Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

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6 jun 2025

EMOCIONALISMO

¿Cuánta es tu capacidad de sentir emociones?

Déjame llenar tu vida de emoción.


EMOCIONALISMO

"La vida es una sucesión de emociones."


Próximamente a la venta.




5 jul 2017

DÍA SURREALISTA

Martes, seis de la tarde.

Vuelvo a casa, de urgencias médicas, con el brazo como un Roscón de Reyes pero sin sorpresa dentro.

Es debido a un caída libre, de cuerpo entero, a lo loco me lo bailo, que tengo a las doce del mediodía, de este mismo día, en un hueco de árbol, sin árbol, frente al ayuntamiento de mi barrio.

Entre mi vista de lince dormido y mi despiste, al no ver árbol, tomo la acera con toda la confianza de pensar que era jauja. Un señor, que me ve caer, muy amable, me ayuda a incorporarme:

-Vamos a la sombra, maja, que te has metido un meneo del trece y martes, siendo cuatro.
-El hombro es lo que más me duele-Le digo. Pero claro… no es médico el buen hombre, aunque lo parece.

Me aconseja ir “de feria” al ambulatorio más próximo, a que me curen las heridas de las rodillas que también se han golpeado; lo sé porque son mías, pero sobre todo, el brazo, cuyo hombro, por falta de hombre que lo haya agarrado a tiempo parcial, se resiente con creces y por momentos.

Vuelo, como aquél que dice, al ambulatorio, por consejo de ese espontáneo. Después de bastante tiempo esperando, la doctora me dice que acuda lo antes posible al hospital por si hay que darme otro meneo, bien dado, para recolocar esa articulación en su lugar.

-Cuanto antes mejor, no se me demore demasiado en acercarse al sitio recomendado que allí la esperan con los brazos abiertos, para hacerle lo que haga falta, aunque sea un poco de daño, del modo que sólo lo saben hacer ellos que son expertos.
-Bueno, -le comunico, sin alegría ninguna empero. -Pero antes me pasaré por casa un momento.
-¿Para qué...? Le digo que vaya veloz.
-Para recoger un fular o algo, por si los aires acondicionados… No estoy ahora para coger frío también, usted me entienda.
-Pues recoja lo que sea pertinente pero no se me entretenga que el hospital seguro que tiene sitio para uno más y a estas horas además no suele estar demasiado concurrido y verá qué pronto la atenderán.

Bien. Allí dirijo mis pasos -que vuelven a las andadas- para encontrarme con un panorama de espanto: Gritos y gemidos, caras pálidas, muletas, sillas de rueda… Jesús qué fiesta.

Y vuelvo al lugar del inicio de este breve relato. Decía que regresando a mi casa, con el brazo en cabestrillo; lo anterior me lo salto por ser asunto privado y reservado solamente a los más allegados, me encuentro ya en mi calle, con unos vecinos que además son amigos y majos, a los que hace tiempo que no veo. En este caso no es problema de mi vista sino del tiempo.

Estamos contándonos las mil penas de nuestros historiales clínicos, tan amenos, porque yo vengo de urgencias, les digo, así, presumiendo, y ella que de cirugía ambulante, me dice, tan campante. ¡Ele, hoy, cuatro de julio, cómo celebramos los de aquí, El Día de la Independencia de los Estados Unidos!

Él ya se ha repuesto, casi, de un atropello sufrido en un paso de cebra hace algunos años, y tiene poco ya, felizmente, que contar al respecto.

Nosotras nos reímos con nuestras anécdotas de currículums de cuerpos de jota; casi ni se nos nota, porque estamos las dos bien contentas y la mar de hermosas. Pero la procesión va por dentro, dicen, y es procesión silenciosa…

-Mira,- me dice en un determinado momento- tras de ti, a la entrada del portal de al lado, hay un chico desnudo que está dando paseos… No sé qué querrá.
-¿Qué dices… deliras de día?
-Que sí, que es verdad. ¡Date la vuelta y verás!

Y es cierto. Allí hay un joven, muy guapo y de unos 25 años, como Adán, pero en vez de hoja de parra, se había colocado, delante de sus partes íntimas, un papel en blanco.

-Pero antes sin papel, ha venido a mirar. Ha debido de encontrarlo después.
-¿Y no me avisas?- Le reprocho. -¡Ten para eso amigas…!- Se ríen, ella y compañía.

-¿Tienes algún problema, amigo? -Le pregunto amablemente, al desnudo y descalzo, que parece querer decir algo que no llegamos a captar.
-Sí, que necesito que alguien me abra el portal.
-Llave no tenemos, porque no vivimos ahí ni conocemos a nadie que viva-Le informo.

Nosotros seguimos comentando, desconcertados; en voz baja, claro, para que no se ofenda el menda, sobre la situación surrealista que se presenta ante nuestros ojos. Yo, todavía, con la pulserita del hospital en la muñeca derecha y, como antes he dicho, el brazo en cabestrillo, ella con el apósito sobre el pinchazo de la anestesia o del suero, son los únicos adornos, además de nuestra vestimenta, que llevamos puestos; pues los tres íbamos cubiertos con sencillas prendas veraniegas; esa rara costumbre que tenemos algunos de salir con ropa a la calle. Ya ves... con lo fresquito que se va, con nada por detrás y un simple papel por delante.

La verdad es que, hablando en serio ahora, cuando una está vestida, se siente con la necesidad de ayudar al prójimo que no lo está, sin necesidad de recordar aquella Obra de Misericordia Corporal, que dice "viste al desnudo”.

-¿En qué te podemos ayudar? -Le vuelvo a preguntar, después de que nos da una explicación absurda sobre que ha pasado a casa de su madre y después se ha cerrado la puerta del portal.

-¿Pero es que iba a casa de su madre sin atuendo?- Nos susurra mi vecina incrédula, a su marido y a mí.
-No cuela.-Dice su marido.
-Yo tampoco lo comprendo.

Seguimos sin entender lo que nos trata de explicar.

-Ten cuidado, por lo que pueda pasar, a ver si va a ser un tipo raro- me aconsejan mis vecinos- o déjale ese fular tan mono que has llevado al hospital.
-No, el fular no se lo dejo que es especial urgencias del cuatro de julio y me puede servir para el próximo año o para los demás.
-Pues tú verás… pero nosotros pensamos que todo esto es muy extraño… no sabemos qué querrá.

Mientras deliberamos qué hacer con el chico y su desnudez, él sigue rondándonos, como una avispa pero con piel, a dos o tres metros de distancia, enseñándonos sus glúteos bien apretados; porque el chico está tremendo. Esto, por educación me lo estoy callando, pero las cosas son como son y así hay que contarlas; hasta con mi vista corta lo puedo atisbar.

Sale un vecino, del portal codiciado por el susodicho, y pese a que le ruega que le deje pasar, no le permite la entrada. Nos dirigimos a él, animándole, “hombre déjelo entrar que el chico va a coger frío, siendo verano juliano”. Pero ni caso que nos hizo; el señor se larga sin decir ni pío.

Y vuelvo a querer enterarme de cuál es su situación y a prestarme a darle auxilio. Suponiendo que lo que precisa es entrar y cuanto antes en su casa, si es que vive allí que, según decía, sí.
-Que... ¿en qué te puedo ayudar? ¿Quieres que llame al 112? -Pienso que se ha dejado la llave dentro y tendrán que abrirle los bomberos o algún cerrajero…Porque no me cabe en la cabeza cómo va a volver a pasar a su casa, si llave no tiene, que a la vista está, no necesitamos preguntarle siquiera, sólo una hoja de papel, repito, que sujeta con sus manitas morenas.

Mis amigos insisten:
-A ver si te vas a meter en un lío. Es muy confuso lo que explica. Tú misma.
-¿Pero no nos vamos a ir y le vamos a dejar así?-  Les comento- Pobre chico… necesita cobijo. Y nosotros, viniendo de lo que venimos, del hospital y sensibles… ¿qué menos que ayudar a un desconocido a que tenga la oportunidad de volver a vestirse?
-¡Que tú misma, hija!-Repite mi vecina.

-Que soy vecino del tercero, y que sólo quiero entrar al portal.-Responde el chico.
-Pues llama a algún timbre del portero automático para que te abran.
-Ya lo he hecho pero no me abre nadie.
-A ver, vuelve a llamar.

Alguien responde al otro lado del telefonillo.
-¿Síiii?
-Hola, buenas tardes, ¿qué tal está usted?- Saluda muy educadamente el joven en paños ninguno. -Educación no le falta, desde luego, así tal y como está, en cueros.
-Bien. -Responde el vecino en off.
-¿Me puede abrir la puerta?
-No.
-¡Pero al grano! -le digo.
-¿Cómo dice?... -Me interroga el vecino.
-Nada, nada, mire, por favor, abra la puerta
-No nos lo permiten. Por eso de que tenemos órdenes de la comunidad de propietarios de evitar el paso a desconocidos que puedan hacer estragos en nuestras comunidades.
-Ya lo sé, soy del portal de al lado y estoy al tanto. Pero oiga, -insisto- en este caso es menester que le abra la puerta a este chico, que dice ser vecino del tercero o del quinto, pues está en una situación… ehhh, difícil de explicar.

Y va y le abre.

