Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

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3 ene 2018

SIEMPRE ESTAMOS A TIEMPO DE CAMBIAR

Remigia sacaba sus dientes a pasear, al menos tres veces al día, para que hicieran "sus necesidades". Apodada “La furia iracunda”, por su familia y otros conocidos. Amigos, amigos, no tenía, por razones obvias; a los amigos no nos gusta que nos saquen los dientes, ni nos griten, ni nos falten al respeto de ninguna otra forma.

Lo curioso es que llegada la Navidad, de aquél año que acababa, se dio cuenta de que tal vez su carácter dejaba mucho que desear, porque asustaba y espantaba a los demás. “¿Y si me propongo para el nuevo año, ser más tolerante y sobre todo contar hasta diez, e incluso hasta cien -que además sé- antes de hablar o de actuar?”

Y lo consiguió, ¡vaya si lo consiguió! Porque no se sentía bien consigo misma dando rienda suelta a ese mal carácter. De hecho, ésta era la causa más que el efecto… pero eso aún no lo había descubierto.

Eso sí, tuvo que hacer un sobreesfuerzo y ejercitar a pulso la voluntad. Pero todos, o casi todos, nos fijamos metas personales a principios de año. Algunas no son fáciles pero en muchas ocasiones logramos los objetivos.

Actualmente a Remigia la llaman por su nombre, cosa que le gusta. Y ya va teniendo algún que otro amigo. Como yo, por ejemplo.

Final feliz para comenzar el año. Estoy generosa. J 


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Remigia, un volcán en erupción. 

4 nov 2017

ERRAR ES HUMANO, RECTIFICAR ES DIVINO

-Qué barbaridad, Ya no puede uno ni suicidarse tranquilo.-Exclamó Ramón, ante el estupor de su mejor amigo, que le encontró rodeado de siete víboras extranjeras, en la bañera, con las venas abiertas y totalmente empastillado.
-Así no vamos a ningún lado, Ramón.
-Yo sólo quiero ir al Cielo, Alejandro. Con eso me conformo.
-¡Que te crees tú eso! Si no cuidas tu vida con todo tu amor, al Cielo no entras ni el día en que San Pedro tenga libre, ya lo sabes. Mira, todo se puede solucionar en la vida, menos el desplomar de un ánimo que quiere dejarse caer.
-Ni la crisis de los cuarenta.
-¡¿Qué crisis de los cuarenta ni qué gaitas?! Eso no es nada. Después de la de los cuarenta, llegará la de los cincuenta, la de los sesenta y todas las que vengan detrás. Benditas crisis. Eso significa que vives.
-Pues viéndolo así… ¿Qué hago con las víboras, ahora? Te están mirando con ojos golosos… y han viajado desde Estocolmo…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


25 oct 2017

LA TELÉPATA NATA

Aurelia era una campesina sencilla, vidente por el día, tenía telepatía y encima sabía bailar La Yenka, "izquierda-izquierda, derecha-derecha, adelante-atrás, un-dos-tres".

Su fama llegó hasta tal punto y seguido que en cada lugar, de cada provincia, de cada comunidad autónoma española, hablaban de la telépata y hasta los oídos de la prensa. Todos querían sondearla, para ver si podían averiguar qué tenía en la cabeza, un tal Puigdemont, a través de ella. 

Periodistas de todo el país acudieron a su pequeño pueblo a preguntarle sobre qué pensaba este señor. Supuso que por los acontecimientos actuales, ya que no le habían hecho semejante pregunta nunca antes. Y la buena mujer ni sabía de su existencia, las cosas como son.

-Miren, que no puedo darles una respuesta concreta, no insistan persiguiéndome a todas partes con la alcachofa dichosa. Y perdonen que sea tan poca correcta. Me he criado sola. Soy huérfana de madre. 
-Pero díganos, por favor, ¿qué pensamiento le llega a su sesera de este hombre con presunción de inocencia? ¿Conoce cuáles son sus intenciones? 
-¡Que les digo que no lo sé! Porque escucho un redoble de tambores cada vez que me intento comunicar con él. Tendrán que esperar a que se pronuncie. Y discúlpenme pero tengo un campo entero que atender y unos clientes que esperan.  
-¿Quiere decir que detecta alguna interferencia, tal vez?
-Llámelo como quiera. Pero a veces el cosmos tiene estas ocurrencias. Te interpone un velo de vibración, así como un Telón de acero, y una no capta bien las ondas sonoras de la mente ajena y menos las de los políticos contemporáneos que me hacen un lío las ideas con tanto pensamiento en vano. Otra cosa sería si me preguntaran por Napoleón o Abraham Lincoln. Con ellos sí podría decirles algo pero vamos… en este caso, más callada que un cactus. 
-Lástima, después de haber acudido hasta aquí con esa premura que lo hemos hecho… 
-Otra vez será, estoy segura. Esto no son matemáticas, señores. Alguna vez da error mi don. Pero me sirve para saber cuando me van a cobrar de más en el súper. ¿Y qué quieren que les diga? Para mí eso es más útil. 
-Bueno, por lo menos, antes de irnos, báilenos un poquito La Yenka.
-Ah, eso sí puedo.

Ángeles Córdoba Tordesillas


Aurelia, fotografiada por la prensa, ya harta de la persecución a la que está siendo sometida.

