Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

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9 jul 2026

TARDE Y SIN BOLÍGRAFO

​Sucedió que me presenté sin cita en la Agencia Tributaria con la intención firme de zanjar una gestión familiar antes de que finalizara el plazo oficial. 

Nos cobraban casi 200 euros por la realización de dicho trámite, así que le dije uno de mis hermanos: «Ni hablar, de eso nada monada, no pago ese dinero por soltar unos papeles en una oficina de mi propia ciudad. Enviadme toda la documentación requerida, que yo me encargo de ello». Y así lo hicieron.

​In extremis, llegando diez minutos antes de que cerraran la delegación, me acerqué a la funcionaria que parecía estar disponible, con el tocho de papeles correspondiente. 

Me preguntó si tenía cita; contesté que no y ella me dijo que sin cita no me podían atender. Le expliqué que lo comprendía, pero no sé de qué modo conseguí que me escuchara. 

A pesar de sus protestas de que había llegado tarde y estaban a punto de cerrar, la convencí de que aceptara revisar la documentación por si había algo incompleto o que no estuviera en orden, pues debía dejarlo solventado lo antes posible para que no se nos pasara la fecha límite y reconozco que la presioné un poco diciendo que mi familia confiaba en que iba a resolverlo ese mismo día.

​Finalmente, entre protesta y protesta, fue supervisando todo. 

Cuando vio que estaba correcto y que no faltaba nada, espetando una queja más, me solicitó la cantidad de dinero correspondiente y, por último, me pidió que firmara. 

Yo le dije que no tenía bolígrafo y le pregunté si podía dejarme uno, por favor. Esto colmó su paciencia y entonces estalló diciéndome: «¡Maravilloso, maravilloso! ¡Además de presentarse tarde,viene sin bolígrafo!».

​De inmediato se acercó un compañero suyo para preguntarle qué pasaba dada su alteración, y ella repitió: «¡Que viene tarde y sin bolígrafo!».

Su compañero, con perplejidad, mientras me observaba minuciosamente, se llevó la mano semicerrada a la boca, como intentando dilucidar qué tipo de espécimen ciudadano era yo. Ignoro si llegó a descubrirlo, porque no pronunció palabra alguna después de la pregunta que realizó. 

Y, sintiéndome casi en evidencia y un tanto avergonzada, reconocí mi error pidiéndoles disculpas y corroborando: «Sí, esa soy yo: tarde y sin bolígrafo».

​Me prestó uno a regañadientes y, con cierto sentimiento de culpa, estampé mi firma y me despedí, mostrándome muy agradecida con una funcionaria a la que había hecho trabajar hasta el último segundo de su jornada laboral. 

Aun así, me pareció un rotundo triunfo y salí por la puerta de la oficina sintiéndome poco menos que Cleopatra, por haber logrado semejante hazaña. 

Regresé a casa caminando para disfrutar de ese día de victoria, personal e institucional, como era debido.

​Lo cierto es que la buena mujer tenía razón: no es manera de presentarse en un organismo oficial esperando que te atiendan sin cita en los últimos diez minutos y, para colmo, sin el instrumento fundamental para firmar. 

Mi falta de pragmatismo es alarmante; generalmente no llevo nada que resulte útil, solamente llevo lo necesario.

​Esta etiqueta, de todas las que me han pretendido adjudicar a lo largo de mi vida, es la que mejor retrata mi inconsciente identidad. Sí, sin duda esa soy yo: «tarde y sin bolígrafo». Una perfecta desconocida lo clavó.


Ángeles Córdoba Tordesillas


Un sencillo y gran bolígrafo que me proporcionó 
una felicidad inusitada.


10 dic 2017

SEGISMUNDO Y ELOY

Recibió el regalo de un elefante inquieto fuera del paquete, porque no había quién lo envasara. Por un lado la caja y por otro lado Eloy, que así se llamaba.

Era elefante elegante, más bien elefantito, pues era chiquito, de mirada divertida y radiante, con una gracia natural inconmensurable y sus colmillos más blancos, nacarados y brillantes que la luz de la luna de Buenos Aires.

De la alegría que tuvo al verlo y la emoción, Segimundo, dio un salto tan grande que se quedó enganchado a la lámpara del techo del salón que era de ésas feas, de araña, completamente pasada de moda.

Menos mal que desde el primer momento esa magnífica mascota apreció a su nuevo compañero y enseguida remedió  la situación, rescatándolo de aquél cepo inesperado.

Esto le robó el corazón a Segis; así le llamaré para abreviar, evitándole que se quedara para siempre a vivir, no en un sueño, sino en una pesadilla vil; peor que un anuncio de telefonía móvil… que ya es decir.

Luego ya vinieron las presentaciones, los abrazos y agradecimientos mutuos.

Segis heredó una finca con terreno extenso para el regocijo del paquidermo y éste aprendió a jugar al golf con él. Viajaron por medio mundo y Segimundo practicó el arte de darle a la lengua en idiomas diversos, en verso, que siempre lo había deseado pero nunca tuvo la oportunidad.

Ambos se acostumbraron a la vida animal, como está mandado; ya que animales eran y mamíferos, y la situación lo requería, y en una burbuja transcurrieron sus vidas y su amistad, en la que no permitieron que entrara nadie más. Al menos con fines disruptivos.

El pequeño elefante era amante del cocido madrileño y dos días por semana era el menú que Seguis le preparaba con todo el cariño del mundo. Agradecido por ello, después, con su trompa feliz, el cuadrúpedo, le duchaba a presión, con agua de colores, como si eso fuera la fiesta de Holi, sin necesitar viajar a La India.

Estos dos seres aprendieron a respetarse y quererse como es debido. Le sacaron partido a la risa y no hicieron nunca daño a nadie. Apreciaban de verdad, de forma inigualable, y celebraban, aliento a aliento, el haberse conocido.