-Muchas gracias, muchas gracias –Me repite el muchacho- Muchas gracias, de verdad, -Reitera insistente. Y, con ese revuelo que ha montado, desaparece de mi poca vista para siempre. O tal vez algún día me lo vuelva a encontrar pero no sé si sabré reconocerlo si va vestido, porque entre mi vista de lince tuerto y mi despiste… Pero siempre recordaré que en un cuatro de julio, tras venir del hospital con materia reservada y pronóstico favorable, prescripción de analgésicos portátiles; que no consumo al gusto, y nueva visita al traumatólogo de zona, programada, me alegró mi poca vista, un ser humano de género mas-culino, desvestido como Dios manda, que con ahínco me rogó que le ayudara a hacer mutis por el foro del portal vecino. Y ahora mucho más, por haberlo escrito.

Y repito, así celebramos aquí los cuatro de julio de allí.
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Pero, vamos, a situación pasada, yo tengo mi propio argumento de los hechos y creo que algo más coherente. Y es la siguiente:

Seguramente no vivía allí y estaba acompañando a alguna mujer que sí. Algo hizo él que a ella no le gustó y le arrojó la ropa, calzado y otros objetos personales, fuera de la casa, por la ventana o quizá por la terraza, para que se largara a todo trapo pero sin trapos. Él bajó corriendo y se asomó un momento desde el portal para recogerla y en eso que se le cerró la puerta. Y allí estábamos nosotros, intercambiando nuestras historias curiosas, de enfermedades y médicos.

Cuando comprobó que no había nada en esa parte de la calle, pues seguramente arrojó  las cosas por la terraza, que da al otro lado y él desconocía por no ser inquilino, como digo, de estas casas. No llamó al timbre de ella porque sabía que no iba a abrírle, o tal vez llamó pero ella hizo caso omiso. Por eso quería volver a entrar en el portal para hacerlo, directamente, en la puerta principal de la esposa, novia, amante, o lo que fuera, hasta que le dejara entrar de nuevo, pensando en que no era cierto lo que le dijo de haberle tirado la ropa a la calle, desde el piso. Imagino que le tocaría más tarde, si no consiguiera ablandarle el corazón a ella, bajar de nuevo a la calle y rodear el edificio, así mismo, con ninguna prenda de vestir, o algo prestado de algún vecino, para ir al patio trasero a por lo que era suyo y allí le esperaba.. o eso creo.

Y esta es la explicación más congruente que le encuentro a esta situación, que ni me va ni me viene, pero mi imaginación ha rellenado los vacíos de información que tiene la historia que nos contó. Como no he podido dormir, por algo de dolor y por no saber postura que poner, he aprovechado a dedicar un rato al grato arte de la narración.

Y he pensado también que pudiera ser que fuera gay y que, la otra parte de la historia, en vez de ella, fuera él. Pero esto, básicamente, no cambia mi tesis.

A todo esto… con un solo brazo disponible, no sé ni cómo escribo esto. Llevo desde las cuatro de la mañana dándole al teclado y con migraña incipiente. Y son las cinco ya, del cinco del siete del dos mil diecisiete, así que lo publicaré a las siete.

Feliz jornada a todos.

Ángeles Córdoba Tordesillas


11 may 2017

UNA HISTORIA SIN PIES NI CABEZA, COMO LOS GUANTES (TERCERA PARTE)

Elvira, la mujer de Ambrosio, estuvo un par de veces llegó a perder los papeles, debido a la situación tan tensa, compleja y dual que estaba viviendo bajo el techo de su propia casa.

Ya habían encontrado algunos de ellos: Bajo el sofá, los del seguro medico y entre la ropa sucia - donde no se hallaba, ni por casualidad, la tan traída y llevada prenda de vestir de su marido- el contrato del alquiler del piso... La señora, con estudios de magisterio, estaba consternada. Se disculpó diciendo:

-Vosotros diréis lo que queráis pero esta situación es ya insostenible; y no me refiero a que peséis justamente el doble los dos juntos. Es que no hay quien pueda soportarlo. Me supera por todas partes. Pasa de castaño oscuro a negro noche sin luna... Ni en mis peores tiempos de escuela tenía los nervios tan destrozados.
-Elvira, seguramente por mi edad, he comprendido que es más saludable tomarse las cosas con tranquilidad. Y, sobre todo, tal y cono vienen. Lo mismo pienso de las infusiones; por eso me importa un bledo sin van con azúcar, miel o sacarina. No me sulfuro por nada. Todo tiene su lado bueno... Y además no se te ajará el cutis.-Le sugirió la parte de Inés Leonor que tenia la fusión española, análoga a la tortilla, de la que se podría decir que ella era la patata y él, Ambrosio; nacido en Argentina, el huevo bien batido. Y no quedaría más remedio que colocar, en este exquisito plato, ejemplo de deliciosa y casera fusión como ninguno, a doña Elvira haciendo las veces de esa cebollita, opcional, que particularmente adoro, que da tan buen sabor a semejante manjar, servido en cientos de miles de bares cada día, en esta península ibérica.

Pero ella, como buena cebolla, siempre insatisfecha, que sólo movía al llanto, no le gustaba más que la compañía de su huevo, y frito, marido. Siempre había pretendido ser la única compañera vegetal en su vida. Y ahora la presencia patatera y constante  de Inés Leonor le producía inquietud y mucho más… le desquiciaba.

Dejando a un lado, y en plato llano, la tortilla española, hay que reconocer que si uno se pone en el lugar de Elvira, no será difícil entender a la buena mujer. Pero no lo hagamos... seria demasiada cebolla... para llorar. He dicho que dejaría aparte la metáfora tortillera y así lo haré.

Ambrosio prácticamente no abría el pico, intentando asumir su extraño destino. El que sí lo hacia a menudo y para replicar en verso sublime, era el loro de Inés. A quién habían tenido que incorporar a la convivencia familiar pues tanto paseo de una casa a otra les trastocaba los planes de descanso, amén del desgaste de suelas de los dos pares de zapatos que tenían por costumbre calzar en los pies.

Flamenco, el loro, había tomado algo de tirria a Ambrosio, sin saber muy bien porqué... Y se metía con él y con su, ya popular, americana, diez minutos al día:

-Ambrosía para el paladar, sería, que te hubiera engullido, Ambrosio, aquella cornisa...y, de paso, a tu espantosa chaquetita.
-¡Flamenco, deja al trozo de cornisa en paz que no te ha hecho nada. Sigue con lo tuyo!-Le reprendió su dueñita, con cariño.
-"Lo mío" es que daré un recital de poesía, en la próxima temporada, en la gloriosa Andalucía. Y Ambrosio no está invitado. A ver cómo te lo montas dueñita.
-¿Qué día?... ¿Cuándo?-Pregunto Ambrosio.
-Cuando me dé la gana...
-¡Flamenco...!-Le avisó Inés Leonor, con cierta empatía juvenil.
-Pero siempre dentro de la próxima temporada. Ejém. Pero si vas, porque no haya más remedio debido a esa absurda fusión hecha con mi Inés Leonor, no te pongas esa chaqueta. por lo que más quieras -que no seré yo- el día del estreno, que me estrello; me dará mala suerte y te la devolveré en mala pata para que, bien desempleado, esperes en la cola del paro hasta que te congeles.
-¡Flamenco, no quiero tener que volver a llamarte la atención! La próxima vez te echo por encima el telón del sueño obligado.
-¡Está imposible este loro hoy!...-Protestó Elvira, la cebolla fina, maestra de pueblo.
-Tú si que eres una lorita cansina, Elvirita, tal para cual sois la parejita, que yo tengo alma de jilguero y no soporto al que le huele el aliento... y a cebolla menos.
-¡Flamencooooo....!-Repitió Inés Leonor.-Muy bien, tú te lo has buscado.
-Puñetero loro… -Protestó Elvirita... sin mala intención.
-No soy un puñetero loro… Soy el Machado de los pájaros.
-Te has ganado a pulso hoy, el sueño súbito. Ya está. Y no quiero oírte que imitas los ronquidos de Ambrosio, que duermes en el patio. ¿Me oíste?-Amenazó Inés Leonor antes de sacudir el pañito para cubrirlo.
-Recito de carrerilla: "Voz sincera de palabra noble soy. Fiel, leal como compañero de batalla perdida. Sabia y de alma valiente pero presumida. Daré un recital para cualquier amante de la poesía, en el teatro Real de Madrid o en alguna playa de Levante... Tanto me da, si consigo aplausos Dios mediante". ¡Levante este trapo viejo, que no veo el más allá... diantre!...........................Zzzz
-Por fin, algo de tranquilidad en esta casa.-Suspiró Elvira.
-¡Hogar dulce hogar! - Exclamó, aliviado, Ambrosio.
-A ver, cari-Leonor, que ya está preparada la cena. Fusionaos como es debido para sentaros en la mesa.
-Mmm... Huele bien... ¿Qué es?-Dijeron a dúo los protagonistas principales.
-Tortilla de patatas.-Contestó Elvira.

A pesar de que la convivencia no fue fácil, con el tiempo aprendieron a respetarse o eso deseo porque no pasaré del capítulo tercero. Así que aquí pondré FIN a esta historia disparatada deseándoles, y deseándoos a todos, buen provecho.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



13 feb 2016

LA VIDA TE DA SORPRESAS, AY DIOS

En plena burbuja inmobiliaria, había tal fiebre por comprar pisos, y todo tipo de viviendas, y reformarlas enseguida; tanto por los propios vendedores que tiraban algún que otro tabique y les hacían un “lavado de cara”, con el objetivo de venderlas de forma fulminante, pasando por inversores que las adquirían en pésimo estado y para, tras rehabilitarlas y dejarlas preciosas, venderlas después, como hasta aquellos que, hipotecados hasta las cejas, extendían dichas hipotecas, más allá de las estrellas del firmamento, llegando a prolongarlas para varias vidas, con tal de dejar su piso, recién comprado, hecho una monería de feria.