CON TODOS USTEDES, LUISITO

Luisito era tartamudo.
Y le contrataron por horas, como presentador único, para un programa de televisión de gran audiencia.
Imaginaos…
Los tertulianos terminaban de hacerse reproches antes de que a él le diera tiempo a abrir el debate.
Al final de éste, ya habían gritado absolutamente todo lo que pensaban; que ya es decir; hasta la última palabra, mientras él daba paso a la primera publicidad.
Oremos por Luisito. Se dice por los pasillos, de cierta televisión privada, que pudiera ser que no le renovasen el contrato para la próxima temporada, que no son una ONG.
Qué lástima. Y vive de esto… Si ya se lo dijo su santa madre: “Hijo, tú para la tele, no”.
Y que no le haya dado por la moda a este chico, con ese cuerpazo que tiene…
Son estas cosas inexplicables.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

25 ago 2017

¡Y ÉSTE ES SU GRAN CAMBIO!

Era tan menospreciado y ninguneado como un triángulo isósceles de joven. Y además cargaba con toda la poesía, que nadie quería, a sus espaldas de ángulo recto, por ser exageradamente buena persona.

No era materialista, abstracto un poco, qué carajo. Y por las noches, surrealista, lo mismo le daba al sur, que al real, que a la lista; ojo, que no hablo de sexo sino de música de saxo. Que sabía tocarlo de soslayo.

Nunca había aprendido a ponerse en forma ni en su sitio; el colmo para una figura de su talla XL,  ni a decir las verdades a gritos, como hacían los otros, con sus razones; sinceridad capciosa, ironizaba la osa.

En cuclillas se parecía a una planta tropical por las esquinas. Y tumbado, al Manco de Lepanto. Bueno, dejémoslo estar… de pie. Todo apunta a que es más feliz quien más horas pasa en horizontal pero bueno…

Y llegó el día de hacerse respetar, ¡tachán! Y poner en práctica lo que sabía. Su signo era leo, postizo, por ese renacer imprevisto que había tenido en 21 de agosto (día de eclipse lunar). Así que tendría arrestos suficientes para reafirmar su autoridad personal que era poca.

“Voy a afrontar lo que venga y a partir de ahora mi vida será solamente mía. No dejaré que nadie decida por mí, me diga lo que tengo que hacer, ni invada mi carril central. Esto es lo que me he prometido a mí mismo. Así que el que quiera avenirse conmigo, genial, y el que no… que siga su camino.”

-Una pizza cuatro estaciones, Federico, a la mesa tres.
-Ya la llevo. ¡Pero será de tres estaciones y a la mesa cuatro!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



29 sept 2016

AMBROSIO Y SU DÍA DE MALA SUERTE

"Hoy es mi día de mala suerte aunque no sea martes y 13. Lo sé, me lo dice esta intuición que tengo, heredada de un tío mío de Japón. No creo en los horóscopos ni en la numerología ni siquiera en la magia negra. Todo eso son paparruchas, nada más. Yo creo en ese sexto sentido que nunca falla. Y hoy me ocurrirá algo fatal, lo tengo claro y estoy psicológicamente preparado para ello".

Y le tocó La Lotería Primitiva. 

Con el dinero que consiguió, se compró una bola de cristal... para ponerla de lámpara en el techo del salón y montó una discoteca para sus amigos.

FIN INTUIDO

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Ambrosio celebrando su "día de mala suerte". ¡Imaginaos cómo será, para él, uno de buena!. 

27 jul 2016

CARIDAD SIN DRAMAS

Iba Caridad por la calle, pensando en Sófocles, cuando de repente un auto de color naranja, de frente, la embistió. Ella que era obsesivo compulsiva y se planchaba hasta los tejanos con raya, se encontró en el suelo hecha un ovillo, con los pantalones manchados como para tirarlos. Es decir, un horror.

Alguien que vio el atropello en vivo y en directo, se acercó y la ayudó a levantarse. "Lo principal es que usted parece estar bien, señorita… pero no obstante llamaré a una ambulancia por si le hiciera falta que le dieran un repaso los Rayos X". Y mientras, ella se lamentaba por el deplorable estado de su atuendo.

En urgencias, tras esperar un rato a que le atendieran, un médico, mantuvo conversación ligera con ella: “Ya veo que no ha comenzado bien el día”, le dijo, haciéndose el graciosillo, pues era seguidor de El club de la comedia… “Pues no, más que nada porque lo he conocido a usted”.

Así comenzó el romance entre ellos. Un flechazo inesperado. Él, sin embargo, más amante de Eurípides, como llamaba a su propio gato, que de Sófocles. Pero con el tiempo, lograron conciliar posturas y no hubo más de tres discusiones diarias por el tema dramaturgos griegos.

El gato no quería meterse en líos y se llevaba con los dos bien; otorgaba porque callaba. Era listo y reservado y entendía perfectamente el significado del nombre de ella.

Caridad curó sus heridas físicas y emocionales pues el galeno le sometió a altas temperaturas de cariño. Además de enseñarle a jugar a los médicos como es debido.

Hoy, él lleva con mucha más alegría las guardias y ella se ha hecho monitora de Pilates, como todo hijo de vecino, y compagina sus clases con terapia cognitivo conductual para sus ritos compulsivos.

Qué bonito es el amor, cuando va de cara y cuesta arriba.

Por cierto… ¿los personajes habrán sido manejados por el destino o por el autor?

Firmado: Esquilo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Instantánea tomada por sorpresa a Eurípides. 

5 jul 2015

ROMANCE DE PUÑO Y LETRA

No era un mequetrefe de tres al cuarto ni nada parecido pero le castañeaban los dientes cuando comía pipas de girasol tostadas y cuando criticaba al prójimo, como a sí mismo.

-Juanito, no me pongas esas caras por nada. A ver ese sentido del humor, que no te despierta por las mañanas, lo hace más allá de la media tarde y te deja con carácter hosco, de ciento en viento.
-Tía, vengo del campo y no estoy para monsergas que los dientes me castañean de nuevo y no le he robado ni una pipa al girasol prestado.
-Tranquilo. Te prepararé una infusión, tipo tila, y tú mientras, si tienes a bien, me haces algún apaño en el enchufe del televisor que no puedo conectarlo y me estoy perdiendo las noticias que no vuelan hasta mi casa…
-Bueno.