Cuando Segis se marchó de este mundo, alguien descubrió la nota, que se había colado bajo su sofá,  que iba acompañando al regalo que aquél día le trajo la vida, a través de una mensajería de transporte urgente, y decía así:

Querido tú:

Ahí va este presente de elefante elegante. Como puedes leer en el cartelito, que cuelga de su hermoso y robusto cuello, se llama Eloy para que te recuerde, día a día, que “el hoy”, es lo único que realmente tienes. Espero que lo cuides como debes y que seas feliz a su lado y así también lo será él.

Al día siguiente de la muerte de Segis, Eloy ya no respiraba. Al final de aquella noche que lo veló, quedó también dormido, tan dulcemente como un niño, a los pies de su cama y para siempre.

Todos pensaron que murió de amor, pues su gigante corazón no pudo seguir latiendo sin ese amigo inigualable que le recibió desde el primer momento, con el alma y los brazos abiertos, después de que él, recién llegado, le librara de aquella espantosa lámpara del salón.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


9 nov 2017

LOS GENIOS TAMBIÉN VIAJAN EN BUS

No le gustaba el diseño interior de los autobuses que circulaban dentro de la capital donde residía, por su incomodidad, fundamentalmente. En un trayecto largo y en hora punta, mientras viajaba en uno de ellos, hasta arriba de pasajeros, por afición artesanal y para aprovechar el tiempo, llevando encima siempre el aparejo preciso, comenzó a desmontar todos los barrotes, los asientos, y resto de la estructura, completamente y con esmero.

-Echaos a un lado -pedía a la gente- que enseguida termino y dejo esto la mar de bonito.

Las personas se apretujaron, unas contra otras, más allá de lo acostumbrado a diario, porque Tiziano- que así se llamaba el espontáneo-les inspiraba cierta confianza.

Algunos se resistían al cambio-pero pocos- y murmuraban “¿pero qué está haciendo este tío loco?”.

-De loco nada, señores, soy un artista urbano con criterio y buen gusto y, a partir de ahora, vamos a viajar todos mucho más a gusto. Y tened en cuenta que estoy currando gratis para vosotros.

“Perdón” se disculpó la mayoría que había dudado del individuo en su sano juicio o eso parecía.

-Cuando veáis el resultado opináis u os apeáis, al gusto. -Terminó de decir.

El resultado fue espectacular. El vehículo quedó transformado, por arte de birlibirloque, en un fórmula uno pero colectivo y público. Es decir espacioso y cómodo por dentro, como el salón de una casa, a la par que veloz cual rayo de tormenta veraniega.

Como homenaje de "agradecimiento" al trabajo realizado y no remunerado, la empresa de transporte le ha hecho un monumento en la Plaza del frenopático; allí donde pidieron que ingresaran de urgencia a Tiziano, a las afueras de la capital, hasta donde no llegaban buses de esos, por si acaso.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

4 mar 2017

EL TIEMPO EN PERSONA Y ENAMORADO

Fue Cronos, llamado también la chispa de la vida o el dios del tiempo, fugaz, a buscar a Penélope, la esposa de un tal Ulises que quedó esperando a que el menda apareciese antes de llegar a anciana.

Como era algo “rata” y no le gustaba ni regalar un segundo chiquito, sin perder un ídem, le puso la miel en los labios a la mujer fiel, diciéndole que pasaría con ella el resto de su vida, si se olvidaba de aquél señor de barba, que se había largado para combatir en cierta guerra. Que sería muy feliz con él y tendrían hijos inteligentes, cuales dispositivos electrónicos.

-Los genes que tengo son de calidad inmejorable -le dijo-  ni destiñen ni encogen… y Saturno, oportuno abuelo, se portará con ellos como un verdadero maestro. Y así usted no vivirá sola que también se merece que la quieran.
-Señor, mire usted, soy una enamorada de mi marido, aunque sé que me ha salido concienciado por la patria, y demás, de una forma exagerada… e imagino que cuando no sea por Troya, será por “troyo” pero no puedo olvidarlo… y aunque nunca vuelva, nada conseguirá que le deje de amar, una vez amado…
-Bien, me ha quedado meridiano que es usted mujer leal y de una pieza. Me alejaré despacio, porque me rozan los zapatos. Me queda todo el tiempo del mundo; dado que soy su dueño y señor y lo manejo a mi antojo, e iré a llorar mi pena a otro lugar donde no llueva. Me gustaba el color raro de sus ojos y esas lagrimitas que le he estado viendo brotar, en estos últimos años que llevo observándola, brillantes como diamantes… Disculpe la molestia y siga usted esperando a ese afortunado lejano… Buenas tardes, noches... dependiendo de la hora a la que el lector nos lea.

(Y a partir de ese día, Penélope comenzó a envejecer)

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Penélope-Joan Manuel Serrat

14 ene 2017

PARADIGMA EVENTUAL

Era soltera y con compromisos.

Buena amante para días festivos y de invierno. Todos querían pedirle en matrimonio a la antigua usanza, de rodillas incluso, con anillo a lo película americana. Ella consternada siempre decía “no”, porque prefería mantener a flote sus idilios, y en fila india, sin terminar de rematar por la vía marital.

Nieves no era mujer complicada. Tenía empresa propia y fábrica de relleno de edredones a base de besos. Ya con sucursal en Italia y en Holanda. Mucha demanda en los últimos tiempos; había logrado poner su negocio en lo más alto del panorama internacional.

No tuvo más remedio que abrir franquicias por toda la provincia de Toledo e incluso por la de Teruel, que también empieza por “t” pero termina por ele, ¡hele!.

Y es que tantos los toledanos como los turolenses tienen fama de estar muy necesitados de cariño, sobre todo por las noches, desconozco la razón social de este hecho comercial.

Nieves, más rica que el dueño de mil gallinas ponedoras de huevos de oro macizo, se decidió a viajar a Marte, en globo sonda o gástrico, no lo recuerdo bien, para extender su imperio monetario. Llevó unas cuantas muestras dentro de diez almohadas de IKEA, de ésas que salen baratas.

