Si a una historia de amor le quitamos el drama, el misterio innecesario, la complicación y el artificio, queda lo esencial: una historia de amor sencilla. Y a cierta edad, ¿a quién no le gustaría vivir un amor así?
Hay tanto por disfrutar, descubrir, compartir y construir cuando la ausencia de tempestades, propias de amores inmaduros, deja paso a la madurez y a la serenidad...
Encontrar, o para expresarlo con mayor precisión, que no hay búsqueda previa, reconocer a la persona adecuada para mantener una relación de este tipo resulta un verdadero privilegio: de paseos tranquilos por el campo, apoyo mutuo para alcanzar los sueños, y conversaciones pausadas donde ninguno necesite tener la razón ni convencer al otro, sino solamente por el placer de comunicarse. Y, por supuesto, con el sentido del humor como invitado de honor: imprescindible en cualquier relación interpersonal y esencial en una sentimental.
Una relación de pareja viviendo una historia de amor sencilla es un espacio perfecto para disfrutar de momentos de música, lectura y creatividad; tal vez contemplando cómo crecen las margaritas en el campo y en la vida, sin tener que deshojarlas para averiguar cada día si el amor permanece.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
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