Y Juanito, como es natural, hijo de Juan y de Juanita, los del pueblo de toda la vida de Dios, se desempeñaba bien en tareas de maña y no de fuerza. Había ido a la ciudad por tema de estudios pero finalmente los abandonó sin aprobados ni remordimientos, y se lanzó a los oficios de cabeza.  Así que consiguió que los informativos entraran por la puerta grande de ese hogar de su tía, por parte de padre. Eso sí, por mucha buena voluntad que le puso, no logró que las noticias cambiaran de rumbo ni de color... (triste, como la que de negro viste).

Ya que he olvidado contar sobre romances, ahora voy y deprisa y corriendo, improviso e invento que, in extremis, la vecina de su tía, que era mona y tenía estilo propio, pasó a pedir sal, se enamoró de cuajo de Juanito y formaron una pareja formal.

La tía se quedó encantada con este conocimiento, ni de libro ni con presentación previa, porque a partir del día de hoy, tiene a su sobrino cerca para que le resuelva todos los intríngulis domésticos de bricolaje armado pero ya no escuchará cómo le castañean los dientes

Y yo no tengo vela en este entierro pero he conseguido, no sé ni cómo, hacer a todo el mundo feliz o al menos, a los protagonistas de este romance de puño y letra.

De nada.

Ángel C. T. © 2015

28 jun 2015

UN PAVITO MUY PAVO

A pesar de la inocencia de su nombre y de que creía en las segundas oportunidades, ella, no era fácil de satisfacer.

Con todo ese despliegue de medios para conquistarla, ese pavito real era bastante torpe, inmaduro, en cuestiones sentimentales. Había nacido en Aranjuez, cerca de los Jardines del Príncipe, pero no, ése no era un motivo suficiente para mirar por encima de las alas a nadie. A Inocencia le gustaban las aves sencillas. Venidas de otros mundos o del suyo propio pero con garantía de devolución.

-Hacedme sitio que paso- Decía, hinchando las plumas y prácticamente ocupando todo el espacio suministrado por el Ayuntamiento. “¡Pero qué se habrá creído este pavo!”, decían los demás.
-Mira Gervasio, yo entiendo que tú tengas muchos metros cúbicos de corazón, y me lo has demostrado más de una vez, y que te guste expresar tres opiniones al día, entre café y café, pero los demás también tenemos derecho a ser el centro de nuestro universo. ¿Puedes comprender esto tan sencillo?
-Mi  inconsciente intelectual me permite eso, y más, que no me da la gana comprender, porque soy inmaduro emocionalmente. Me extrajeron el apéndice en el extranjero, cuando era muy pequeño, y no me lo devolvieron. Lo abandonaron allí, a su suerte. Eso me marcó a fuego, lento, y desde entonces mi frustración ha ido en aumento.
-De acuerdo, pero tú hazte cargo de que nadie tiene porqué comprender eso. Todos tenemos nuestros problemas, organismos oficiales, y un pasado turbulento.
-Me parece muy bien y lo lamento, al mismo tiempo, pero yo no soy responsable de nada de eso. He nacido con estrella y nadie conseguirá que me estrelle. Déjame de monsergas, Inocencia, por mucho que me quieras… Y no me entretengas más, que voy a tomar mi sesión de rayos UVA en la UVI solar. Si me quieres bien y si no, también.
-Ve con Dios, pues. Y sigue pavoneándote a tus anchas y largas. Ya te iré a ver un día de estos, si no tengo nada mejor que hacer... que lo tendré.

Ángeles Córdoba Tordesillas © 2013


19 jun 2015

LOS TRASPIÉS DE ANDRÉS

Andrés, cada dos por tres daba un traspié. Y nada tenía que ver esto con que rimase con su nombre, aunque también, sino porque generalmente quedaba absorto en lo que hacían los otros.

-Hijo, ten cuidado con esa piedra que, a pesar de que seas animal, te has tropezado tres veces con ella en lo que va de día. Y veo que no aprendes ni a base de heridas en las rodillas.
-Es verdad mamá. Siempre he sido un chico reflexivo y observador, tú me lo has dicho, no sé porqué no me fijo más en estos elementos naturales que se ponen por medio. Voy a la deriva y con el barco de otro que es peor que mal. Y lo que antes era una piedrita, luego se convierte en una roca, siempre en mi contra, y termino contra las rocas. Veo la paja en el ojo ajeno y momentáneamente me ciega y no veo lo que se me viene encima, por delante, piedra, roca o lo que sea… Me choco como si fuera sin frenos y a lo loco.
-Lo sé. Y lo sé porque lo veo venir de lejos, como a los que vienen de las guerras en las películas tristes, pues soy tu madre y te enseñé a vestirte.
-Mamá, ya llevamos hablando un rato y no llegamos a conclusión alguna… ¿Qué final podríamos darle a este relato?
-Anda, ven para acá que te ate los cordones de los zapatos que te la vas a pegar otra vez, Andrés, y de frente.
-¡Voy! Entre unas cosas y otras… se me hace de larga la jornada con tanta caída que no sé cómo no termino con ganas de quedarme en la cama todos los días. Al final puede que, de los nervios, me dé un ataque de risa, ya verás.
-No protestes y aprende a mirar por donde pisas…y no lo que pisan los demás.

Ángeles Córdoba Tordesillas © 2014

15 jun 2015

DOMINGO DE GLORIA

Le llamaban Boliche, porque tenía semblante de tirador de mueble bar. No tenía malicia el hombre pero iba conjuntado para salir a la compra. Se conformaba con rellenarse los labios con esa silicona antiestética que se nota tanto. Cuando estuvo en la mili le llamaban Bolichilla, porque coleccionaba polillas en la ropa, a pesar del olor a naftalina.

