpas y corroborando: «Sí, esa soy yo: tarde y sin bolígrafo».
Me prestó uno a regañadientes y, con cierto sentimiento de culpa, estampé mi firma y me despedí, mostrándome muy agradecida con una funcionaria a la que había hecho trabajar hasta el último segundo de su jornada laboral.
Aun así, me pareció un rotundo triunfo y salí por la puerta de la oficina sintiéndome poco menos que Cleopatra, por haber logrado semejante hazaña.
Regresé a casa caminando para disfrutar de ese día de victoria, personal e institucional, como era debido.
Lo cierto es que la buena mujer tenía razón: no es manera de presentarse en un organismo oficial esperando que te atiendan sin cita en los últimos diez minutos y, para colmo, sin el instrumento fundamental para firmar.
Mi falta de pragmatismo es alarmante; generalmente no llevo nada que resulte útil, solamente llevo lo necesario.
Esta etiqueta, de todas las que me han pretendido adjudicar a lo largo de mi vida, es la que mejor retrata mi inconsciente identidad. Sí, sin duda esa soy yo: «tarde y sin bolígrafo». Una perfecta desconocida lo clavó.
Ángeles Córdoba Tordesillas
Al final
no me ha roto el corazón,
solo me lo ha rompido.
Y todos sabemos que
un corazón rompido
no es lo mismo
que un corazón roto.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Esta tarde floto absurda en el ambiente
como
el humo de una antigua tasca.
He aprendido a conversar con el silencio
dentro de esta habitación del olvido
impertinente.
Allá la sociedad queda sola, inerte,
por mi miedo desescoltada..
No soy la rara
y
si lo soy no me importa
o
cada vez me importa menos...
aunque digan que menos
es más.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
"La que manda en mi corazón
soy yo".
Afirmaba.
Qué gran error...
siendo siempre mi corazón
el que se impone sobre mí.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
M
He visto
calles llenas de personas y
personas llenas de calles.
Estas últimas me resultan
mucho más interesantes.
¿Cuántas calles tienes?
¿Cuántas avenidas,
cuántas plazas?
¿Tienes algún parque
donde sentarme
a observarte y escucharte?
Déjame recorrer
todas tus calles.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©