A los marcianos les pareció buena idea este invento. Todos querían probarlo al mismo tiempo, para comprobar por sí mismos el buen resultado. Pero debido a la escasa cantidad con la que había viajado Nieves, tuvieron que echarlo a suertes.

Uno dijo: “Pues mola mucho este achucho que te despierta con la cara llena de babas pero muy a gusto y el corazón rebosante de cariño, te hace sentir tan feliz como un niño.”

Tras comentarios parecidos de buenas impresiones vividas por sus paisanos extraterrestres, -con sus “me gusta” correspondientes- todos quedaron convencidos de que el producto sería un éxito y le hicieron un encargo multimillonario.

¿Quién iba a decirle a Nieves que, después de viajar a otro planeta, iba a desear quedarse libre, como un pájaro argentino, para dejar un lugar al que habría de ser su marido, y dedicarse en cuerpo y alma a un menda leyenda, con ojos de búho y cabeza verde?

Pero, ya veis, el amor gasta este tipo de bromas sin ser gracioso ni haber nacido para la comedia universal.

Hoy por hoy, Nieves, espera hijo de Hulferundio Zd (con h muda), lo llamarán Hulferundio Zd jr (con h muda, también). Con lo fácil que hubiera sido pronunciar el resto de su vida, por ejemplo, Paco o José, pero claro… estas cosas del corazón se pueden complicar un montón, si uno está más atento al negocio que al flechazo inconsciente. Inconsciente Nieves…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

                        
              Hulferundio Zd
 
Los otros, después de probar las almohadas, con el relleno de besos.

12 dic 2016

NO IBAN EN AUTO, IBAN EN PRIMERA CLASE

—Por favor, todo el mundo a su sitio-dijo la que llevaba la voz cantante.

La autoimportancia, se sentó tres lugares por delante de la autoestima:
—Yo no me siento cerca de ésa. Cuanto más lejos estemos, mejor. No quiero que se me pegue su expresión de “todo está bien cómo está” y su buen conformar.

La autoestima que la escuchó, pues era imposible no hacerlo, ya que hablaba a voz en grito, exclamó:

—Apriétate bien el cinturón, por si tú misma te haces caer. Puede que estés muy confiada y no encuentres a nadie esperándote para que te sostenga después.

El autoengaño, echando para atrás el respaldo de su asiento, sonrió sarcástico, a su lado, pensando que la cosa no iba con él pero todo estaba por ver. Mientras, la autocomplacencia, desde aquello que no era un tren, contemplaba con qué placidez un precioso gato disfrutaba del soleado día, en el alféizar de una ventana.

—¡Oh qué maravilloso espectáculo!-—exclamó.
—¡A ver!—dijeron todos a una, incorporándose en sus asientos.

Y después de la primera clase, vinieron muchas más, en fila india y con ganas de enseñar a todo “auto” dispuesto a aprender algo.

(Clases los días lectivos, consultar horarios y honorarios)

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado. 

8 dic 2016

TOCATA Y FUGA NOCTURNA

Una coliflor cocida, y en su cazuela, se estremecía de frío en la nevera. Y se lamentaba en voz alta:
—¡¿Para eso me han arrancado... para darme esta vida de pena?!

Un huevo que la escuchó, se compadeció de ella, pensando en que ni sospechaba el final que le esperaba…

 —Nena—le susurró—nos vamos a escapar los dos por peteneras. Yo también amo la libertad y estoy dispuesto por conseguirla a lo que sea. Ahora ya tengo doble motivo para ello… pues tu figura bella me hechizó desde el primer momento que puse sobre ti mis ojos de huevo fresco.
—¿Quién me habla, pardiez?... —preguntó ella.
—Soy tu vecino, el huevo duro… que nos vamos a fugar juntos con un plan, en cuanto lo tenga maduro.
—Pareces intrépido, eres joven y apuesto. No sé qué más quiero… Si logras salvarme de este encierro, serás para mí, como poco, el héroe de mis sueños.
—Mañana, a última hora, cuando abran el frigorífico, estate preparada, amor mío, que te libro de este cautiverio para siempre. Verás que es cierto lo que te digo.
—De emoción llorar deseo… pero me esperaré a la próxima madrugada, por si no es verdad luego, que ya en muchas ocasiones, otros, me han dado palabras que, a última hora, no cumplieron, y por no dejar a la lechuga como una sopa de verdura…
—Tranquila, reina mora, que la felicidad nos espera, al otro lado de la nevera.
—A ver, a ver… muy calmada no estoy, más bien inquieta, por la impaciencia.
—Bueno, ya tengo preparado el itinerario… serénate, mi vida, todo saldrá bien.
—Qué seguro te veo...y zalamero. Esperaremos, confiando en que ese plan que has trazado, en un abrir y cerrar de refrigerador, la felicidad nos traiga a ambos.

A las doce de la noche, hora bruja fría, alguien de par en par dejó abierto, en aquella casa de barrio fino finolis, dicho electrodoméstico, mientras sacaba una botella de leche de vaca sin lactosa para ir a dormir con algo calentito en el estómago.

—Sube a bordo de mi nave, cariño, que nos vamos a la libertad y sin destino concreto.

Y allá partieron, con todo su entusiasmo, rumbo a la eternidad de algún punto limpio, sin saberlo, sobre un cartón de tetra brik vacío, de zumo de manzana y uva, dos alimentos perecederos. El resto del grupo daba saltos de alegría por haberles perdido de vista, y de olfato  dijeron… “¡Ay, de la que nos hemos librado, esos dos olían peor que un par de mofetillas!”…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


1 sept 2016

LA QUE ARMÓ PORQUE NO ERA LA PALOMA DE LA PAZ

Una alondra, en la hora de la merienda, sobrevolaba risueña un Mercadillo de barrio. Alguien compraba membrillo, mientras otro calzoncillos al peso, en ese preciso momento.

El ave, de forma simpática y espontánea, como era ella, soltó dos de sus caquitas, con todo su cariño, sobre las compras que he dicho. Los compradores se pusieron furiosos por el engranaje de excremento.

