Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

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13 sept 2026

EL PESO DE LA RAZÓN

Volvía a casa una mujer llamada Lógica, agotada tras un largo día de trabajo y, cargada de razones, iba pidiendo ayuda a la gente por la calle porque ya no podía con tanto peso; su familia y sus amigos se habían hartado tiempo atrás de sostenerlas, así que nadie acudía en su auxilio. De pronto, alguien se le acercó y se presentó:

​—Señora, soy Emoción. Puedo ayudarle a llevar una razón, o dos, o tres; pero ¿de verdad le merece la pena ir por la vida cargando con tanto? ¿No será mucho más sencillo vivir tranquila y feliz, aunque, aparentemente, carezca de razones para ello?

​—Tiene razón, joven—le dijo Lógica, dándosela a Emoción—Tengo ya la casa llena de ellas, así que puede llevarse esta consigo. Muchas gracias por aliviar mi carga.


Ángeles Córdoba Tordesillas  ​©


Si estás feliz–Canción infantil

30 ago 2026

ÉXITO PERSONAL

Lo que más lejos te va a permitir llegar en la vida no es tu inteligencia, ni tu talento natural, ni tus conocimientos, ni una red de apoyos, tampoco la experiencia ni la capacidad de trabajo, ni siquiera tu perseverancia... es el aliento. 

Tu aliento. 

A ningún lado puedes llegar sin él. 

No en vano, solemos emplear el verbo alentar para referirnos a infundir ánimo, valor o esperanza a alguien.

Feliz aliento.  


Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 


15 ago 2026

TRAS EL TELÓN

​El escenario es perfecto: hay un hermoso decorado. Los actores conocen al detalle el guion, está todo preparado, se produce un silencio extraño tras las bambalinas; los dos protagonistas están a punto de salir a escena e iniciar el primer acto en donde solamente se mirarán despacio. 

El público ha traído sus manos al teatro para aplaudir con pasión cuando la obra termine.

​Pero no va a haber función.


Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 


6 ago 2026

UN NUEVO DÍA, UN NUEVO YO: REFLEXIÓN SOBRE EL DOLOR Y LA LIBERTAD

También yo tengo mis heridas, 

pero en vez de lamerlas constantemente

las dejo cicatrizar en paz.

También tengo mis miedos,

pero intento dejar de sostenerlos

en vez de justificarlos.

También cargo con mis vulnerabilidades

e inseguridades,

y trato de vivir con ellas de la forma

más pacífica posible,

sin exigirle al mundo que camine

de puntillas a mi alrededor.

Quizá sea por tener una visión pragmática

de la existencia,

pues si hay que vivir, se vive 

y se vive

implicándose con cada aliento, 

como si fuera el último...

nunca se sabe si lo será..

No se puede uno pasar la vida

inmerso en la autocompasión

ni esperando que los demás pidan permiso

hasta para respirar.

Si hay que despedirse del dolor

para quedarse solo con la experiencia,

se hace.

Si hay que sentir,

se siente y se siente con todo 

el sentimiento.


Si hay que amar, se ama

y se ama con profundidad,

no se queda uno eternamente flotando 

en la superficie.


Porque es el único modo de encontrarle sentido

al presente.


​Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 

REFLEXIÓN FINAL

​Es peligroso confundir sensibilidad con susceptibilidad; pues no siempre es el alma la que sufre sino simplemente el ego. 

No es saludable, psicológicamente hablando, interpretar la empatía de los demás como intentos de control, y la cercanía como intrusión, en vez de como conexión emocional.

​Te invito a que esto te sirva de reflexión. A mí me sirve, porque también yo, en muchos momentos, me dejo arrastrar por la sombra del dolor sufrido; y creo que es conveniente, en algún momento, parar y tomar conciencia de que estamos aquí por poco tiempo y cada día no tiene por qué ser la condena del siguiente.



María Villalón y Falete– SOS

2 ago 2026

EL GLACIAR EMOCIONAL Y EL MURO DEL MIEDO

Estamos viviendo un auténtico glaciar emocional.

​En su momento, predije que la pandemia traería consecuencias inevitables en la conducta humana si no poníamos de nuestra parte y, al parecer, así ha sido. Hemos ido haciendo cada vez más enorme ese abismo entre nosotros. 

Y no me refiero solo al aspecto físico —donde la mayoría vivimos tras una pantalla una gran parte del tiempo—, sino al nivel sentimental.

​De un corazón a otro hay hoy un verdadero mundo lleno de dudas, miedos, prejuicios y distorsiones cognitivas. Es más difícil que nunca llegar y tener acceso al  de los demás.

La ilusión de la desconexión 

​Ahora, con el avance de la inteligencia artificial, esa necesidad biológica y social de conectarnos parece desvanecerse. Estaremos conectados virtualmente, pero, por lo visto, necesitamos menos un abrazo... o eso es lo que desgraciadamente pensamos.

​Priorizamos una supuesta tranquilidad mental y emocional por encima de la presencia y el contacto físico. Sin embargo, esto es una mentira con la que nos autoengañamos para sentirnos a salvo.

La reealidad es que solo estamos logrando enfermar nuestro sistema nervioso y nuestro espíritu.


​El rechazo al contacto sincero

​Honestamente, me preocupa esta situación. Veo y siento cada vez más frío entre las personas.


​El muro de la distancia

Cuando quieres abrazar a alguien, te encuentras con un muro.


​La culpa de sentir

A veces te sientes culpable por no haber pedido "permiso" para abrazar a una antigua amiga o a un conocido que atraviesa o ha atravesado un momento difícil, asumiendo que necesitaría ese abrazo tanto como lo necesitarías tú en su lugar. Pero parece que ya no es así.

​El muro del miedo ha crecido y se ha convertido en la coraza que viste a cada persona con la que te cruzas: el vecino, el amigo, el conocido... a cada cual.


El refugio de la indiferencia

​Tengo un llanto interno e incesante por esta realidad que me disgusta, me asusta y me hiere profundamente como ser humano.

Veo cómo se esconde el amor detrás del miedo, y el miedo detrás de la indiferencia.

​La indiferencia parece ser la única "valiente" que se atreve a dar la cara y mostrarse ante los demás; eso sí, fingiendo si lo considera "necesario" una sonrisa que no siente, mediante un saludo que no la comprometa a nada... y mucho menos a sentir la verdadera felicidad de conectar con otra alma.

​¿Nos hemos resignado ya a vivir tras la coraza o todavía quedamos algunas personas dispuestas a romper el hielo?

Te leo abajo, en comentarios.


Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 


 
The Korgis–Everybody's Got to Lear Sometime