Su hermana, La Bolicha, le cosía los botones y le metía el bajo de los pantalones, cuando se dejaba, porque no paraba quieto el hombre y aducía que le hacía cosquillas con las uñas sin cortar, desde que murió su madre- que como buena madre era muy apañada- le hacía todo lo de su casa; aunque le llamaba mequetrefe, de vez en cuando para acomplejarle un poco y que no le saliera el narcisista que llevaba dentro, desde la temporada adolescente, y resbalara por las calles de la vanidad.

Al Boliche le ascendieron a director de sucursal de su banco. Y se volvió haragán y engreído. Había perdido el encanto como la mazorcas de maíz cuando las pones a fuego lento. Se creyó más que El Manco de Lepanto. Ni siquiera se hablaba con su hermana. Hacía burla a todo el que se cruzaba menos a los clientes del banco, lógicamente, no quería perderlos. Pero un día llegó una "multi" a su despacho, pues pidió hablar con el director más director que hubiera por allí suelto, naturalmente, para eso era millonetis, y era él. Ella se sentó elegantemente, o como fuera, a lo Sharon Stone y pestañeó como una Nancy de palacio. Él se quedó con tembleque. No supo si le sedujo más el olor de su perfume francés o el perfil de su bolso italiano, con chequera dentro forrada en raso.

El caso es que, ella, volvió porque se había olvidado el corazón allí mismo, en ese Boliche -no me refiero al perchero- de la oficina central y él, en un arrebato de pasión masculina, raudo, se lo había guardado en caja de seguridad –¿se entenderá el símil sutil?-sin que hiciera falta su firma.

Los aires subidos de tono se le bajaron puerta de calle, a la entrada de la oficina, in alvis, con los cantares del amor hermoso. Menos mal -pensó la hermana- este tontaina se había creído algo… por su puestazo de piscolabis. Ha recuperado la sencillez y la cara de tronio perserverante. Parece mentira que todo lo haya logrado el amor de una mujer rica. A ver si ahora me devuelve los cien euros que le presté para la última entrada del partido Madrid-Barça. Y ya que ella es más alta que él, y mucho más que yo, pues que sea quien le acompañe la próxima temporada que a mí no me gusta el fútbol ni nada que se le parezca y mucho menos verlo detrás de las cabezas. Nuestra madre se sentirá ahora orgullosa de él, ya de una vez, desde la gloria bendita y yo, feliz porque bendita la hora en que ha conocido a esta mujer, llamada Gloria.

                                                          FIN GLORIOSO
Ángel C. T. ©2014

14 jun 2015

EL MALABARISTA DE AFECTOS

Loquito cuando quería. Aviso por si acaso. El corazón lo llevaba colgando por fuera. Podríamos decir que tenía mucho, porque se veía venir de lejos o que carecía de él, porque estaba fuera de su sitio. Se hacía querer pronto hasta asfixiar. Conseguía favores sin casi pedirlos… hábil manejando los egos y las vanidades. Rápidamente descubría de cada cuál su Talón de Aquiles.

Cuando quería sabía ganarse los diminutivos  para llamarle, porque tenía ingenio, gracia, facilidad para endulzar los gestos y todo lo que se propusiera.

Pintaba sin óleo ni lienzo una sonrisa en la cara de quien le viniera en gana a primera hora de la mañana, sin haber tomado el café siquiera. También lleno de talento para ser cruel cuando algún cable de ese corazón colgandero o de su extraordinario cerebro hacía cortocircuito. Así sin más… porque era martes, por ejemplo.

A placer, jugaba, controlaba o maldecía. La luna tiene dos caras, mijito… la que muestra es blanca y luminosa, la que oculta… es la otra.

Alma infantil por inmadurez o también al libre albedrío, un poco psicótico, un poco “lerele”, tres dosis de arte, dos de mala leche.

Hacían cola para disfrutar de su ingenio, que lo tenía y se jactaba de ello. Y hablando de colas:

“Cuidado con mi amo…muerde”. Advertía el letrero de su perro.
Nadie lo leía.
                                                                         FINALÍN

Ángel C. T. ©

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Puedes aprender a hacer malabarismos con sus reflejos.


7 jun 2015

EL FULMINADOR INESTABLE

Remigio fulminaba el tiempo y todo lo que se le pusiera por delante. Se liaba a tiros con todas las cocaínas que pillaba, blancas damas de la noche. No inocentes, precisamente, soy consciente pero siempre, las pobres tan hechas polvo... Hubiera sido suficiente con ignorarlas. Y tan complacientes y resignadas a no ser nunca heroínas... Tampoco hay porqué culparlas de todo.

El presunto delincuente por tráfico de estupefacientes, llevaba balas por botones en la chaqueta que no abrochaba, tonto no era -o no tanto córcholis- por si había que salir escopeteado. Hasta en los bolsillos cosidos a balazos, las portaba, con elegancia subliminal. Se le iban cayendo, por la calle Arenal, aquellas dulces e incautas balitas, cuales miguitas de Pulgarcito dejando su rastro por dónde iba pasando. Y lucía su locura a borbotones a juego con su impecable atuendo y digo, alguien enormemente distinguido, hasta sus rayas en los pantalones recién planchados, llevaba. Otra vez las rayas por estas líneas… dichosas rayas.

¡Deja de darme codazos para que me calle, diantre, que al final se van a enterar todos de que te tengo aquí camuflado! Que como hable, verás... hago declaraciones, y no de amor, precisamente. Tampoco de Hacienda, tranquilo, ésas las guardo para guarniciones. ¿Qué municiones? Nadie ha hablado  de ese tema todavía, no te obsesiones. Decía, si me deja este portento, cazador de bi-cocas, que Balística anda enloquecida por pillarle, además de que se han disparado los precios este año y los corchetes de las camisas, después del  engorde de las últimas vacaciones, pues no dan abasto… y por si fuera poco, un traficante loco. Estaban que echaba chispas con él. No sabían como echarle el guante encima.