-¡Buenas tardes, se dice, al menos, al pasear por los cielos! Maleducada y un poco atrevida, por no decir guarra, señora urraca.
-No soy urraca, que soy alondra y tengo parcela comprada en poesía moderna.
-Eso, dátelas de bohemia… ¡Pero la cagada la hemos de limpiar nosotros!
-Yo el membrillo, ya no lo compro. No soy idiota. -Dijo la señora viuda por parte de marido, y golosa, muy molesta.
-Bueno, eso siempre y cuando el vendedor acepte el dulce una vez pagado. Lo tiene crudo… el membrillo digo. -Expuso de forma contundente el que tenía intención de adquirir ropa interior.
-Crudo o como sea, no me voy del mercadillo sin mis euros en el bolsillo. Yo no tengo culpa de que un pájaro consentido haya echado encima sus caguetitas en este mismo momento. –Insistió la señora educada y de buena familia.
-Su hora sería, de dar rienda suelta al vientre pajaril.-Añadió el otro damnificado.
-Por favor, no justifique esa conducta que no merece disculpa alguna.-Atajó la susodicha.
-Pues señora, lo comprenda usted o no, nosotros no podemos devolverle el vil metal, por una alondra que ni nos va ni nos viene y que puede que ni sea alondra.-Comentó de forma vehemente, negándose a soltar la pasta de vuelta, el tendero del puesto de postres.
-Vaya… buena tarde me ha dado el dichoso pajarraco y bla, bla, bla.-Seguía lamentándose la dama indignada.
-¿Y yo qué? Sin estrenar la ropa interior y ya la tengo como usada, para tres veces lavarla antes de ponérmela. –Protestó el caballero sin calzones puestos.

La alondra se reía, a carcajadas, lejos, pues ya hacía tres siglos que había emprendido el vuelo, y los otros seguían discutiendo. Moraleja: Que cada uno encuentre la suya. Yo aquí lo dejo. La alondra me espera.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Alondra feliz, importándole todo un rábano y medio. 

27 jul 2016

CARIDAD SIN DRAMAS

Iba Caridad por la calle, pensando en Sófocles, cuando de repente un auto de color naranja, de frente, la embistió. Ella que era obsesivo compulsiva y se planchaba hasta los tejanos con raya, se encontró en el suelo hecha un ovillo, con los pantalones manchados como para tirarlos. Es decir, un horror.

Alguien que vio el atropello en vivo y en directo, se acercó y la ayudó a levantarse. "Lo principal es que usted parece estar bien, señorita… pero no obstante llamaré a una ambulancia por si le hiciera falta que le dieran un repaso los Rayos X". Y mientras, ella se lamentaba por el deplorable estado de su atuendo.

En urgencias, tras esperar un rato a que le atendieran, un médico, mantuvo conversación ligera con ella: “Ya veo que no ha comenzado bien el día”, le dijo, haciéndose el graciosillo, pues era seguidor de El club de la comedia… “Pues no, más que nada porque lo he conocido a usted”.

Así comenzó el romance entre ellos. Un flechazo inesperado. Él, sin embargo, más amante de Eurípides, como llamaba a su propio gato, que de Sófocles. Pero con el tiempo, lograron conciliar posturas y no hubo más de tres discusiones diarias por el tema dramaturgos griegos.

El gato no quería meterse en líos y se llevaba con los dos bien; otorgaba porque callaba. Era listo y reservado y entendía perfectamente el significado del nombre de ella.

Caridad curó sus heridas físicas y emocionales pues el galeno le sometió a altas temperaturas de cariño. Además de enseñarle a jugar a los médicos como es debido.

Hoy, él lleva con mucha más alegría las guardias y ella se ha hecho monitora de Pilates, como todo hijo de vecino, y compagina sus clases con terapia cognitivo conductual para sus ritos compulsivos.

Qué bonito es el amor, cuando va de cara y cuesta arriba.

Por cierto… ¿los personajes habrán sido manejados por el destino o por el autor?

Firmado: Esquilo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Instantánea tomada por sorpresa a Eurípides. 

19 jul 2016

SOY EL TORNILLO SUELTO QUE PERDIÓ DRÁCULA

Drácula, en sus principios, no era vampiro y ni siquiera conde. Era director de orquesta de pueblo y, en sus ratos libre, profesor de autoescuela.

Lo que sucedió es que Hacienda le acribilló a impuestos, porque tenía un patrimonio sustancioso, y no lo pudo soportar.

Entre eso y que se enamoró de la Betty Boop, con sus veleidades, pues el hombre, normal, pasaba hambre de pasión carnal. Aunque cáustico con sus alumnos y compañeros, tenía también su corazoncito bombeando sangre... fría.

El caso es que, una noche de un caluroso verano, le dio por salir demasiado tapado a hacer footing. Se desplomó del sofoco por el esfuerzo realizado, pues no estaba acostumbrado, y por el estrés que llevaba arrastrando desde hacía tiempo, en el duro suelo de cemento, sobre tres hormigas trabajadoras nocturnas, las pobres, que hacían horas extras.

Ya veis, un mal menor que posiblemente se hubiera podido controlar con algo de medicación o unos cuantos Lacasitos; que no necesitan receta, terminó causándole un contratiempo por toda la eternidad. ¡Qué cruz!... (Ay perdón, se me ha escapado dicha expresión. No es muy respetuosa, viniendo de donde vengo, lo sé).

Total que se descuajeringó y, completamente desarmado, yo volé por los aires hasta la entrada de la bonita mansión de Bertín Osborne, en donde resido actualmente y desde cuya preciosa piscina, escribo esta historia autobricolájica.

Por cierto, disculpádme, es la hora del aperitivo. No tengo más remedió que dejaros.

Para terminar diré que a partir de aquél momento, terrible para él, a Drácula le da por morder cuellos. A mí, sin embargo, me va muy bien. Aquí me siento como en casa, en este balancín de jardín que me han colocado y cerca de una tuerca moderna que me tiene bebiendo los vientos. Tengo unas ganas de enroscármela que no os cuento…

¡Oye, un poco de respeto! ¡Será con mi consentimiento!

