¿Mar o montaña?
Contigo
Cueva o palacio,
contigo
Cielo o infierno,
contigo.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Ángeles Córdoba Tordesillas
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
¿Mar o montaña?
Contigo
Cueva o palacio,
contigo
Cielo o infierno,
contigo.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
También yo tengo mis heridas,
pero en vez de lamerlas constantemente
las dejo cicatrizar en paz.
También tengo mis miedos,
pero intento dejar de sostenerlos
en vez de justificarlos.
También cargo con mis vulnerabilidades
e inseguridades,
y trato de vivir con ellas de la forma
más pacífica posible,
sin exigirle al mundo que camine
de puntillas a mi alrededor.
Quizá sea por tener una visión pragmática
de la existencia,
pues si hay que vivir, se vive
y se vive
implicándose con cada aliento,
como si fuera el último...
nunca se sabe si lo será..
No se puede uno pasar la vida
inmerso en la autocompasión
ni esperando que los demás pidan permiso
hasta para respirar.
Si hay que despedirse del dolor
para quedarse solo con la experiencia,
se hace.
Si hay que sentir,
se siente y se siente con todo
el sentimiento.
Si hay que amar, se ama
y se ama con profundidad,
no se queda uno eternamente flotando
en la superficie.
Porque es el único modo de encontrarle sentido
al presente.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
REFLEXIÓN FINAL
Es peligroso confundir sensibilidad con susceptibilidad; pues no siempre es el alma la que sufre sino simplemente el ego.
No es saludable, psicológicamente hablando, interpretar la empatía de los demás como intentos de control, y la cercanía como intrusión, en vez de como conexión emocional.
Te invito a que esto te sirva de reflexión. A mí me sirve, porque también yo, en muchos momentos, me dejo arrastrar por la sombra del dolor sufrido; y creo que es conveniente, en algún momento, parar y tomar conciencia de que estamos aquí por poco tiempo y cada día no tiene por qué ser la condena del siguiente.
Estamos viviendo un auténtico glaciar emocional.
En su momento, predije que la pandemia traería consecuencias inevitables en la conducta humana si no poníamos de nuestra parte y, al parecer, así ha sido. Hemos ido haciendo cada vez más enorme ese abismo entre nosotros.
Y no me refiero solo al aspecto físico —donde la mayoría vivimos tras una pantalla una gran parte del tiempo—, sino al nivel sentimental.
De un corazón a otro hay hoy un verdadero mundo lleno de dudas, miedos, prejuicios y distorsiones cognitivas. Es más difícil que nunca llegar y tener acceso al de los demás.
La ilusión de la desconexión
Ahora, con el avance de la inteligencia artificial, esa necesidad biológica y social de conectarnos parece desvanecerse. Estaremos conectados virtualmente, pero, por lo visto, necesitamos menos un abrazo... o eso es lo que desgraciadamente pensamos.
Priorizamos una supuesta tranquilidad mental y emocional por encima de la presencia y el contacto físico. Sin embargo, esto es una mentira con la que nos autoengañamos para sentirnos a salvo.
La reealidad es que solo estamos logrando enfermar nuestro sistema nervioso y nuestro espíritu.
El rechazo al contacto sincero
Honestamente, me preocupa esta situación. Veo y siento cada vez más frío entre las personas.
El muro de la distancia:
Cuando quieres abrazar a alguien, te encuentras con un muro.
La culpa de sentir:
A veces te sientes culpable por no haber pedido "permiso" para abrazar a una antigua amiga o a un conocido que atraviesa o ha atravesado un momento difícil, asumiendo que necesitaría ese abrazo tanto como lo necesitarías tú en su lugar. Pero parece que ya no es así.
El muro del miedo ha crecido y se ha convertido en la coraza que viste a cada persona con la que te cruzas: el vecino, el amigo, el conocido... a cada cual.
El refugio de la indiferencia
Tengo un llanto interno e incesante por esta realidad que me disgusta, me asusta y me hiere profundamente como ser humano.
Veo cómo se esconde el amor detrás del miedo, y el miedo detrás de la indiferencia.
La indiferencia parece ser la única "valiente" que se atreve a dar la cara y mostrarse ante los demás; eso sí, fingiendo si lo considera "necesario" una sonrisa que no siente, mediante un saludo que no la comprometa a nada... y mucho menos a sentir la verdadera felicidad de conectar con otra alma.
¿Nos hemos resignado ya a vivir tras la coraza o todavía quedamos algunas personas dispuestas a romper el hielo?
Te leo abajo, en comentarios.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Claro que los milagros existen.
Tú eres uno.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Ni máscaras
ni validación externa.
No es importante ser
importante para el mundo,
mientras seas importante
para Dios
y para ti.
Lo que somos no se busca
fuera.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
No sé exactamente qué sucedió entre ellos, pero hubo discusión y no sé si faltas de respeto, supongo que también.
El caso es que unos días después él la llamó y le dijo:
—Persóname, cariño, por favor te lo pido.
—Lo siento, mi amor, pero no soy capaz de personarte. Persónate tú, si puedes—le respondió ella con contundencia.
Y él se personó y aclararon el malentendido y resolvieron sus diferencias.
Final feliz
Música de violines y trompetas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
☆Tener la capacidad de arrepentimiento, pedir perdón y otorgarlo es quizás de los mayores privilegios que poseemos las personas sobre los animales; por eso he hecho este juego de palabras entre perdonar y personar. Porque cuando uno perdona o es perdonado se siente más persona.
Poder liberarte y liberar a otro de una culpa, mediante la palabra y la empatía, es una facultad impresionante que solamente la especie humana posee.
Mis Gafitas 😎 lo ven así de claro. ¿Y tú qué opinas al respecto? Te leo en comentarios.👇