Probaron de todo. Hasta desde la azotea, como en las películas de persecuciones, pero nada... El guante caía al ladito justo, o muy cerquita, pero nunca encima. Para que vean... cómo puede aliarse la mala suerte, de ellos, con la mala idea, de éste. Por no mencionar la mala puntería.

Remigio, déjame tranquila de una vez, querido, que eres tú el que me has pedido ser uno de los personajes de estas Vidas sencillas. Con ese afán que tienes de ser protagonista de todo lo que se tercie... que mira que te gusta darte importancia.

¿Que vaya liquidando la historia? ¡Suéltame de las muñecas las esposas que a la fuerza no me caso y no me caso!  Ea, hazme caso, que me canso Soy sólo un ama de casa normal con aspiraciones a escritora de relato breve. No, aún no he llegado al final. Ten paciencia con esa psicopatía que llevas a cuestas, a ver si la dejas caer encima de la vecina y tenemos un disgusto...

Pues verán... ¿por dónde iba, narrando esta vida sencilla?... Nada que no puedo... Tengo que finalizar, me está apuntando con la barra del pan.

Ángel C. T. ©2015

30 abr 2015

ALMUDENA, A VECES NO CENA, CALLOS A LA MADRILEÑA

Almudena, llegada de otros mundos siderales, casi de incógnito, en su apariencia humana, era más fea que un tresillo con dos puertas y un lazo de lunares. Perdón… quería decir, poco atractiva en el aspecto físico y fiscal. Esto le producía mayor frustración que la de un gallo mudo, al amanecer.

Se sometió a la cirugía patética y gastó todos los ahorros de la divina providencia en retocarse hasta los pies… "Total... otros se lo gastan en juergas o en el juego patológico de alterne", pensó. 

Los callos fueron los únicos que quedaron complacidos con los resultados perpetrados por manos expertas. Y tanto fue así que, uno de ellos -no sé exactamente cuál, ya que nunca fui debidamente informada, sería el del dedo pequeño seguramente porque era un callito a lo sugar baby- se presentó a un concurso de belleza: Miss callo universo. Y lo ganó, así, sin enchufe ni nada… sin trampa ni cartón. Como deben hacerse las cosas que deben hacerse bien.

Almudena, inmensamente feliz, se decidió a permitirse un desliz, a posteriori, con alguien del jurado y allá que fue, hacia uno de los miembros, con las armas de mujer bien cargadas.

-¿Qué hace usted?... No tiente a la suerte, señorita, a ver si le vamos a retirar el premio y se lo vamos a conceder a otro callo malayo. -Le dijo éste, más cortante que una cuchilla de doble filo.
-Disculpe... no hay mala intención en mi iniciativa divulgativa, en absoluto. Tal vez debiera haberlo hecho antes del dictamen...
-Menos. Su callo no hubiera llegado a la final ni al principio, acaso.
-Mi modus operandis es totalmente inocente. Simple y sencillamente de agradecimiento extremo y urbano. Ya que les he dado el pie, no me importa que me tomen la mano… siempre con intenciones serias, faltaría más. Ahora reúno algunos, aunque escasos, de los requisitos estéticos necesarios, pienso. 
-Mire a ver si con alguna “miembra”…
-No, gracias, ésas no entran en mi repertorio personal de gazapos divertidos. Bien, con el dinero ganado, convenceré a mi callo para que me compre un cepillo de dientes. Me han chivado que, usado a diario, puede hacer milagros.
-Eso me temo- Respondió aquél miembro.

Almudena, libre de miembros y testigos presenciales, salió absuelta de su falta de juicio y por la puerta grande. El callo hembra, y no digo calla porque suena fatal, calla, calla... -y chico, por mínimo- no tuvo problemas en hacerse un selfie, junto a sus fans, para colgarlo en facebook. Sabía bien que, a partir de ese momento, eso iba a formar parte de su arrogante futuro. Almudena se lo tomó con filosofía y letras y tal y cual, Pascual…

Nota: Podéis encontrar su perfil escribiendo "Miss Callo de Almudena". A ver qué sale. Suerte.  

Ángel C. T. ©2015

7 abr 2015

LOCOCADIO

Se quiso hacer un transistor con unas manillas de reloj antiguo y unas patatas fritas rancias. Nadie pensó que le faltase un tornillo… a aquella radio… ni que fuera peligroso, pero…

Los días de visita, hay mucho ajetreo en el frenopático. Él se sienta junto a la ventana a mirar el patio. Dos árboles le miran inquisitivamente. Ya les ha tomado cariño, sin embargo. Enseguida, doña amapola le guiña el ojito presumida, no pierde el tiempo, sabe que los pétalos preciosos caen pronto… Hummm… ¿qué querrá ésta ahora?, se pregunta.

-Lástima que no vino nadie a verle esta tarde, Leocadio.
-Pues si hubieran venido no hubiera podido atenderles como se merecieran. He estado muy ocupado con los cactus del jardín y con una enredadera pordiosera… Perdón, esta noche no duermo solo. La amapola no quiere medicación, gracias. Tráiganme una merecida enagua... para mi niña.
-Bien, señor, usted manda. Le llevaremos también una botella de cava, antes de que suban el precio, si acaso se independizase Cataluña… y unas fresas con nata en la suite nupcial.
-No se moleste. Mi amapola es abstemia y yo, ya sabe… no puedo mezclar alcohol y psicofármacos… Estoy pirado pero no soy idiota, sor Discusión. No me siga la onda como a los locos. Bona nit. 
-Soy árbol, de rama de filosofía y letras, sor para usted cuando diga.-Consintió el árbol, por no discutir.  
-No perdamos ni un minuto más, amor, me quedan tres pétalos consentidos. Ahora o nunca -Dijo la amapola.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado a una amapola abandonada en medio de la calle y aún viva.