¡Ah, ¿estabas ahí, monada?!... ¡Por supuesto!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


9 abr 2016

A URGENCIAS POR UN FELINO

Víctima de un arrebato de ira de su gato Gregorito, -"Arañazos" para los amigos- por haberle retirado de su sitio el cajón, tuvo que entrar ella por urgencias al “Gregorio Me Arañó”.

—Solo son rasguños -Le dijeron los médicos, a sabiendas de que —lo que tenía era más que eso, pero por no causarle mayor preocupación...
—Doctores, ¡miau! No me vengan con trolas que me sé este cuento por el final. Mi gato me ha arañado en profundidad, pues él sólo sabe hacer las cosas bien hechas. Y si me dicen lo contrario, probablemente, me ofenda.
—Pues la dejaremos en la UVI por lo que pueda pasar. Tiene desgarro pelado en la piel y pelo de gato pegado a dicho curtido.
—Bien. Eso es otra cosa. Estoy preparada para la eutanasia cuando quieran.
—De eso nada. Aquí se cura a la gente, y esas heridas  nosotros se las sacamos adelante; hasta que su gato enervado vuelva a abrirlas u otras nuevas, para que pueda ir pronto con él a celebrar su recuperación milagrosa, sin milagro pero con apósitos, antibióticos, etc. De etc. va haber que ponerle bastante… que lo sepa.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


He aquí a "Arañazos", inculpado en un delito "arañil". No se dejen engañar por esa cara de inocente. 

5 feb 2016

ADELANTAMIENTO POR LA DERECHA

En el primer viernes de febrero, por hacer caso del GPS y del retrovisor, Adelino fue a parar con su coche al borde de un abismo gigante. Retrocedió como pudo, intentando sortear los charcos, tras la lluvia, a ver a quién le tocaba alguno.

-¡Sopla, un coche de la policía! que no me digan que sople, aunque no esté beodo, porque me pongo nervioso y me entra la rusa floja, sin ruleta.
-¡Señor, a ver si mira por dónde gira que casi me lleva por delante!-Protestó, recién pescada, la sirena de la policía.
-Yo voy donde me dice mi GPS. El que manda, manda.
-¿Y si le regalamos una máquina de hacer helados?-Preguntó con delicadeza, por ser de corazón tierno, uno de los dos policías que iban patrullando, supongamos que el bueno.
-Pues lo que diga ella, entonces. Más valgo por lo que callo y el dulce me pierde, casi tanto como el navegador artístico internamente, por lo creativo lo digo. Total, me disponía a irme de fin de semana.
-No habrá multa absurda, por esta vez. No ha salpicado con uno de esos charcos a nadie más que a nosotros porque estamos en Londres, y en los años cincuenta, que no hay problemas de tráfico porque circulamos cuatro. Bájese del auto y tome con las dos manos el cacharro, obsequio de la casa, que fabrica helados a mansalva y hasta de soja y pistacho. Esto le mantendrá entretenido y lejos del volante asesino. Ahora nos suponemos que el retrovisor tendrá algo qué decir al respecto.
-Nunca, sin mi abogado delante. –Sentenció el aludido.
-Acójanse, ambos, a la quinta enmienda y no insistiremos por este año. Aunque resistirse a la autoridad está feo y va a durar un segundo y medio. Verá-Y dicho y hecho, tirón y lanzamiento por los aires del espejo respondón.
-Bien, pues yo era feliz mirando al pasado. No hacia daño a nadie, creo. Y ahora que ustedes me han arrancado el retrovisor de cuajo, por guardar silencio, el motor se ha parado. – Adujo el conductor tomándose ya un heladito, tan ricamente. -Supuse que tardaría más en fabricar helados que en aprender a conducir, pero lo he hecho tan rápido que me ha fascinado, la verdad.
-Va todo muy deprisa en los relatos. Ya ve cómo hemos pasado por delante de usted y del 2016 a los años 50 y vuelta.
-¿Ahora estamos, otra vez en el 2016?-Preguntó con asombro el interceptado.
-Así es. Y vemos que ha empezado con astucia el año…
-Ni me he enterado ¿Y seguimos en Londres o en España?
-En España y cambiando de lado para conducir. Hágase a la idea de que ahora el adelantamiento tendría que hacerse por la izquierda.
-Comprendo. Cuánto estoy aprendiendo desde que no miro hacia atrás y he aprendido a escuchar.
-Tome, 30 euros y vuélvase para su casa en taxi pagado de profesional. Pero antes termínese el helado, señor, que nos está poniendo perdido el asfalto y para no manchar la tapicería del coche, que los taxistas también tienen corazón, por mucho que digan...  
-Un momento, ¿aquí quién es el bueno? Preguntó el helado de pistacho, casi derretido, ofendido e intrigado.
-Yo, dijo el GPS.
-¡Gracias a Dios, nadie ha salido dañado salvo el retrovisor! Me encantan los relatos que terminan bien como “también”. -Agregó el helado antes de expirar.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


5 ene 2016

INQUIETUD Y LOS TRES DE ORIENTE

Allá va Inquietud, andando por la casa en zapatillas planas. Está a partir un piñón con el Sosiego. A ver cuánto les dura. Poco y menos, seguramente, por el carácter de ella que no es fácil de llevar, en especial los días de fiesta.

Ella más siesa que una polilla extremeña y él, con cara de “me debes una, por lo menos, pero ahora déjame que me echo una siestecita, no me molestes a no ser en caso de incendio”.

Pues estando así el panorama y con el árbol de Navidad por medio, tres mequetrefes, disfrazados de optimismo, entran por la puerta de atrás de la casa, a complicar las cosas, con la excusa de que traen un paquete, cada uno, para la inquieta. Ésta ya comenzando a ponerse nerviosa porque la visita imprevista iba a pisar el suelo recién fregado.