Todo un despropósito total y absoluto, es verdad, pero no se trata de ningún cuento. Tanto era así que prácticamente una hora de trabajo de un albañil era más cara que una de un médico privado o un notario, incluso. Es decir, no se encontraba fácilmente, una empresa de reformas que te pudiera prestar sus servicios antes de dos o tres años… Había cola.

No era, por tanto, extraño lo que me sucedió un día cualquiera dentro de este momento que relato y de este país en concreto:

Iba por la calle, tranquilamente, volvía de la ferretería de mi barrio de comprar un metro y un serrucho, pues tenía intención de hacerme yo misma unos marcos para mis cuadros, y de repente, salieron de un coche dos personas, hombre y mujer, de mediana edad y, prácticamente, me secuestraron. Me vieron con el lápiz colocado sobre la oreja y el mango del serrucho asomando por la bolsa de tela y se pensaron lo que no era... 

-Rápido, necesitamos con urgencia que nos termine una reforma que unos pringados la semana pasada han dejado a medias. -Y me llevaron a su chalet, de dos plantas con buhardilla, a las afueras.

Así ocurría en esos tiempos. A cualquiera que anduviera por ahí, vestido con mono azul, le agarraban y se lo llevaban poco menos que a rastras a hacer la chapuza que fuera.

El estupor que sentí no fue pequeño. Me encontraba en medio de un salón más grande que toda mi casa y con una familia extraña, matrimonio y cinco hijos, que me rodeaban con mirada suplicante.

-Por favor, termine este tinglado obreril. Tenemos toda la casa patas arriba. Mire, la cantidad de ladrillos en las esquinas… y los niños, con tanto polvo por todas partes, no pueden respirar casi y el pequeño está con un asma galopante.
-Pero si yo no reformo… iba para mi casa tan campante.
-Por favor, se lo pedimos de rodillas, si hace falta.
-Que no, que les digo que no. ¡Que no reformo y no reformo, se pongan como se pongan!
-Hágase cargo, se lo rogamos. Esta situación es insostenible…
-Ah, muy bonito, y quieren que venga yo  a sostenerla…
-Le pagamos lo que sea… por dos horas, una jornada completa.
-Pero oigan, que yo no sé de esto, ¡vamos, que no tengo ni idea!
-Inténtelo al menos. Mire, le damos por adelantado una pasta gansa y dos pagas extra.
-Bueno, déjenme pensarlo… ¡Venga, ya lo he pensado! Alcánceme el metro que voy tomando medidas… no perdamos más tiempo. Si lo hace cualquiera, lo puedo hacer yo misma.

Y así fue como abrí mi empresa de “Construcciones Ale Hop y Reformas en general. S.L.”

A continuación relataré cómo abrí el segundo negocio que tuve. Fue una pastelería. Salí de casa, un domingo por la mañana, comiendo una magdalena…

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



1 dic 2015

CON TODOS LOS GASTOS PAGADOS

Sarita y Julio estaban la mar de contentos porque irían al mar ese otoño en viaje de regalo de concurso de radio y con todos los gastos pagados. No les importaba si había mosquitos trompeteros o cualquier otra especie de insectos o tiburones. Lo único que pretendían era vivir el momento, como les había recomendado su hijo, Ernesto, un constructor muy honesto.

-Qué maravilla de playas, Julio, y con todos los gastos pagados. Estoy que no me lo creo. Pellízcame a ver si estoy despierta…
-Mujer, ¿para qué quieres que cometa semejante violencia de género, si está claro que estamos soñando pero despiertos?.. ¡Figúrate, con todos los gastos pagados!
-Ni eso puedo pedirte, por Dios bendito... A un pellizquito cariñoso me refería, nada más, que todo te lo tomas por el extremo oriente y no se bromea con esas cosas. Anda, hazme entonces una carantoña u otro numerito de ahogarte en medio del océano, como hiciste el pasado verano, cuando estuvimos en Torrevieja, sin gastos pagados, que me hizo tanta gracia que aún me duelen las costillas de reírme, pero por la otra punta.
-Tengamos las vacaciones, con todos los gastos pagados, en paz, Sarita. Hay mucho que disfrutar, no es momento de sacar todo tipo de registro ni de persecuciones paranoicas.
-Tienes razón y mucha. Y por una vez te la voy a dar. Me tomaré el resto del tiempo en este paraíso, con todos los gastos pagados, como si fuera una fiesta cada día y así cuando volvamos y le contemos a nuestro hijo cómo ha ido, podremos decir que bien y no engañarle que a él no le gustan las mentiras.
-No, señor, no le gustan. Ha salido en eso a mí.
-¿Quieres decir que yo miento, Julio?
-No precisamente. Pero soy mucho más sincero que tú, de aquí a Lima, incluso con todos los gastos pagados.
-De aquí a Lima se dice cuando uno está en España. Aquí esa expresión se queda corta porque estamos en Isla Margarita y más cerca de Lima de lo que piensas. Tendrías que sustituirla por ejemplo por “de aquí a Londres”.
-Va a ser lo que tú digas… pues mira de aquí no me muevo ni con el pensamiento que tenemos todos los gastos pagados. Ahora debemos pensar en qué queremos gastar lo que podemos gastar, porque dado lo poco acostumbrados que estamos al gasto superfluo…
-Es verdad, casi me olvido, menos mal que me lo has recordado ¡Qué suerte la nuestra, con todos los gastos pagados que viajamos! ¡Lo vamos a pasar genial!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©






25 nov 2015

MARATÓN TELEVISIVO

Uno, dos, tres, algo para picar, cuatro, cinco, una escapada al servicio, seis, siete... Otilio terminó con un dolor de cabeza terrible, viendo tanto programa seguido de televisión. Era sábado y tenía que hacerlo. Era el ritual acostumbrado para no pensar. Qué maravilloso era estar vivo, pese a todo…
  
Hubo un tiempo en que compartía piso y vida en pareja con Sabrina. Hacían proyectos que nunca habrían de realizar. Pero, aún así, era fantástico tener con quien imaginarlos. Los fines de semana, juntos, eran una delicia. Los echaba de menos pero… intentaba no amargarse la vida por culpa de la decisión precipitada de ella. 

Se dijo a sí mismo que era estupendo ver siempre las cosas de forma positiva. Sí, obviamente era hombre afortunado por pensar de este modo. 

Y al día siguiente, ¡la final del partido de fútbol! Podría pedir una pizza y algunas latas de cerveza. Estupendo, no tendría que fregar un plato… ya no quedaba ninguno limpio de la vajilla completa. Todo era formidable... nunca entendería por qué ella se marchó. Lo que se estaba perdiendo… Otro hombre como él, no lo iba a encontrar fácilmente. 

“Desde luego, a las mujeres no hay quién las comprenda. Ni ellas mismas saben lo que quieren. Y pese a mi probada esterilidad, siempre podríamos adoptar, si se le hubiera encaprichado ser madre; como cuando se le metió entre ceja y ceja matricularse en la universidad para hacer una carrera, así, a sus treinta y tantos, y se lo permití, sin problemas. Abierto, como soy, al diálogo en pareja... En fin, mejor es no seguir dándole vueltas al tema, no me lleva a ninguna parte.

...Y teniendo un futuro profesional asegurado. ¿Quién podría decir eso, en tiempos de crisis? Con un puesto estable, de enterrador. Con las ventajas de trabajar para el Estado. Menudo chollo soy yo… Podía ofrecerle una estabilidad económica, una seguridad; siendo mujer tan insegura para todo, como era ella…  

Cada vez que recuerdo que decía que la trataba como a una perra, solo porque le hacía recoger mi ropa interior con los dientes para echarla a lavar, es que me entra una mala leche impresionante. ¡Nada más era un juego inocente! Nunca entendió mi sentido del humor… y de la noche a la mañana, se larga... Total, porque algunas veces se me fue la mano... 

Que no tenía detalles, decía… y la trataba como a una princesa. Y todo le parecía poco. ¡Si hasta le regalaba coronas de flores estando viva… aún…! ¡¿Qué más quería que hiciera por ella?!”.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


22 nov 2015

UN DÍA BONITO... POR DENTRO

Todo en calma. A merced de los acontecimientos que narraré a continuación:

Tenían proyectado ese día de campo, desde que nacieron. Así que era domingo, en medio de una ola de calor que derretía hasta las varas de las sombrillas y fundía el metal de los enganches de los puentes dentales. Mucho calor, para pasmarse. Toda la familia al completo con sus respectivas tarteras de plástico.

A la orilla del río, los niños jugaban aturdidos con algo de agua que quedaba, más que en un charco, tras esas altas temperaturas y las exiguas lluvias de la última primavera. Los caracoles, con sus cuernos bien puestos, paseaban presumidos sobre las piedras. No había palmeras porque no era el desierto, tampoco hay que pasarse, ni Alicante siquiera.

Bajo la sombra de un árbol de copa ancha se cubrieron las espaldas del sol vengativo, como el que más, cuando a uno le pilla distraído y con cincuenta grados a la sombra.