25 mar 2015

UN TIPO LISTO, DON EVARISTO



Bernardo era un tipo listo, gracias a Dios y a sus genes. Con bigotes de sapo, orejas al bies, tres euros en el bolsillo y apellido francés. Conoció a una mujer pérfida, que tenía más de cuatro esquinas y los pies torcidos, como sus intenciones. Se enamoró de ella al detalle y ella se fijó en él por su aire gallego refinado, su bolsillo abultado que supuso que era de dinero y sólo era de un pañuelo arrugado y mal guardado, y su orejas, claro está. Imposible no fijarse en ellas.

Le preparaba confitura de melocotón y era rápida haciendo cuentas. Se perfumaba al azar con aroma de almendras dulces de la conchinchina y vainilla que dicen que es afrodisíaca. Los labios pintados en doble capa, como el papel higiénico. Todo por seducir a un francés que no lo era.
Él la amaba por lo que tenía por delante y por detrás y presumía de ella con sus amigos en el bar de la esquina de enfrente, sin segundas, antes de llegar al tanatorio.

Decidieron fijar fecha para la boda pero ella se resbaló con una “m” y en vez de traerle suerte le trajo la soltería indefinida y una férulas en ambas piernas y en un brazo. Él estuvo a su lado, cuidándola y aconsejándole que tuviera paciencia, mientras mascaba chicle de menta. La boda se aplazó y en el tiempo que duró la convalecencia, Bernardo, pasó tanto tiempo en el hospital y escuchó tantas quejas a la susodicha que se aburrió de ella.

En el transcurso de esa estancia hospitalaria, trató con enfermeras y auxiliares y tonteó con todas las que pudo, y con las que supo. Eso le dio soltura y verborrea, que no seborrea, la seborrea ya la traía él de casa, hasta en el bigote. Pero el hecho que más trascendencia tuvo en la vida de este caballero es la aproximación que hizo a las redes sociales.

Se compró una tablet para usar en esas horas muertas, de compañía anodina e idas y vueltas de termómetros inoportunos y cenas tempraneras, y conoció a una libertina, divertida, que se le acopló, como amiga, en Twiter.

Más tarde apareció una segunda y después una tercera… Hoy en día ya está comprometido con tres o cuatro seres, del género femenino, número plural, con las que ha creado un vinculo, según dice él, independiente con cada una, lógicamente, e indisoluble hasta la muerte… Mientras se repone la cara de banda ancha y le dan el alta, él presume en el bar con sus amigotes, y sus bigotes, de tenerlas a todas enamoradas.

Su apellido daba mucho juego en el mundo virtual… eso y que había colocado una foto de un modelo francés, cuyo nombre omitiré por falta de exigencias del guión, que no por falta de ganas.

Hoy le dan el alta a la vampiresa que se fijó en su cartera y en las orejas de su prometido frustrado y que no le supo llenar el corazón de amor del bueno y se ha encontrado más sola que la una perruna. Allí la pobre, en la puerta del hospital…se tuvo que coger un  taxi, con destino a su casa y a la soledad. Iba renegando por el trayecto… Pobre taxista, había nacido en un 29 de febrero de un año bisiesto, y encima esto…

Bernardo anda loco de atar chateando de día y de noche, y hasta en el baño… no da abasto… ¡por dios qué estrés y qué frenesí le invaden!...Sin remordimiento de conciencia alguno. Ha decidido vivir la soltería con alegría y compañía virtual. Los tres euros los ha empleado en pagar a la compañía telefónica para tener buena cobertura las veinticuatro horas y, a poder ser, de chocolate con mermelada de arándonos… le gusta mucho más que la confitura de melocotón… ¡dónde va a parar!… da menos problemas  y sube las defensas del organismo.

Iba a narrar la historia de Evaristo, es verdad, tan listo como Bernardo, pues es su hermano mayor, al ser cosa de los genes… pero resulta que se ha ido de vacaciones sin previo aviso, y me he dedicado, mientras tanto, a contar la de este caballero del mismo apellido… Perdón, por el lapsus. La próxima vez será.

Ángel C. T. ©2014

19 mar 2015

LA VETERINARIA FRUSTRADA




Sintió en sus entrañas desbaratadas, mientras hacia las prácticas de estudiante de veterinaria, resquemor por haber caído en la ignominia, al negarse a ejecutar cierta tropelía, desde su punto de vista... una intervención animal. Fue por una negligencia no médica pero de cultivo ecológico, como todo, después  de llegar las minifaldas al país. Se dio cuenta de que diseccionar a una rana era imposible sin vómito a plazos y se vio obligada a cambiar de carrera. Se pasó a las letras. Ya había llegado hasta la zeta casi, cuando divisó un ovni o dos, una madrugada, desde la casa de campo de su abuela o eso contó.