-Yo me llamo Tunante. Y aunque no llevo turbante, soy conquistador de imperios y de mujeres imperiales y, no en vano, te traigo para que se quede contigo el pasado ya desarmado e inofensivo. Vengo por mi cuenta y riesgo, no a través de empresa de transporte y quiero dejar esto. Pero si me das una propinita, me voy mucho más contento.
-Déjalo -Le exhortó Doña Inquietud.- Deja todo lo que quieras y haz mutis por el foro que todavía quedan dos visitantes más y no están invitados a la cena de la próxima Nochebuena. Y de propina no hablemos. No tengo obligación ninguna y cada día me gustan menos.
-Pues aquí estoy yo, feliz y contento y mi nombre es Inverso. Gracias por recibirme, como no me merezco.-dijo, anunciándose a sí mismo, el segundo.-pues me hubiera gustado algo más de agrado.
-Es que si buscabas a Miss Simpatía te has equivocado de hogar ¿Y tú qué me traes, que pueda hacerme una pizca de gracia, la misma que tú no me haces?
-Míralo bien, y sonríe si puedes, tiene sus brillos como la ilusión del presente. Y de éste se trata, precisamente. Trátalo bien y lo que venga, a partir de él, todo bueno será, ya lo verás.
-Te lo agradezco personalmente, porque el Sosiego míralo, ahí está, tirando en el sofá sin inmutarse. Lo mismo le da que vengáis a regalarme o a secuestrarme, en vivo y en directo.
-Muchacha, estoy rezagado por el invierno. Sabes que me gusta tomarme las cosas con calma…-Se justificó el Sosiego, atusándose el bigote.-Y ya que tú estás de pie y para ti son los regalos, pues recíbelos en primera persona del singular y con más interés.
-Y yo soy el tercero y último, espero. Mi presente es mucho mejor que el de ellos. Te traigo de regalo el futuro inminente. Y, por cierto, me llamo Nuncamás.
-¿Es bueno, es malo… es regular?
-¡Mujer, ya lo desenvolverás!

Y así, tal y como vinieron se fueron, los tres que no eran Los mosqueteros, ni Los Comuneros de Castilla ni, por mucho que lo quisieron, los Reyes Magos, pues el oriente del que vinieron está mucho más cercano, lógicamente, que el lejano Oriente.


(El mejor regalo es saber apreciar el presente)


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


17 dic 2015

LA CARTA

Querido primo segundo, por parte de padre:

Por aquí todo bien, a excepción de algún problemilla de poca importancia, nada que deba preocuparos.

He contratado los servicios puntuales de una escribidora, por eso de no saber juntar tres palabras seguidas en el papel, pues ya sabes que lo mío es el oficio de la carpintería. Por esta razón, no podré explayarme a mis anchas, como sería mi deseo, en esta misiva, que será por tanto más sucinta que nunca, ya que la señora que ha venido hoy a realizar este labor, es su primera vez conmigo y tengo poca confianza con ella, tirando a nada, porque a la otra agotada la dejé de tanto escribir -ya sabes cómo me engancha esto de las letras que hasta estoy pensando, muy en serio, comenzar a aprender el gracioso arte de la escritura-.

Mis hijos se crían fuertes y sanos y bla bla bla. Madam Nicolasa, que así se llama la escribidora, dice que se cansa, que todavía no ha almorzado y ya son las tres, así que iré terminando.

Ah y dile a quien proceda, que lo que estoy tomando no es anís, sino una limonada dulce y natural, pues soy abstemio y ando con algo de gastroenteritis -el hábito del tabaco continúa- así que, a pesar de mi semblante, de amodorrado nada. Y a los admiradores de esta maravillosa pintura en la que me encuentro, que me gustaría saber si les asombra, tanto como a mí, la magistral técnica del autor, el color y textura de la madera de estas sillas, sus respaldos, esas tachuelitas (remaches)... con lo difícil que es conseguir esos efectos, cualquiera que tenga algo de experiencia con los pinceles, lo sabrá.

Se despide de ti, con el mismo cariño de siempre, y con su puño y letra -firmar si sé, no vayas a creer... - el que suscribe.

Recuerdos afectuosos al resto de la familia… Y todo esto en francés, porque estamos en La France, de principios del siglo veinte, y no en España. Dos besos bien dados te envío aposta y postalmente,

Postdata:
No te adjunto emoticono feliz, porque todavía no se han inventado.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Jean Béraud. (France  12-1-1849/1936)

27 nov 2015

CON LA ALEGRÍA HEMOS TOPADO

Por un suceso cualquiera, tal día como hoy, entró el Agobio, soltero todavía y mal vestido,  por la puerta de la casa de la Alegría:

-¿Qué me traes ahí, esa cara compungida como ninguna, cuando blanca está más bonita, del color de la luna?
-Es que estoy todo arrebolado y de paso, enojado.
-Dime tus quimeras, carencias o vertientes del alto Ebro, vida mía, no me dejas otro remedio que entenderte... y de forma gratuita.
-¡Qué gran consuelo eres, Alegría!
-Es que me temo que si no lo hago, me vas a dar el día.
-Ven acércate a mi corazón y te susurro mi canción.
-De eso nada, monada, que me contagias la apatía. Haré lo que pueda pero desde aquí mismo, que todavía tengo que preparar el almuerzo. Te echo una sonrisa para que te vayas contento y déjame que siga con mis remiendos… todos los necesitan. Son como mimos pero llenos de colorido extra.
-Pues confiar en ti quería. Es que no veas qué mañana llevo… todos los bosques se vuelven contra mí y se me encogen.
-¡¿Pero qué dices, qué bosques son esos?!… de mala calidad, como poco. A ver si te han tangado donde quiera que los hayas comprado.
-Pues de hayas se trata, precisamente. ¿Qué sabes del tema, exactamente?
-¿Un bosque de hayas?  Pues ve y que te lo cambien por otro de robles, son más elegantes, y mucho más nobles, y no te encogerán ni el corazón. Di que vas de mi parte. No te pondrán pega alguna y si lo hacen, no les paso ni una de aquí en adelante.
-Gracias por tu consejo, Alegría, vaya cómo te esmeras con tus enemigos… me has alegrado el día. Qué afortunados pues, tus amigos, que se llevarán tus mejores consejos envueltos o puestos, o sea la mejor parte de este cuento.
-¡Con Dios, Agobio vecino! a ver si se te soluciona eso y no te veo en un año o en un siglo.

