También yo tengo mis heridas,
pero en vez de lamerlas constantemente
las dejo cicatrizar en paz.
También yo tengo mis miedos,
pero intento dejar de sostenerlos
en vez de justificarlos.
También yo cargo con mis vulnerabilidades
e inseguridades,
y trato de vivir con ellas de la forma
más pacífica posible,
sin exigirle al mundo que camine
de puntillas a mi alrededor.
Quizá sea por tener una visión pragmática
de la existencia,
pues si hay que vivir, se vive
y se vive
implicándose con cada aliento,
como si fuera el último...
nunca se sabe si lo será..
No se puede uno pasar la vida
inmerso en la autocompasión
ni esperando que los demás pidan permiso
hasta para respirar.
Si hay que despedirse del dolor
para quedarse solo con la experiencia,
se hace.
Si hay que sentir,
se siente y se siente con todo
el sentimiento.
Si hay que amar, se ama
y se ama con profundidad,
no se queda uno eternamente nadando
en la superficie.
Porque es el único modo de encontrarle sentido
al presente.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
REFLEXIÓN FINAL
Es peligroso confundir sensibilidad con susceptibilidad; pues no siempre es el alma la que sufre sino simplemente el ego.
No es saludable, psicológicamente hablando, interpretar la empatía de los demás como intentos de control, y la cercanía como intrusión, en vez de como conexión emocional.
Te invito a que esto te sirva de reflexión. A mí me sirve, porque también yo, en muchos momentos, me dejo arrastrar por la sombra del dolor sufrido; y creo que es conveniente, en algún momento, parar y tomar conciencia de que estamos aquí por poco tiempo y cada día no tiene por qué ser la condena del siguiente.
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