-Esta niña está insoportable desde que ha tenido que abandonar los estudios a su libre albedrío… Yo no sé si vamos a tener que llevarla a ver Pocahontas o alguno de esos filmes de animación, para que se evada un poco de la realidad subyacente.
-No sé qué decirte, Felisa… dejemos que pase un tiempo prudencial, a ver si se le pasa el disgusto de trastocársele el futuro profesional. Sabe conducir… igual para taxista.
-De eso nada. Que tiene que aprender a vaciar los ceniceros del coche y todavía no fuma.
-Vaya, no había caído en eso… tienes razón. Vamos a tener que ir con ella al cine un día de estos… esos ovnis, sospecho que sólo están en su cabeza.
-La niña pide atención a gritos.
-¿Ah, sí?… pues no la he oído.
-Es un decir, Roberto. No hablo literalmente, por dios. Que cuando quieres lo pillas todo al vuelo… como la perrita del vecino, la Peggy, cuando va de caza pero cuando te da por salirte por la tangente… 
-¿Y cuando no quiero?
-Cuando no quieres… también, pero te haces el tonto o el sordo.
-La práctica… desde bien joven. Mira, ahí está la niña… ahora habla por el móvil con todas sus amigas y les está poniendo al día… huy… ha empezado a narrarles lo del ovni… verás… a no ser que sean muy comprensivas…nos la toman por pirada y le darán la espalda.
-Ella ya tiene la suya... ¿para qué quiere la espalda de nadie?
-¡Venga, devuélvemela!… ahora eres tú la que te vas por lo literal, sin moverte de la mecedora.
-Robertooo…. A veces me descompones… como un puzzle de mil piezas.

Al final, María Episcolabis, se dedicó a la coyuntura municipal y se pasó la vida echando monedas falsas en la máquina tragaperras del bar de su calle y echándose, a la par, más de algunos tragos de vino de la casa, malo para hartar y terminar en la UVI.
No se casó ni tuvo hijos hasta esa fecha. Cuando un día hacia repaso de su vida… algo insatisfecha, casi en la frontera de los tres y cinco, sin rima,… apareció un ovni, aterrizó sobre el tejado de su casa, salió un extraterrestre a sacudir el mantel de migas y se la llevó con ella. La abdujo y la sedujo a la par, para que le hiciera compañía en el planeta de la felicidad conquistada. Tuvieron tres hijos prematuros, como tres soles de vía láctea, lactantes de madre terrestre y padre sacudidor de manteles interplanetarios.
Nadie, ni sus padres, ya fallecidos hacía tiempo, volvieron a saber nada de María Episcolabis. ¡Qué bonito es el amor!

Ángel C. T. ©2015

10 mar 2015

LA NUEVA RICA

Jennifer era una experta en codornices, columpios y fotogramas. En todo lo demás la torpeza personificada. Un verdadero desastre. Ya se lo decía su madre: “Hija no llegarás a nada en la vida porque eres una perfecta inútil… ni se casarán contigo”. Hasta la edad adulta creyó a pies juntillas las palabras de esa mujer que la había parido, según le habían contado, y como era muy inocente pensaba que como ella la conocía de bien, nadie la llegaría a conocer jamás. Menos mal que a partir de una edad aún prudencial, pues estaba viva, puso en duda esas palabras.

Le perdía el romanticismo a última hora de la tarde; con las siluetas de los amantes y el sol naranjita al fondo del paisaje… Tenía trescientos veintiún amigos y muchos fotogramas de cada uno de ellos. También de cientos de codornices de todos los colores y sabores. Sin saber cómo ni porqué, una tarde de esas romanticotas de película, se le ocurrió hacer un montaje con todo ello y lo vendió a un productor ruso al que le gustaba el cuscús y no le importaba mezclar los fotogramas con sus comidas. Pagó toda su fortuna por ello y acertó. Ese montaje llegó a ser conocido universalmente -actualmente en “Mytube”- y también Jennifer, lógicamente, como autora.

Ella hizo muchos más montajes originales y se los quitaban de las manos, casi sin darle tiempo a que los terminara. Le daban ataques de risa de los nervios y de la sorpresa. Pero los sobrellevó sin demasiada medicación.

Tuvo un gran éxito. Se vino arriba; pasó de vivir en el segundo, al ático del mismo edificio. Subió como la espuma en su bañera… se echó algunas sales y se dio un buen baño matutino, para relajarse. Mmmm, por fin… ¡agua caliente a diario!

Dejó de comer manitas de cerdo, que no le habían gustado nunca, y se pasó al caviar rumboso -tampoco le hacía mucha gracia, pero molaba más-, al marisco más fresco y al teatro de verdad, no al que fabricaba con sus fotogramas. Era una delicia escuchar los aplausos del público en vivo y en directo aunque no fueran para ella.

Se hizo la manicura mexicana y se añadió María al nombre, para darle algo más de importancia, ya que se había convertido de la noche a la mañana, en una mujer de renombre. Ah, se me olvidaba… el mismo día de la manicura, decidió hacerse las ingles brasileñas. Le iba lo internacional. Chica sencilla, por esta razón la he incluido en este apartado, pero ahora de éxito y con cierta popularidad. Y se compró crema para la cara…a ver qué era eso. Ese cutis seco, en el espejo, era una lástima.

De columpios, he olvidado hablar… Otro día será. Dios no le había llamado por ese camino ni por el de hacerse religiosa. Todo, no puede ser.

Y pensó que, ya que tenía tanta pasta, podría comprarse un buen calzado e irse un fin de semana, en plan discreto, a Marbella en globo, con unas gafas de sol bonitas, pantalones ceñidos de color teja con blusa azul cielo y perfume de lavanda.

La madre de Jennifer, está buscando otra hija… a la desesperada. Final feliz… para María Jennifer. Se lo merece. Me alegro mucho por ella, a pesar de que ahora no tenga tiempo de responderme a los mensajes de whasapp. Lo entiendo. María Jennifer, si lees esto, a ver si tienes la amabilidad… que no hay quien te localice, guapa.

                                             FIN Y PROSPERANDO…

Ángeles Córdoba Tordesillas 2014


28 feb 2015

DON "NOSEQUIÉN", HOMBRE DE BIEN.



Perdió cuatro versos de las rimas gallegas de su madre, unas sí y otras también, de talle fino y no digo nada de las leyendas.