-¿Para qué te has traído las castañuelas, hija, con el calor que hace?
-Para ensayar. Tengo una clase de flamenco consentida por ambas partes, examen incluido, a mediados de esta semana en la escuela primaria BBB, de bailes bien bailados.
-Con lo bien que hubieras estado, como tus hermanos, a flote en estas aguas turbias de tres centímetros de profundidad, sin banalidades castañeriles.
-Papá, que ya no tengo nueve años… por favor…he cumplido diez la semana pasada.
-Disculpa a tu padre, hija, hay cosas que se me pasan por alto, como la azotea de la casa que todavía no la he estrenado y está allí desde que la compramos o eso decís, o como el hueso del perro cuando tu madre se lo lanza desde lejos.
-No te preocupes papá, te quiero a pesar de todo, sé que estás en una edad difícil, cerca de la adulta, y nos hacemos cargo. Tendremos toda la paciencia que haga falta contigo.
-Gracias, hija. A veces escuece tanta comprensión filial.
-¿Qué más puedo hacer por ti?
-Nada, ya es bastante con saber que estoy aquí y que a pesar de que no te he parido he contribuido, y lo sigo haciendo, a tu manutención formidable, yo, hombre de gustos sencillos. Y mira qué nubarrón negro nos viene por derrame del cielo. Y al fondo a la derecha se abren algo esas otras nubes y un rayo de sol ahora me ha entrado en el ojo, como inmigrante llegado en patera hasta la costa española. Perdona, hija, he dicho que no te pedía nada, pero si me haces este favor temprano de interponer tu cuerpo entre el sol y mi rostro, que me está haciendo polvo las retinas, te lo agradeceré toda la vida próxima, como si fuera ésta.
-Por supuesto que sí, papá, aquí estoy yo para que no te ciegue el sol y venga esa sangría nacional con rodajas de fruta fresca, sin alcohol y para niños superdotados.
-Mira, la mayor ya está despatarrada y estirando las piernas hasta un país vecino y la pequeña está jugando con un diplodocus de la edad del pavo.
-¿Un diplodocus? ¿Y de dónde lo ha sacado?
-De la edad del pavo, te digo, seguramente prehistórico. No te lo puedo afirmar con certeza porque no lleva matrícula, ni por detrás ni por delante.
-Ah, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos.
-Según...
-¿Por qué dices según, Segundo? ¿Echa fuego por la boca?
-Así es. Será por la crisis. Yo no le daría demasiada importancia... no vaya a ser que si se lo retiramos de la vista a tiempo, la niña se nos traumatice y el traumatólogo está de baja.

Una tormenta innecesaria les pilló sin recambio para las piernas y no les dio tiempo a salir corriendo… Así que un rayo celestial les abrió, amablemente, las latas de conservas y las chapas de los botellines de cebada líquida, ya más calientes que un sapo de verano.

-Recogeos rápido que estas lluvias infiltradas nos van a fastidiar la jornada campestre. Vamos, esas castañuelas que se te escapan entre los arbustos y te salen por peteneras.
-Niños, quitaos ya los chubasqueros de encima de los trajes de baño que os vais a mojar ahora sí que sí y de lo lindo.
-Mami, la goma del cabello se me ha encogido y no me entra la coleta. No puedo soltarme el pelo, soy demasiado joven para ello, y se me enfosca como una verbena de pueblo… y luego, a última hora de la tarde tengo una cita con un chico que me gusta bastante.
-Pues toma la cinta de la parte superior del bikini de tu hermana, no es tan moderna como tú, pero dada su corta edad aún, seguro que no le importa refrescar sus encantos al viento.
-Bueno. Se la pediré pero tengo serias dudas de que vaya a entender la situación momentánea.
-Ni hablar, no me quito la parte de arriba ni harta de sangría infantil que ya se me nota algo de bulto.
-Si no se te mueven ni al bailar las sevillanas…
-No, no te empeñes. A veces es peor el remedio que la enfermedad. Que se te rice el pelo y yo tapada como es debido. Somos una familia numerosa pero decente.
-Pero no sigáis discutiendo que tenéis tres lagartos haciendo cola para tumbarse sobre las rocas, como en la caja del Alcampo. Ya arreglaréis vuestras diferencias en casa y Jesús bendito, cómo se está poniendo de agua la nevera de campo y las toallas para secar los cuerpos serranos.
-Querida, me cuesta decirlo. Sé que teníamos todos, mucha ilusión en que este día fuera maravilloso pero se nos está echando a perder de una manera espantosa. Me atrevería a decir, si me lo permites, que está siendo un verdadero desastre. Se me ha colado un rayo de sol por la entrepierna, a pesar de la interposición espacial de la niña que lo ha eclipsado todo lo que ha podido, y siete hormigas en la axila; que están las pobres descontroladas por no saber dónde meterse con este hedor que desprende. Y ahora va y cae toda el agua de la primavera pasada condensada que estaba, la desgraciada, o escondida para que no la viéramos, y se está llenando, hasta el borde, el pantano en un abrir y cerrar de mochila.
-Vámonos a casa, si queréis. Puede ser que el día ya no se arregle. Cuando comienza con estas cosas… es difícil. Se tuerce y se tuerce. Recuerda que nos pasó una vez algo parecido con aquella nevada que nos cayó en plena sierra de Granada… El tiempo climatológico tiene esta imprevisibilidad atmosférica congénita… ¡quién iba a sospecharlo! Y no íbamos preparados, como en esta ocasión que, sin saber por qué razón de intuiciones acertadas, nos hemos traído los chubasqueros sin necesidad de que ningún vecino nos dijera nada.
-En fin, el hombre del tiempo ayer dio pistas…
-Si, es verdad, pero pensamos que serían de aterrizaje.
-Pero cariño, si no habla nunca de aeropuertos.

Las castañuelas, finalmente, se fueron por peteneras con los lagartos y se llevaron la sangría de bebés a cuestas sobre las conchas de los caracoles retrasados en el tiempo.

Ya quedarían otro día para lo mismo pero en que las condiciones externas fueran favorables para familias viajeras y tradicionales como las orquestas de los pueblos. Un día bonito por fuera, habría de llegar, antes o después. Todos seguirían confiando en ello.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©



14 nov 2015

LA BOCA QUE BEBÍA LOS VIENTOS

Ni por el día ni por la noche se le daba bien a Antonia consolar a los animales de su granja rupestre. La gallina no ponía huevos por depresión mayor. La mayor de las vacas no daba leche por ansiedad colectiva. El cerdo no comía porque se sentía solo sin otros cerdos… Los conejos salían de las chisteras de los magos tras cada truco y allí ni mago, ni compañero más que el viento. O sea, que no había conejos.

-María Rosario, vete a dar de comer a los animales. Las cabras están pasadas de moda y no quieren que las ordeñen las nuevas generaciones. Ni siquiera por aquello de las tecnologías.
-Que no madre, que estoy en Londres a todas horas, haciendo el Erasmus y no vuelvo hasta que no lo termine, por lo menos. Que ahora estamos hablando por el móvil, en español. 
-Vaya por dios, siempre has de tener una excusa bien urdida, muchacha. Pues no sé qué hacer con estos patos. Quería hacer paté, pero no me atrevo a matarlos, mira que se me vienen todos los sentimientos encima en el peor momento. Si es que me conozco… ¿quién me llamaría a mí por el camino de la apicultura española sin abejas y con sembrado de amapolas al aire libre?… Anda, allá veo a Eustaquio y a su trompa, “el sordo beodo”, a ver si el hombre me quiere hacer el favor de rematarme algún pollo…
-No, buena mujer, yo estoy muerto desde la última primavera… ¿no lo recuerda?
-Ah, pues no. Ya veo que me ha leído el pensamiento…en blanco, porque oír no oía casi. Soy la última en enterarme de todo, en este pueblo. Ya me está molestando que nadie me recuerde nada. Qué lastima. Pues la carita la tiene bien, no tiene mal aspecto, no. He visto a otros peores y andan todavía en los caminos. Claro que por los adentros…
-Pues ya ve.
-Y tanto que lo veo ¿pero yo, entonces, por qué? A ver si voy a ser vidente o médium vidente.
-Eso será evidente… o que está ya medio ida por la soledad no elegida.
-Mire usted, no me diga esas cosas que ando chaveta perdida desde que se me fue la Antonia, del alma mía, no sé adónde, porque ya la memoria…
-¡Qué mal llevamos todos el paso del tiempo!… Claro que yo ya…lo mío no cuenta, no tengo inconvenientes con ese concepto… ¿Pero no se llamaba María Rosario su niña?... ¡si Antonia es usted!
-Pues mire que lo de la muerte… no nos hace mucha gracia, parece ser. No sabemos ya ni lo que queremos, Eustaquio.
-Creo que fue a Londres.
-¿Quién?
-Su hija.
-¿Ah, pero existe?
-¿Su hija?... Su hija sí. El que ya no existe soy yo, aunque usted me perfile todavía por aquí, por el huerto.
-¡Londres!
-Ahhh,  Londres también.
-Yo creí que era cosa de películas extranjeras… ¡Cómo cambian los tiempos y las mocedades! Ya ve usted, antes éramos jóvenes y ahora usted está muerto de viejo, supongo, o de la bebida descontrolada.
-Sí, sí de viejo y de aburrimiento. Este pueblo me aturdía más cada día.
-Qué pena…Bueno y, de todos modos, para esto mío, igual me da vivo o muerto. No tengo inconveniente por esa parte ¿No podría rematarme algún pollo, aunque sea, para que me avíe la cena de hoy?… Al fin y al cabo, si ya está usted fiambre, no va a condenarse por hacerlo. Los pecados solo cuentan mientras se está vivo.
-Doña, doña… Mire, le doy el repaso rápido a ese pollo y luego tiro para la gloria que quiero llegar hoy mismo, antes de que asignen mi cama a otro.
-De acuerdo.
-¡Pero corra… que se le escapa la vaca por naderías! No se quede ahí parada con la rutina de siempre, que le viene al pelo esa boca que bebe los vientos y yo me tengo que marchar ya mismo. Saludos y avisada queda. Ya no puedo decir que hasta otro día.