Desde luego… es que no sabe una cómo hacer ya, para seguir la corriente a esto locos de tornillos flojos, sin sistema de conducción eléctrica alternativa ni agua corriente. El caso es que se vaya dando saltos y que me deje con lo mío. Tan feliz que está una y ni asomarse a la puerta puede, sin que le venga alguno con una monserga de aúpa. ¡Vaya, con su bosque de hayas!… Anda, anda, que siempre tenemos una excusa para sentirnos mal. Haya querido la vida que se vaya y no vuelva, aunque sea sin su mala sombra, nunca más.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


La alegría de vivir. Henri Matisse. (Francia 31/12/1869-3/11/1954)

25 nov 2015

MARATÓN TELEVISIVO

Uno, dos, tres, algo para picar, cuatro, cinco, una escapada al servicio, seis, siete... Otilio terminó con un dolor de cabeza terrible, viendo tanto programa seguido de televisión. Era sábado y tenía que hacerlo. Era el ritual acostumbrado para no pensar. Qué maravilloso era estar vivo, pese a todo…
  
Hubo un tiempo en que compartía piso y vida en pareja con Sabrina. Hacían proyectos que nunca habrían de realizar. Pero, aún así, era fantástico tener con quien imaginarlos. Los fines de semana, juntos, eran una delicia. Los echaba de menos pero… intentaba no amargarse la vida por culpa de la decisión precipitada de ella. 

Se dijo a sí mismo que era estupendo ver siempre las cosas de forma positiva. Sí, obviamente era hombre afortunado por pensar de este modo. 

Y al día siguiente, ¡la final del partido de fútbol! Podría pedir una pizza y algunas latas de cerveza. Estupendo, no tendría que fregar un plato… ya no quedaba ninguno limpio de la vajilla completa. Todo era formidable... nunca entendería por qué ella se marchó. Lo que se estaba perdiendo… Otro hombre como él, no lo iba a encontrar fácilmente. 

“Desde luego, a las mujeres no hay quién las comprenda. Ni ellas mismas saben lo que quieren. Y pese a mi probada esterilidad, siempre podríamos adoptar, si se le hubiera encaprichado ser madre; como cuando se le metió entre ceja y ceja matricularse en la universidad para hacer una carrera, así, a sus treinta y tantos, y se lo permití, sin problemas. Abierto, como soy, al diálogo en pareja... En fin, mejor es no seguir dándole vueltas al tema, no me lleva a ninguna parte.

...Y teniendo un futuro profesional asegurado. ¿Quién podría decir eso, en tiempos de crisis? Con un puesto estable, de enterrador. Con las ventajas de trabajar para el Estado. Menudo chollo soy yo… Podía ofrecerle una estabilidad económica, una seguridad; siendo mujer tan insegura para todo, como era ella…  

Cada vez que recuerdo que decía que la trataba como a una perra, solo porque le hacía recoger mi ropa interior con los dientes para echarla a lavar, es que me entra una mala leche impresionante. ¡Nada más era un juego inocente! Nunca entendió mi sentido del humor… y de la noche a la mañana, se larga... Total, porque algunas veces se me fue la mano... 

Que no tenía detalles, decía… y la trataba como a una princesa. Y todo le parecía poco. ¡Si hasta le regalaba coronas de flores estando viva… aún…! ¡¿Qué más quería que hiciera por ella?!”.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


3 nov 2015

MIRADA AUSENTE

Los ojos del tiempo han quedado fijos en la ventana de su alma. Sin edad, descubriendo el mundo, voraz, "moza", decían los jóvenes de viejos años. Partió un día, sin parto ni neonatos, sin hacerla madre todavía, por una guerra inventada, él.

Lloran soledad las horas pasadas, escurren por el cristal de esa ventana... Lluvia inmensa, intensa, tormenta de sentimientos torrenciales. Alas postizas colgadas en las perchas del mañana... y los sueños con ellas.

“¡Ya lo vemos llegar de lejos!, gritaron las voces del asombro.
Vayamos a su encuentro. Salgamos a recibirle, como se merece... “

La voz de la experiencia sugirió en silencio, “¡para!”

Ella no quiso escuchar al dolor golpear más las contraventanas y decidió regresar al lugar en donde reside la calma. Dejó aquella estancia recogida y las persianas bajadas. Un beso olvidó con las prisas, en un rincón de la sala, quizá, sobre cierta fotografía.

Ya no hay tormentas consentidas ni pensamientos con forma de silueta de hombre, en medio de la niebla de los recuerdos, en la dispersa lejanía. Las carencias afectivas pesan en su escaso equipaje.

Nunca volverían esos ojos a mirar tras la ventana. Para no ver pasar el pasado ni la desesperanza.

Celeste sueña, desde entonces, en blanco y negro. Los motivos los desconozco. Pero Celeste no me los cuenta...

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©


Fotografía de su autor. 

30 sept 2015

UNA BRISA MUY MARINA

Brisa marina sólo quería novio o amante, le daba igual, mientras fuera formal, estuviera vacunado contra la vanidad y echao palante. Pero le habían hecho varias pedidas de mano, en el último verano, por lo tradicional, a lo payo, y por el rito gitano y no se había decidido. Eso de liarse la manta a la cabeza y en pleno agosto, como que no….

