Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

6 ago 2026

UN NUEVO DÍA, UN NUEVO YO: REFLEXIÓN SOBRE EL DOLOR Y LA LIBERTAD

También yo tengo mis heridas, 

pero en vez de lamerlas constantemente

las dejo cicatrizar en paz.

​

También tengo mis miedos,

pero intento dejar de sostenerlos

en vez de justificarlos.

​

También cargo con mis vulnerabilidades

e inseguridades,

y trato de vivir con ellas de la forma

más pacífica posible,

sin exigirle al mundo que camine

de puntillas a mi alrededor.

​

Quizá sea por tener una visión pragmática

de la existencia,

pues si hay que vivir, se vive 

y se vive

implicándose con cada aliento, 

como si fuera el último...

nunca se sabe si lo será..

​

No se puede uno pasar la vida

inmerso en la autocompasión

ni esperando que los demás pidan permiso

hasta para respirar.

​

Si hay que despedirse del dolor

para quedarse solo con la experiencia,

se hace.

​

Si hay que sentir,

se siente y se siente con todo 

el sentimiento.


Si hay que amar, se ama

y se ama con profundidad,

no se queda uno eternamente flotando 

en la superficie.


Porque es el único modo de encontrarle sentido

al presente.


​Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 

​

REFLEXIÓN FINAL

​Es peligroso confundir sensibilidad con susceptibilidad; pues no siempre es el alma la que sufre sino simplemente el ego. 

No es saludable, psicológicamente hablando, interpretar la empatía de los demás como intentos de control, y la cercanía como intrusión, en vez de como conexión emocional.

​Te invito a que esto te sirva de reflexión. A mí me sirve, porque también yo, en muchos momentos, me dejo arrastrar por la sombra del dolor sufrido; y creo que es conveniente, en algún momento, parar y tomar conciencia de que estamos aquí por poco tiempo y cada día no tiene por qué ser la condena del siguiente.



María Villalón y Falete– SOS

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