                                                                       FIN  LÓGICO

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarelita rápida pintada con estas gafitas que Dios me ha dado.

5 nov 2015

MOISÉS Y SU PROCEDER

Desenfrenado Moisés, con tres dedos de frente y cuatro manos por cuerpo, con los debidos argumentos a su madre, por dejarlo abandonado en aquel cestito en las aguas del Nilo, le leyó la cartilla de la “a” la “z”, una vez hubo secádose del líquido elemento.

—Hijo, ¿quién te ha enseñado a leer si flotabas dentro de un cesto sin maestro ni libro de texto?
—¡Oh mamy blue! hay cosas que son inexplicables, como la contaminación de los mares para los desinformados. He aprendido mucho, durante ese mece que te mece, noche y día, pero no me explico, a pesar de que no soy rencoroso, por qué diantre tuve que terminar así, de cualquier modo, en las aguas de ese Nilo reconocido oficialmente… ¿Acaso no fui hijo deseado?
—Claro que lo fuiste, alma mía, pero la cosas se liaron, como no te podrías hacer una idea formal, y tuve que meterte en ese capacho viejo y feo, y allá que te lancé a las aguas mortales. Pero las madres todo lo que hacemos está bien hecho… Ya lo ves,  aquí estás ahora, sano y salvo, y con directrices como para iniciar recorrido en una empresa propia. Has madurado más que un fruto de verano.
—Ya, mamaíta, pero creo que estoy algo traumatizado por no haber podido tener cerca su regazo y un biberón repleto de alimento lácteo.
—Venga, mi vida, no te hundas ahora fuera de la canasta ya, que nos quedaremos compuestos y sin Tablas de Mandamientos.
—Habré de visitar, tal vez, y no lo digo por complicar más las cosas que uno ama la sencillez y la desnudez -ya acostumbrado a ella-, a un buen especialista en psicología cognitivo-conductual o de la Gestalt que son tan modernos que te despachan en minutos.
—Pero esos son caros…
—Bueno, pues alguno clonado, seguramente más barato.
—Podemos hablarlo, primor, si lo crees necesario. ¿Qué te dice el corazón?
-Mami, el corazón lo dejé flotando sobre las aguas, aprendió a caminar solo, sobre ellas y después también fuera, y me envió un wasap diciendo que llegó a casa tres días antes que yo… ¿no lo ha visto por aquí, acaso?
-¿No me digas que se equivocó de puerta y se fue a la de la vecina de enfrente?… ¡Por todos los dioses! Llevo tres días escuchando la música a todo trapo, con festejo hasta las tantas. Pensé que tenía invitados ingleses o juerguistas… o las dos cosas. A ver ahora quién entra allí a buscarlo… porque a mí, ni una pizca de sal me regala.
—Yo mismo iré a buscar lo que es mío. Espero que ese corazón avanzado no se niegue a regresar a mi lado, que tengo un hueco enorme desde que se liberó del cesto presto y necesito quererla a usted, por ser mi madre.
—Ve, hijo… y vuelve por Navidad. Tendré preparada otra cesta, pero esta vez con turrones, mazapanes, y otros dulces y variedades típicas de la fecha, no temas.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

27 oct 2015

REPARTO DE TAREAS DOMÉSTICAS Y ALIMENTOS

Eusebia, mayor de edad y residente en Constantinopla, convivía feliz con Jenny, su querida planta carnívora, a la que tenía muy bien educada. No la consideraba mascota, era más bien una compañera de piso a lo estudiantil, pero ya con otra edad.

Los sábados y domingos, como ella pretendía tener descanso de su trabajo que era bastante pesado y monótono; pues consistía en transportar plomo a todas horas sobre los hombros, la buena de Jenny se ponía el delantal sobre sus pequeñas hojitas y se ocupaba de fregar los platos mientras su compañera de piso, se estiraba en el sofá y se atontaba con las películas de la “sobremesa asesina” de Antena 3. Aparte de esta tarea, también realizaba otras domésticas. Las tenían repartidas entre semana y los fines de semana, como he comentado, ella más Cenicienta que Eusebia.

Pero un buen día Jenny fue invitada al cumpleaños de un cactus tropical y se fue sin fregar los platos y sin avisar a su amiga íntima. Allí lo pasó en grande. Se hizo amiga de unas cuantas plantas ordinarias y ligó con un aloe vera bastante atractivo, al que miró con hojitas tiernas. Se le subió la clorofila a la cabeza y le dieron las tantas.

Eusebia, muy preocupada por la tardanza de Jenny, había llamado a la policía y a los bomberos forestales. En toda Constantinopla no se había producido una llamada de alerta tan tonta como aquella, desde hacía tres o cuatro siglos.

—A ver, señora… no puede usted considerar desaparecida a su amiga por siete horas que lleva ausente del piso.
—Puede ser que la haya asesinado algún psicópata desconocido y con mala sombra.
—¿No estará usted hablando en serio? ¿Tendrá alguna prueba, supongo, de lo que está diciendo?
—Mire, señor policía, ahí tiene usted todos los platos sucios… Ella, viva todavía, jamás hubiera dejado uno, con restos de comida, se lo digo yo. Ésa es la mejor prueba que puedo ofrecerles.

En medio de la conversación que tenía pinta de no tener fin, pues Eusebia es una de ésas que hasta que no termina teniendo la razón sobre sus hombros, como el plomo a diario, no para de discutir acaloradamente, se presentó Jenny tras la tardanza desesperada, con una risita floja, bastante delatadora por cierto.

—Mire, aquí tiene usted a su compañera de piso sin bolso, despeinada, y con torcimiento de columna vegetal.
—¿Cómo es posible que me hayas dado un susto así de grande? Menudo disgusto si te hubiera llegado a pasar algo, amiga… me hubiera tocado fregar los platos a diario.
—Tranquila, he venido para quedarme. A punto he estado de fugarme con un aloe vera. pero era tan soso que me hubiera terminado por suicidar contra algún cardo mariano. Siempre me contaron que los eucaliptos son mucho más divertidos pero no quedaba ninguno soltero.
—Bueno, pues todos contentos… Hala, vámonos de aquí, que nosotros sobramos.
—Ah, pues si sobran… vengo con algo de apetito porque en la fiesta solamente he bebido.

Y en un visto y no visto se zampó a todos los policías y a los diez bomberos de guardia. Ñam, ñam… y sin masticar.

—¡Qué traviesa eres, alma mía! Medio borrachina que has aparecido y encima vas y montas el cisco. Vamos a dormir anda, que ya van siendo horas y necesitarás hacer bien la digestión de estos cuerpos de funcionarios que te has metido para el tuyo, de un bocado troglodita casi.
-Buenas noches, Eusebia, te he echado de menos pero no me gusta reconocerlo.
—Vamos por partes, primero vete a dormir y mañana hablaremos. Buen provecho.
—Gracias.
—Ah… y ahí te esperan los platos en el fregadero con toda su devoción. No creas que te vas a librar de ellos, no.
—Soy planta carnívora e incomprendida, sobre todo esto último, pero asumiré mis tareas domésticas como todo hijo de vecino.


Ángeles Córdoba Tordesillas ©

7 oct 2015

VIAJE ASTRAL

Cuando te das cuenta, sobrevuelas los amigos de la tierra.
Los campos de olivos, los de trigo, los de la Luna, Marte y Ganímedes (es para que rime y si se te pone por medio) y otros planetas muy feos de los que no recuerdo su nombre. No aparecen en los libros del cosmos. Bah, poca importancia tienen.
Si te apetece, hasta puedes presentarte en las elecciones a presidente en cualquier asteroide.
No te piden informes, ni papeles, ni buenas referencias. 
Ahora en serio, sin reservar billete, no levantas ni polvo… despegas en un santiamén y antes de que cante el gallo habrás volado tres veces.
Innecesarias las despedidas a la familia.
Ni sms que cuenten, cuando llegues, que todo ha ido bien.
Más cómodo imposible… 
¿Qué dices? ¿Qué no sabes cómo hacerlo?
Yo te lo explico.
Tengo experiencia ya en estas lides… no líderes, no, aquí no manda nadie; eso los dejamos para los planetas pequeños, sin calefacción que están aún.
Primero, recógete el pelo. Después, métete en la cama propia y no en los asuntos ajenos, esto es importante porque si no, no funciona nada. Es necesario cierto nivel evolutivo, has escuchado decir... Pamplinas.
Deja los garbanzos a remojo, para el día siguiente, si quieres hacer cocido… mmm, qué rico. 
Te lo digo para que confíes… que volverás, tranquilo, no por otra cosa. Ya me gustaría que me invitases, pero vamos con el siguiente paso, antes de que te espantes. 
Luego intenta relajarte… no pienses en ese actor o actriz de moda.
Ve a lo más profundo de tu persona. No tienes cuerpo, no tienes sexo, no tienes… eres un ángel. Siempre lo fuiste pero ahora lo recuerdas… ¡Leñe que no, que no hacen falta alas!
Chsssss… respira…
Haz como si fueras a dormir, pero engaña a Morfeo con otro. Dile que vuelva luego que ahora has quedado con Neptuno, por ejemplo… esas aguas diáfanas… respira, respira… con calma y hondo.
No, no tienes que repetir un mantra. ¡Olvídate de todo!
No importa que no lleves pijama… o póntelo si te sientes más cómodo… venga te espero, no darán las uvas pero bueno. Respira, respira… eres ligero… ¿Qué andas ya por el techo?... Venga, deja la imaginación también para luego…. ¡Que se te vuela demasiado aprisa y por su cuenta!
Ahora… no, no estás dormido… aunque te lo parezca. Despega. No te asustes si sientes que caes. En décimas de segundo puede suceder que tu cuerpo astral entre de repente en el carnal por miedo o precaución si un peligro acecha… date la vuelta… inténtalo otra vez, cuando lo desees y puedas. Has de estar seguro de querer pasar a la cuarta dimensión 
Si lo consigues y me ves sobrevolando el horizonte, por favor, salúdame… la educación lo primero. Yo te devolveré el saludo o volaremos juntos, con el debido respeto. 
Ayer viajé a París, hoy tocan Alcorcón y Londres. Tengo que hacer en ambos lugares gestiones angelicales. 
Hay más seriedad en este relato rimado de lo que podrás encontrar hoy, si vas al mercado o a tu trabajo. Y si no lo crees, al menos espero que te haya hecho pasar un buen rato.