-No me llames desodorante pero debo abandonarte.-Le dijo al último pretendiente, por “pasarse de la raya” de uno de sus mares.
-Pues por mí, como si te compras una burra y te vas a las ferias de las momias, en Egipto. -Le dio éste por respuesta, ofuscado por el plantón, sin merecerlo ella, en todo su derecho de enviarle a paseo por no querer compromiso con él, ni con un gemelo suyo, en el futuro.
-¿Pero allí se celebran esas fiestas?-Preguntó Brisa, ingenua como niña, sin reparar en que el otro le estaba dando un corte de manga verbal bien dado, enviándole a paseo por lo fino. 
-Ah, qué sé yo… por si se hicieran. Nunca he estado en Egipto. No pasa por ahí mi línea de autobús para ir al trabajo.-Remató el "soplagaitas", como si hubiera sido poco el latigazo metafórico... ahora sarcasmo.

La brisa marina, toda indignada por el trato recibido, finalmente, se lió la manta a la cabeza y se hizo un tocado egipcio de lo más chic y sacó el primer billete en burra de la historia, para estar puntual al comienzo de esas ferias tan africana, o más, que ciertas memorias. Quién sabe si allí, el propio Nilo saliera a recibirla en mangas de camisa…  

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de facebook. 

14 ago 2015

CONSULTA PSIQUIÁTRICA

Últimamente le rondaban por la cabeza ideas raras a voz en grito, como declaraciones juradas o en los puestos de los mercados. Subidas como en un trono, dando órdenes a diestro y siniestro… que haz esto así que ahora de la otra manera… era un volverse turulata a tiempo completo. Le diagnosticaron malos humores tal vez por una cuestión hormonal.

-Seguro doctor… ¿no será algo de psicosis permanente?-Preguntó la madre con inquietud.
-¿En qué universidad cree usted que yo he estudiado medicina?-Respondió en gallego, el doctor, que lo era.
-Perdón, disculpe mi osadía… dígame… ¿Decía?…-Reculó la que parió hace años, a la joven y bella.
-Nada mujer, tranquila, en todo caso, un trastorno múltiple, al cuadrado, de personalidad huraña y desgarro cardíaco por cortocircuito amoroso.-Quiso puntualizar el galeno.
-Vaya… eso suena fatal y parece aún peor de lo que había imaginado… Huy mi niña, cuánto ha de sufrir, como en unas vacaciones largas en un camping costero, en el mes de agosto.
-Mamá, por mí no te preocupes, son pruebas radiantes que nos manda el Señor.
-Ah, bien, si es solamente eso… pues para adelante. Estará probando tu fe, como tú repites asiduamente por las mañanas, y saldrá reforzada por los frentes y los laterales.-Añadió la madre, conformista.
-Claro eso he pensado yo.-Dijo la joven.
-Mire doctor es que la niña es de vocación religiosa pero nunca le hemos dado pábulo a esas inquietudes celestiales. Ya sabrá por dónde voy…
-No. No tengo ni idea. ¿En qué facultad cree usted que me licencié?
-Le explico, ya que tengo aprobada lengua y literatura, que no hemos querido, ni el padre ni yo, que se evadiera del mundo real, incrustando su body terrenal en un convento en lontananza. Que queríamos que nos diera nietos, córcholis, bien guapos y apañados con hoyuelos en las rodillitas y redondeces corporales, para tener a quién dejar la herencia… que es gorda y hermosa, también.
-Entiendo. Pues esas voces, perfectamente, podrían descender directamente de los cielos a través de las nubes tormentosas de su pensamiento. O le pongo una medicación de esas fuertes a rabiar o le dan permiso para que se meta a monja de clausura de una vez por todas. Ustedes verán…

Y se fue al convento a hacer pinkas rellenas de crema y palos de santo. Todo resuelto, no era cosa de medicinas ni de médicos.

¡Menos mal, ya me estaba cansando de escribir por escribir! Ay, por la Virgen santísima… cuando la gente no se quiere entender es que se puede una pasar la vida escribiendo hasta caer rendida y nada, que los personajes no llegan a un simple acuerdo. A Dios gracias, y a mis gafitas, este final ha visto la luz.

Ángel C. T. ©


Instantánea tomada en la consulta psiquiátrica del Dr. Gerundio, por estas gafitas.

29 jul 2015

LA MIGRAÑA DESMEDIDA

Érase una vez, y dos y tres, una migraña de tipo insoportable, clase A, de las caprichosas, de las que se creen mejores que las demás. Una de esas que te mira por encima del hombro porque se suben más que cualquier bebida alcohólica.
-¿Ya estás por aquí tú otra vez, desde bien tempranito con aires epistolares, dando la tabarra bien dada?… ¿Pero quién te has creído que eres, que puedes entrar en mi cabeza, como Pepito por su casa, sin que nadie te invite e incluso de madrugada? A ver si piensas que porque lleves una eñe española, con cierta categoría vas a tener carta blanca para hacer lo que quieras en mi fábrica de ideas…
-Chica, a mí qué me cuentas... que te hagan un trasplante de cabeza.
-¡Mala pécora, nefasta compañía! Como me toque la lotería, ya de paso… te llevo conmigo a Suiza y te ingreso en un banco, de cuenta corriente, para dejarte a plazo fijo y no vuelvo por ti en lo que me quede de vida.
-Eso sería fuga de capital, por lo menos, y estaría muy requetefeo. Además de ser muy cruel, por tu parte.
-Si vas a venir ahora con moralinas, me libro de ti por las buenas o por las malas… Así que más vale que te vayas.
-¿Me estás amenazando?
-Es una advertencia, veraniega, con deseo de que funcione y te destierre para siempre como protagonista principal de mi organismo variable. He dicho.
-Uno de estos días, si continúas sin saber valorarme, me esfumo sin despedirme siquiera… a otra cabeza más agradecida que la tuya y menos chicharrera… que me traes loca con tanto surrealismo y fantasía de ida y vuelta... pero loca, loca del todo.
-Mira… no creas que voy a ir detrás a buscarte. En cuanto quieras puedes marcharte. Eres libre cual pajarito de la naturaleza. Mañana va a cambiar el tiempo, bajarán las temperaturas, han dicho…pues aprovecha. Lo celebraré por todo lo alto… de mi cabeza.

Ángel C. T. ©