El verdadero amor
elimina
cualquier vestigio
de indolencia.
☆☆☆
El sentido de la vida es...
hacia dentro.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Ángeles Córdoba Tordesillas
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
El verdadero amor
elimina
cualquier vestigio
de indolencia.
☆☆☆
El sentido de la vida es...
hacia dentro.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Volvía a casa una mujer llamada Lógica, agotada tras un largo día de trabajo y cargada de razones. Iba pidiendo ayuda a la gente por la calle porque ya no podía con tanto peso; su familia y sus amigos se habían hartado tiempo atrás de sostenerlas, así que nadie acudía en su auxilio. De pronto, alguien se le acercó y se presentó:
—Señora, soy Emoción. Puedo ayudarle a llevar una razón, o dos, o tres; pero ¿de verdad le merece la pena ir por la vida cargando con tanto? ¿No será mucho más sencillo vivir tranquila y feliz, aunque, aparentemente, carezca de razones para ello?
—Tiene razón, joven—le dijo Lógica, dándosela a Emoción—Tengo ya la casa llena de ellas, así que puede llevarse esta consigo. Muchas gracias por aliviar mi carga.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Si a una historia de amor le quitamos el drama, el misterio innecesario, la complicación y el artificio, queda lo esencial: una historia de amor sencilla. Y a cierta edad, ¿a quién no le gustaría vivir un amor así?
Hay tanto por disfrutar, descubrir, compartir y construir cuando la ausencia de tempestades, propias de amores inmaduros, deja paso a la madurez y a la serenidad...
Encontrar, o para expresarlo con mayor precisión, que no hay búsqueda previa, reconocer a la persona adecuada para mantener una relación de este tipo resulta un verdadero privilegio: de paseos tranquilos por el campo, apoyo mutuo para alcanzar los sueños, y conversaciones pausadas donde ninguno necesite tener la razón ni convencer al otro, sino solamente por el placer de comunicarse. Y, por supuesto, con el sentido del humor como invitado de honor: imprescindible en cualquier relación interpersonal y esencial en una sentimental.
Una relación de pareja viviendo una historia de amor sencilla es un espacio perfecto para disfrutar de momentos de música, lectura y creatividad; tal vez contemplando cómo crecen las margaritas en el campo y en la vida, sin tener que deshojarlas para averiguar cada día si el amor permanece.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Una luciérnaga le dijo a una mariposa:
—Me encanta el brillo de tus alas, con esos colores resplandecientes.
Y la mariposa le confesó:
—Es porque estoy cerca de ti. Mis alas solo reflejan tu luz.
* Dedicado a mi querida y luminosa amiga Marisa Sardón (Marisita 😍💯) .
Ángeles Córdoba Tordesillas.
El padre, la madre y la hija adolescente sentados a la mesa. Es la hora de comer:
—Hija, ¿por qué no comes?— pregunta el padre.
—No tengo hambre, papá.
—¿Y eso, por qué?
—Porque estoy enamorada.
—¿Pero qué tiene que ver el amor con las ganas de comer?... A ver qué dice tu madre de esto que estudió hostelería.
—¿Qué quieres que diga, Otilio, si a mí me pasó lo mismo cuando me enamoré de ti? ¿Por qué crees que me quedé en los huesos? Seguramente de ahí viene ese dicho de "estar hasta los huesos por alguien". Por cierto, enamórame otra vez que necesito perder, de paso, diez kilos de peso.
—Eso está hecho. ¿Pero con la niña qué hacemos?
—¡Que coma y se deje de tonterías, ea!
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Érase una vez
un alma tan grande
que necesitó
dos cuerpos.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©