Sé feliz...Viajes astralmente o no, también puedes soñar.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Fotografía de Facebook. 

12 sept 2015

LA GOTITA DE LUZ

HISTORIA EN DOS TIEMPOS Y EN DOS PLANETAS DISTINTOS

PRIMER TIEMPO:

Érase una vez, en una galaxia cercana a la nuestra, un planeta, donde todos sus habitantes eran luz.
Uno de ellos, un pequeñín muy travieso, un día al pasar un cometa se colgó de su cola.
Salió a dar un paseo cósmico, pero... al girar en forma muy cerrada el cometa, lo desprendió de su cola.
Gotita de Luz, quedó sin nadie en el espacio infinito, al ser tan curioso, observó un túnel y se metió dentro de él.
Todo estaba oscuro a no ser, por una luz brillante al fondo del mismo.
Allí se encaminó y ¡vaya sorpresa!... en su final, encontró seres que desconocía. Unos lloraban otros reían. Hasta que se le acercó una humilde mujer y lo tomó en sus brazos
Al mecerlos en ellos lo miró con dulzura y le dijo:
Te llamaré ÁNGEL.

(Irma Yolanda Jurirch Bertetto)
                                                                   ……………………

SEGUNDO TIEMPO:

Bastantes años más tarde, aquella señora, mientras narraba esta historia a sus nietos -Sofía y Franco- se dio cuenta de que ella era esa Gotita de luz, y el túnel oscuro por el que viajaba aquél día, tras haber sido despedida por el cometa, y en el que descubrió la luz al final del mismo era, ni más ni menos que, el canal del parto o del nacimiento.Y aquella mujer humilde, que la esperaba y la acogió con todo su amor, su madre; la ternura de esos brazos era imposible de olvidar, estaban allí para reconfortarle con todo el calor, la protección y el cuidado que necesitaba.

Las personas, que así se llamaban esos seres tan especiales, expresaban todas sus emociones de una forma curiosa, muy diferente a como ella estaba acostumbrada. Como narraba en su historia, reían, lloraban, cantaban, bailaban...sentían todo con mucha intensidad. A veces sufrían, otras disfrutaban pero siempre a merced de esas emociones.

Entonces, Irma, se dio cuenta de que en realidad todos ellos provenían de la misma galaxia y de aquél planeta Luciérnaga, como recordó que se llamada, y que dentro de ellos, de cada uno, aún seguía brillando, con igual fuerza, esa luz, que fueron un día. Esto le produjo una gran paz interior. Todo comenzó a tener sentido. Fue una auténtica revelación.

Así que, con una gran seguridad y confianza, le vinieron a la boca unas palabras de una forma casi automática y pudo pronunciar el siguiente pensamiento:

“La vida, este milagro indescriptible, consiste en ir tomando conciencia de esto. Todos somos luces de puro amor, bondad vestida de carne y hueso, sencilla y felizmente, queridos míos”.

Irma vio que sus pequeños nietos sonreían contentos, mientras la escuchaban emocionados y la miraban con los ojos muy abiertos, pese a que el sueño les estaba venciendo. Tras escuchar relatar la historia, los niños le dieron un abrazo grande y cariñoso a su abuela y le dijeron “gracias”. Después se durmieron, plácidamente, con toda su inocencia, mientras sus lucecitas no dejaban de brillar y ella podía verlas ahora, con total claridad. Imaginó lo bello que sería, a partir de ese momento, reconocer en cada ser humano aquella luz tan familiar.

Una vez hubo arropado a los pequeños, la abuelita algo cansada del ajetreo del día y profundamente conmovida por aquél secreto que había encerrado en sí misma durante toda su vida, y que había dejado de serlo, sintió la necesidad de cerrar sus ojos, sumergirse en esa serenidad que tanto ansiaba e intentar recordar ese lugar maravilloso del que provenía:

El planeta Luciérnaga.

Ahora sabía que nunca dejó de ser una luz; esa Gotita diminuta pero capaz de llenar completamente de amor el más inmenso de los océanos.
                                                           
                         FIN... ¿O COMIENZO?

Ángeles Córdoba Tordesillas (Dedicado a mi amiga Irma)


7 sept 2015

PÁJAROS EN LA CABEZA

Celeste tenía facilidad de palabra, algo de fantasía, y siete pájaros posados sobre su testa que la acompañaban a todas partes.
No vivía con Teodosio, su pareja, en un paraíso celestial , precisamente, pero le quería. Los medios con los que contaban para hacer realidad sus sueños eran escasos. El romanticismo funcionaba a grandes rasgos. Él tenía buen criterio y ropa de marca pero para ella no era suficiente, necesitaba más; algo que le diera satisfacción interior, sin eso, la relación estaba abocada al fracaso absoluto.

-Cariño, sé que no vivimos en el paraíso celestial, porque lo acabo de leer más arriba, pero tú tienes muchos pájaros en la cabeza. Así es complicada la convivencia...
-No tengo muchos, Teodosio, sólo tengo siete. Uno por cada día de la semana. Con menos no sé si podría vivir. Soy humana y necesito un poco de imaginación para escribir, pintar e incluso para amarte.
-Tú misma, pero en estos momentos, no sé qué decirte. Te dejaré sola con tus pensamientos y con esas siete aves no marinas y multicolores. Las pobres no tienen culpa de nada, lo reconozco.
Pero el pájaro del domingo se enamoró del pajarito del lunes y se fueron a procrear a Egipto, sobre la tumba de Tutankamón, porque para ir a remar en góndola veneciana hacía demasiado frío ya.

El pájaro del viernes se animó y comenzó a ponerle ojitos golosos al del martes. Y una madrugada, prepararon el equipaje y en el momento del amanecer ya estaban lejos, y para siempre, de la cabeza de Celeste.

El del miércoles se llevaba fatal con el del sábado pero ¿a ver quién es el guapo que entiende las relaciones amorosas? Y además no es conveniente entrometerse en una pareja, para no salir malparado.

Pues allá que se fueron con sus discusiones, y su devaneo, a freír bizcochos y a pelearse por recoger las migas con sus picos, después de haberlos desmenuzados.

Y sobre la cabeza de Celeste, solamente quedó el pájaro del jueves. Ella le confesó:

-Pajarito querido, has sido el más leal de todos estos truhanes que me han trajinado la sesera bien trajinada. Has permanecido conmigo en las uvas y en las maduras. Puede ser que estemos hechos el uno para el otro. Por mí, a partir de hoy, serás el pájaro de cada uno de los días de la semana.
-Yo solamente llegué un día, no sé bien de dónde, con el firme propósito de llevarte directamente al universo de los sueños, sin ninguna otra ambición más que la de hacerte feliz por el resto de tu vida, pero como estabas empeñada en planchar la ropa de marca a tu amado Teodosio, no quería romper la absurda magia del momento. Por eso he permanecido callado, respetándote. No me habrás escuchado decir ni pío en todo este tiempo. He dejado que fueran los demás los que te cantasen en la mocha sus cantos inspiradores.
-Me dejas boquiabierta. Eso es amor y no otra cosa. En estos momentos el pulso me impulsa, y estoy dispuesta a todo contigo, hasta a volverme majareta perdida, si no es que lo estoy ya un poquito.
-Bien, pues volemos juntos, para siempre, hasta el fin de los tiempos. Allí, si no nos estrellamos al aterrizar, o nos chocamos con el muro invisible que hay estratégicamente colocado en ese final, seremos felices y curaremos cicatrices… humanas.
-Me parece un buen plan. Y en especial con el fervor que lo cuentas. Teodosio se fugó hace tiempo, mientras transcurría esta historia, tras una peonza que decía que bailaba mejor que yo, con el ticket de la última compra del hiper en el bolsillo del pantalón y una camiseta de Calvin Klein, y ni se despidió siquiera. A saber qué habrá sido de él. Nosotros dos iremos rumbo a la felicidad y, si sabes cantar, entóname algún tema de Carlos Gardel , o el de la Abeja Maya, que también es muy tierno. Aunque antes, si no te importa, me gustaría pasarme a comprar el libro de Beca ACVF de literatura 2014, con los 50 finalistas de mini relatos. Hay un corazón que prestan que quiero probarme, a ver qué tal me sienta, para dicho garbeo. 