Escondido tras las palabras, procede de cualquier viento de primavera que lo lleva por delante, al capricho del hambre y de las ganas de aventura. Nunca le dio a droga ni dura ni blanda. Solo tenía ojos para las pestañas. Hecho un primor de temporada salvaje, con moto ruidosa y sin afeitar, a lo moderno. A tres disgustos y medio de terminar la carrera de filosofía y estampas.

Pasó el tiempo por la puerta de su casa y lo convirtió en un adulto con posibilidades. Comenzó a interesarse por las mujeres delicadas y, también, con instinto maternal... Tal vez necesitado aún de una madre compostelana. Llegó a tener numerosos romances con parada y fonda, digo funda. Pero no culminó en nada serio. Normal, tratándose de un payaso, sin profesión alguna.

Es un solitario y empedernido vividor, en el presente continuo. Sin oportunidades para la generosidad ni la abundancia. Pasea cada día por la nostalgia… sendero va, sendero viene, se como las moscas de aburrimiento. No hace bricolaje en el tiempo de ocio. No tiene maña suficiente. Conduce durante horas para no ver tanto la tele, algunas veces. Otras, le quita las pilas al mando a distancia y las esconde. La comida se le pasa de fecha y los huevos caducan en su nevera.

A veces recibe alguna llamada… de alguien que pregunta por otro:
-No, se ha equivocado, aquí no vive ningún canario llamado Alfonso.
-Usted perdone.
-No hay de qué… Yo me llamo Alfonso también, por si quiere conversar conmigo, estaré encantado, pero no soy canario. Me gusta la música clásica, y los deportes sin riesgo, tengo buena presencia, de mediana edad, ojos castaño pardo, educado, de buena familia y bla bla bla…


Ángel C. T. 2014 

26 feb 2015

SIEMPRE SOLA PERO NO SOLEDAD

Érase una doncella libertina. Perdón, divertida. Se hizo un traje con un mantel de cuadros para acudir a una fiesta de botijos de barro cocido... madrileño. Así, sin complejos ni nada,  porque era bastante apañada y no tenía para modelitos caros.

Se colocó unas enaguas de tul, en el interior de su cuerpo, y se pintó los párpados con brillantina de chino. Pensó que alguien bailaría con ella pero tuvo que aprender a bailar suelto, música moderna… de la de sus tiempos. De recuerdo, se quedó con el asa de uno de los botijos de cerámica, el único que era de Talavera de La Reina. Casi nada,  pensó. Y siempre sola. Menos mal que no se llamaba Soledad.

Hizo un curso de parapente porque amaba las alturas. De pequeña,  se deslizaba como nadie, por el tobogán. De mayor, los deslices eran exiguos. Pero nunca se lamentaba por nada. Muy moderna e informal en el vestir, sin collares ni abalorios. Contemplativa y romanticona.

Iba al cine una vez por semana; a los estrenos nada más. Comía gominotas, para engordar los sueños, y se sentaba en el centro de la sala a ver pasar al público hasta que comenzaban los spots publicitarios. Para el teatro no tenía. Era de escasos recursos económicos pero conformista, como digo. Y siempre sola.

En una de esas tardes de martes a jueves, tras pasar por la ventanilla de la taquilla para sacar la entrada del cine, se le acercó un niño travieso y le pegó un chicle en el pelo. No supo qué hacer mas que llorar. Y lloró y lloró, hasta inundar la sala. ¡La que se lió en ese cine del centro...! Alguien llamó al fontanero de guardia y a los bomberos. Y allí sucedió Lo imposible… mientras uno de ellos intentaba desprender la goma de mascar del pelo de su cabello, sin tomárselo ni en broma, un destello de los dientes de Úrsula se escapó hacia los ojos del héroe de carne y hueso, lo envolvió con su fulgor y le dejó patidifuso de amor.

Fue tan fuerte el sentimiento que despertó en el funcionario del Ayuntamiento que se hicieron inseparables desde ese mismo momento. Éste héroe, vocacional, no pudo menos que pedir la tarde libre, como para asuntos propios, y quedarse a ver la película con ella. Pero como no había butaca disponible a su lado, pues ya estaba vendida, hubo de conformarse con sentarse tres filas más atrás de su recién enamorada. Sólo podía ver la cima de su cabeza. No tuvo la menor importancia esto… Sus corazones, cuales iconos, flotaban por el aire… saturado de olor a palomitas de maíz y ambientador especial cines. Eso sí… a la salida se esperaron y se regalaron algunas carantoñas y tres besos tipo pico.

Actualmente van y vienen, y por el camino se entretienen, los tres: Ella, él y su manguera. Es fácil ver la silueta de este trío alejándose por el sendero del romance, con la contaminación de fondo, y una hermosa banda sonora, imaginaria, de final feliz de película. Todo es imposible… hasta que deja de serlo. Sobre la manguera sólo tengo que decir que no veo adecuado, la verdad, que le siga a todas partes pero siendo un bombero vocacional... puedo entenderlo. Es por seguridad, dice la manguera. 

Ah, el título de la película lo he mencionado de refilón, por si fuera de tu interés. No sé si te habrás enterado. Un filme de esos que se quedan en la memoria por el dramatismo que conlleva… Tremenda experiencia familiar, también con final feliz. Todos los protagonistas vivos. Igual que los de este relato. Del niño del chicle, no he dado descripción física para no crear alarma social.  

Úrsula, española, con derecho al voto, a pesar del nombre -es más mono Soledad-  no volvió nunca más a ir a fiestas de botijos  ni al cine sola… ni a tomar gominolas. (Ñam, ñam… con lo ricas que están).

                                                         FIN O VAYA USTED A SABER


Ángel C. T. ©2014