Allá partieron el pájaro del jueves y Celeste. Se pusieron la inspiración por montera, reían a todas horas y se comprendían a las mil plumillas… que es lo principal. Con vuelo curvilíneo, sobrevolaron Essaouira, y desaparecieron en el horizonte del futuro, lleno de poesía y de luz.

                                              PROGRESAN ADECUADAMENTE

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarela rápida, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

15 ago 2015

SENSACIONES Y TÚ IMAGINADO

Hay un patio cansado de estar libre, vacío, sin enredaderas, que trepen intrépidas por sus lánguidos y blancos muros, en las mañanas melancólicas.

Apenas un manzano crece a medio palmo del suelo. Lástima, una tierra tan fértil y tan desaprovechada... Podría dar dulces frutos en las sombras tristes, créeme, serían tan deliciosos como un beso. Jugosos y frescos frutos, para el más ardiente de los veranos. Y de modo inverso y mágico, cálidos para el más frío de los inviernos, por si llegamos.

Abro de par en par las ventanas y puedo ver, con los ojos de la esperanza, el mismo paraíso. Libre de prohibiciones, pecados y castigos.

Un hombre paseando agradecido, recordando agradables momentos del pasado, o bajo un enorme roble inventado, apoyando la espalda en su tronco centenario, con un libro entre las manos. Su amplia y hermosa frente, ocupada en desentrañar los grandes misterios humanos y del universo, descansa ahora, un momento, bajo el cielo, tumbado, en el más cercano de los cielos, el de dentro… el privado. Ya nada le inquieta ni perturba pues se hizo amigo íntimo de la paz, olvidó las guerras o las extravió, no sabe dónde o no se acuerda.

Ella aparece en la escena imaginada, y se acerca con cariño y respeto a acariciar las entrañas de sus sueños, y con las manos su cara. Esa piel amada, deseada, familiar, tan asediada cuando está cercana. Dos, entonces, se vuelven uno, como si versos fueran de un mismo poema, pareado.

Una canción no deja de sonar en mi cabeza y deseo bailarla y no cesar de dar vueltas. Sus notas me estremecen y me llevan... me arrastran con delicadeza, al romántico rincón de mí jardín, donde la luz del mediodía lo baña todo de ocres y malvas… Mientras bailo, mi corazón, en sus saltos, como pequeños disparos de pasión, susurra al aire un “te amo” en cada latido. Me gustaría que conservara la calma, y se lo ruego. Pero soy capaz de entender sus brincos. Y hasta sus obsesiones... todas etiquetadas con tu nombre.

Pronto este lugar se llenará de vida, de arte, de alegría... Sobre todo eso, de arte, de amor y de alegría.

Este patio, dentro de mi casa, sigue esperando tu llegada, nuestra vida en común, risas, sonidos, aromas colores... No hay prisa, mientras ambos estemos vivos y creamos en los milagros.

Brindan, él y ella, con la copa de la emoción de diez lágrimas escurridizas, fugitivas, que no he podido mantener encerradas en mis ojos expectantes de ese mañana, tan ansiado, por la armonía y el bienestar que nos aguarda. Aquí, en mi jardín, en nuestro otoño compartido y feliz.

Otra vez esa canción... me canta y me encanta... Ojala tú también puedas escucharla y bailarla conmigo. 

Ángel C. T. ©

20 jul 2015

EL CORDERO CONFIADO

Purita se lamentaba porque siempre había confiado en él y él siempre le había engañado. Se decía a sí misma:

-Tonta, tonta de mí, por haber vuelto a creer en él.- Y se golpeó tanto la cabeza por el enfado que se le quedó triangular.- ¿Qué le voy a hacer... cómo me prevendré contra él y sus engaños? A partir de ahora, con la cabeza como un triángulo, intentaré estar lo más atenta posible a sus embutes y líos para no tener que disgustarme otra vez, y que la cabeza se me quede tiesa o abollada de tanto golpearla. A ver si aprendo por dónde me viene el aire o llega este bandido, disfrazado de todo menos de forajido, a trasquilarme . ¿Cómo iba yo a suponer que alguien en quien confiaba ciegamente, iba a engañarme de esta manera? Puede ser que sea demasiado inocente, como dice la gente o él demasiado engañador... como digo yo.

-Claro, a ver si espabilas, que alguien que es capaz de negarte una evidencia durante años, que resultó cierta, ¿cómo no va a conseguir de ti lo que quiera?-Le dice fulanita, amiga de la ingenua.
-Manipulación llamo yo a eso-dijo Purita- mirar sólo por los intereses propios a costa de lo que sea, así se chinche y rabie o le de una crisis de ansiedad galopante, con ataque de llanto incontrolable.

Aquél engañador, astuto como el hambre, nunca se sintió responsable de sus engaños, normal, suele pasarle a la gente de laxa conciencia. ¿Para qué... si quizá pronto lo volvería a hacer o al menos a intentarlo? Total, ¿qué importancia tiene ser deshonesto con quién siempre te es leal y confiado, si a cambio consigues los objetivos deseados? ¿Tiene castigo eso, acaso, para alguien que dejó de creer en el infierno?

Así, vamos algunos por la vida. Unos engañados y otros engañadores. "Bobos" los primeros, por ser demasiado inocentes, "listos", los segundos, por ser demasiado lobos.

Corderos confiados, como Purita, que balan cuando algo les duele… y balan, a pesar de que seguirán confiando, ineludiblemente, pues ésa es su naturaleza. Y estos  corderitos confiados, también, a pesar de los pesares, serán siempre leales a ella.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©2014


Fotografía, de Purita, hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

19 jul 2015

DE LA MAR EL MERO Y DE LA TIERRA EL CORDERO

Justo unos minutos antes de salir el barco… porque donde hay patrón no manda marinero… se encontraron dos amigos, por llamarlos de algún modo, preparados para hacer ese crucero por todo el Mediterráneo marítimo de costa a costa… Quedaron casi petrificados al verse las caras después de siglo y medio, como quien dice, de tener que sobrecogerse por las mañanas cuando se saludaban al salir de sus casas para ir, primero a los colegios, y después al trabajo. Es una forma, algo rebuscada, de explicar que fueron vecinos de niños hasta jóvenes, casi adultos. No se me ocurría otra… hoy tengo un día algo espeso, como cuando se calienta la sopa de arroz que sólo se quedan los granos y no hay quien se la coma.

Ahora, ya estaban entraditos en años y en el puerto, delante de este bello barco, cual calcomanía en carpeta infantil, preparado para zarpar al mundo de los sueños, Eugenio y Contemplativo no ocultaron sus fingidas alegrías. En realidad les daba lo mismo no haber vuelto a verse en mucho tiempo, o nunca más, las caras de pocos amigos que tenían-el primero tenía dos y el segundo uno, solamente-.

“Con la de gente que hay en el mundo mira que ir a encontrarme con éste. No se encuentra uno con Julio Iglesia, no…” Pensaron ambos de forma simultánea.

Eran parecidos hasta en las sombras. Dos siluetas malvas en vez de oscuras casi negras, como suele ser lo habitual, y algo difusas… Ningún facultativo supo nunca a qué podía deberse ese fenómeno “parodia-normal”. Y ellos más frescos que un par de langostinos congelados, tampoco se calentaron la cabeza por esto. Si alguien les preguntaba contestaban lo mismo… que así la tenía también otro que nació en su mismo barrio… que sería cosa de la situación local, ni más ni menos.

¿Cómo sospechar siquiera que aquellas vacaciones tan deseadas y necesarias, por ambas maridos, junto a sus esposas, iban a tener que compartirlas con una de las personas que peor les caía en el mundo, aunque cayera de pie? Y sus mujeres, en cambio, ya estaban de cháchara enloquecida; que si mira que bolso más mono traigo, que si me he comprado seis bikinis de ensueño para el crucero, y que traigo tres cargadores de móvil, por si me fallan dos, para poder hacernos todas las selfies que queramos en la cubierta del barco o con el capitán… En fin, habría que ver el menú de la cena que servirían. Ellos desganados ya, después del susto de encontrarse… y ellas, pues… ellas seguían a lo suyo.

Fueron sucediéndose los días, nadando en la piscina juntos, tomando el solecito durante las mañana... y así se iban remendando las horas navieras de manera monótona, dos suicidios a bordo y diez mareos, de mujeres y niños, con vómitos incluidos, -para ir resumiendo…- se podía decir que el balance fue positivo. En total, cinco nuevas parejas que se formaron, como en la teleserie americana, y dos ensaladillas rusas para internacionalizarse. De tortilla de patatas se quedaron solamente con las ganas. Los affaires descocados y flirteos emotivos,  y necesarios, que requiere cualquier crucero serio, les alcanzaron a nuestros protagonistas… Era normal, tampoco andaban muy lejos… allí en el mismo barco, camarote sí, camarote no, que si quedamos para el aperitivo o para ver el mar…-mira tú, dónde iban a ir que no se viera el mar… a todas horas, hasta la saciedad y con salpicaduras de olas a bordo, a troche y moche, cuando las había.

Que rugía el mar, decía Contemplativo… ya lo creo que ruge, coincidía Eugenio, pero porque no llevaba nunca mechero y el otro era el único que le podía dar fuego para fumar algo que no fueran esos cigarros simulados, que quitan las ganas pero no dañan la salud con nicotina. También los dos estaban pasando por ese difícil proceso de desengancharse del tabaco… y cuando caía algún pitillito no tenían más remedio que encontrarse en cubierta y ponerse al día de “nada”, que pasaba en sus vidas, porque compartían casi todo el tiempo, juntos, los dos matrimonios llevados a término por la iglesia. Hasta que se cruzaron los cables y los polos positivos y negativos se conectaron de forma equivocada… ¿o no? Dos bombas de relojería por el precio de una.

Terminaron el crucero amándose en barrera y apasionadamente sin saberlo. Cuchicheos y meteduras de patas y de manos a hurtadillas, lógicamente, para desfogar la llama de la pasión que les consumía al gusto, con poca sal por aquello de ser mala para la circulación, y la moral, aportándoles grandes gustos, intercambios culturales, y guturales, con y sin lenguas.

Ya en el puerto, que todo llega a su fin, menos la locura, supieron fingir alegres, aquellos minutos compartidos o hicieron una nueva representación mirando a cámara… para que la última imagen de las parejas antiguas quedara inmortalizada. Se habían citado clandestinamente para encontrarse al día siguiente en la cervecería del “Niño bonito” en el barrio de siempre y a la misma hora… pero todos a una como en Fuenteovejuna, obviamente sin el conocimiento de los otros dos… Qué pena que tengo que terminar aquí. Ahora que venía lo mejor… Lo siento, es la imaginación la que debe contarte lo que no harán mis palabras, yo tengo que zarpar.

Gracias por navegar con nosotros. El próximo crucero has de pagar billete, majo.

                                                                  FIN…
DEL VIAJE, Y DOS FAMILIAS ROTAS POR “CAPRICHO DEL DESTINO”… ASÍ SE LLAMA EL BARCO, O SEA YO. ¿Quién crees que ha contado la historia?...

Ángel C. T. ©2105

10 jul 2015

SEXO EXTRAOFICIAL

María Maravillas y su atuendo, dentro de una maleta llamada Aerostática, para unas vacaciones cortas, fueron la dulce e irresistible tentación para Geodosio. En cuanto puso los ojos sobre su persona, se quedó pegado a la vasta hermosura de la chica, pero a ella ni fú ni fá el individuo, habitante genuino. Sólo pretendía pasar el rato como podía, le gustaba entretenerse con algo. Se había confundido de autobús y en vez de ir de Cuenca a Benidorm, acabó en Mérida. El destino le cambió de destino. Allí no tenía familia, ni amigos, ni siquiera algún conocido que llevarse a la boca, ni una triste media playita para broncearse.

Así ocurrieron los hechos, dos puntos.

Era joven, capicúa, recién estrenada y hormonal, sobre todo por las noches y cobrando. Consideró  mejor, viajar de Mérida a un pequeño pueblo de las cercanías… después de visitar el Teatro Romano, faltaría más. Así su espíritu aventurero tendría vía libre, en ese pueblo correspondiente pero ficticio; construido expresamente, por exigencias de este relato. Geodosio, que se hallaba cumpliendo sus funciones alcalderiles, señor distinguido para sus convecinos, podía elegir lo que quisiera, y la eligió a ella, para eso era el alcalde.

“Para eso no. Para todo lo honrado del mundo sí, si tiene que ver con la política”, decía su madre. 

Lo único que tenía en su contra era el mal pronto que le podía. Con más de cincuenta y cuatro y aún no había aprendido a controlarlo. Por lo demás, era un pedazo de pan integral.

-Madre, déjeme que yo aprenda sólo, de tanto meterme en los charcos… aunque sean charcas y forasteras. 
-Tú mismo, hijo. Me matas de cansancio y no te repito más las leyes universales, porque me roza la dentadura.
-Esta muchacha me gusta más de lo debido pero iba como turista al Alicante costero. Lo nuestro ha sido accidental. A ver cómo se suceden los acontecimientos.
-Unos tras otros, supongo… Que Dios os pille confesados…
-No me sermonee, diantre, madre bendita, que no está el cementerio para vivos y más sabe el diablo por viejo, ya lo sé… no deja de repetírmelo cada día de mi vida.
-Bueno, bueno… Yo no la veo para esposa a esa candidata despistada… Y algún día te dejará por otro más alcalde que tú y mejor vestido, ya verás, ya, que me llevas unas pintas… dónde se habrá visto a un alcalde delgado, con la camisa por fuera de los pantalones. Yo porque te quiero con amor de madre y estoy acostumbrada a todo por el tiempo que hace que nos conocemos, que si no… te compraría ropa de última generación, hasta sin tu permiso. No me amedrento por nada, excepto por la falta de dinero, pero si me lo prestas, ningún problema al respecto.
-Salgo a la conquista madre…
-¿De un mundo mejor?
-No, madre, más quisiera yo. Desde mi puesto no tengo acceso a tanto. Me refiero a lo de la chica mona, como le he contado, que ha pasado esta mañana al Ayuntamiento, por un mapa para saber dónde estaba. Y no le he invitado a comer a nuestra casa, por respeto a usted.
-Supongo que tú la situarás bien, para que se ubique… si es tan mona.
-Lo haré madre. Ya conoce mi buena educación y mis inquietudes.
-Y bien. Comprométete pronto y con condiciones. Separación de bienes, por si hay caso y casorio. Y que llevarás a su suegra, o sea a mí, a vivir con vosotros, si se tercia…. que se terciará.

Se encontraron en la plaza del pueblo, como habían quedado. Dos mamíferos y adultos, eso es lo que tenían en común. Ella ya desayunada, comida y lista para las carantoñas de la sobremesa o siesta, también pudiera ser. Había madrugado mucho y no tenía para estar despierta ni media hora tonta, en aquella plaza cultural.

-Si quieres vamos a hacer una ruta turística o te llevo a buscar hostal barato, por aquí cerca. –Preguntó él, muy atento… a las señales del destino. Ella no respondió, los zapatos le apretaban; le dolían los juanetes, y le sobraba la pamela. Se le relajaba sobre los ojos su ala y no le dejaba ver demasiado, aparte de que el sueño la tumbaba; no me refiero a que Geodosio fuera el hombre de sus ídem, sino a que se le cerraban los párpados, sin permiso del contribuyente. Así que se dirigieron juntos a “alguna pensión que esté bien”, le pidió ella, cuando consiguió articular palabra.

-Mira, ésta me gusta para ti. Te pega con la pamela… ese azul claro de la fachada ¿Qué te parece?...
-Bueno, que me la envuelvan para regalo o me la llevo puesta.
-Vamos ahora mismo a reservar… te he visto convencida. Así relajaré los bíceps de tu Aerostática.
-Eres un encanto, Joselito.
-No, perdona pero me llamo Geodosio… Las presentaciones han sido tan rápidas… y no me gusta insistir. No te preocupes, ya te lo aprenderás… a veces cuesta. Lo entiendo.
-Discúlpame. Es que te había entendido Feodosio y pensé que estabas bromeando. Por eso decidí que te sentaba mejor Joselito… como eres de su edad, más o menos, y este nombre me parece más familiar y más cómodo.
-Ahora el encanto eres tú. Gracias, pero no canto. ¿Coordinamos?
-Coordinamos.

Entre que sí, que no, que quita esa mano de ahí… que pónmela después… en aquella pensión, pasó casi de todo. Cortejo, tirada de tejos y luna de miel sin boda de por medio y en pleno uso de sus facultades mentales y proceso digestivo.

Es que cuando una joven inquieta tiene la intención de ir a la mar salada a lucir bikini turquesa, al final, se pierde entre alcaldes de pueblo y pensiones baratas. Pasa todos los días...

FIN (ANUNCIA EL ALCALDE… Quiere dejarlo aquí; que tiene quehaceres propios de su puesto, dice. No sé si será verdad… u otro cuento)

Ángel C. T. © 2014


Foto "enviada por wasap" de María Maravillas.

Retrata a la acuarela, de María Maravillas, pintada con estas gafitas que Dios me ha dado.

8 jul 2015

SIN DESPEDIDA

Las despedidas llevan prendidas olor a cenizas, en sus entrañas. Y se llevan tardes enteras en dulce compañía con algún que otro desacuerdo o un millar de ellos. Y esas costumbres compartidas, tan arraigadas… que se terminan. ¿Les dejará el alma desolada?

Tendrá que pasar el tiempo para saberlo.

Él la observa, con miradas de despecho y esparce, por el aire de la habitación, estúpidos consejos de salmos. Por la ventana, ella mientras, mira el futuro inmediato… sabe que no será con él. Aparta la cabeza para ocultar algunas lágrimas. Nadie dice adiós y sin embargo, esta vez… puede ser  para siempre.

Tantas veces en la vida, dejamos que decida el orgullo, el temor o el vacío. Aferrándonos a algún sueño venidero, que no sabemos si será ese “gran sueño”. Y todos los años vividos se quedan vagando en el  recuerdo o para siempre dormidos. ¿Y qué sucederá si luego viene el arrepentimiento?

Hace falta una vida entera para saberlo…

Sentada aparece ella. Él de pie con su maleta. Las manos tiemblan. Silencio antes del silencio… y después de tantos gritos.  Ni un pequeño beso, ni siquiera en la cara. Frialdad y desconcierto. "¿Qué pasará ahora? -Ambos piensan-".

-Cariño…
-¿Qué has dicho?
-Nada. Aquí dejo la llave, sobre la mesa de la entrada… de la salida…
-Por favor cierra la puerta, cuando te vayas.

Hará falta una vida entera para saberlo…

                                      ¿CONTINUARÁ?… (Solamente si ambos lo desean)

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

Acuarela pintada con estas gafitas que Dios me ha dado.