Mientras la mente grita
el deseo,
el anhelo es lo que susurra
el corazón.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Ángeles Córdoba Tordesillas
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
Mientras la mente grita
el deseo,
el anhelo es lo que susurra
el corazón.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Es curioso cómo ciertas frases terminan convirtiéndose en mitos colectivos.
En la película Casablanca, ni en versión original ni doblada, se pronuncia jamás la famosa frase «Tócala otra vez, Sam». Lo que se dijo fue "tócala una vez, Sam".
Ocurre algo muy similar con El Quijote: esa célebre cita de «Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos» no figura en ningún capítulo de la obra de Cervantes. Proviene de un poema de Goethe adaptado con los años.
Ambas frases son puras leyendas urbanas que, a base de repetirse, han cobrado más fuerza y veracidad en la memoria popular que las palabras que realmente se dijeron o escribieron.
Basándome precisamente en la premisa de la primera —y a sabiendas de que se trata de un mito—, he construido este reel con dos personajes ficticios. Bueno...con tres. 😎
Ángeles Córdoba Tordesillas
Así es como me imaginaba al COVID-19 en la época en la que empezaron a hablar de las vacunas y se sentía amenazado. Su preocupación era enorme, "pobrecito", le teníamos arrinconado.
Ahora hablando en serio, creo que en algún momento alguien tendría que haber salido y pronunciado estas palabras: «La pandemia ha terminado». Otro gallo nos hubiera cantado, porque el cerebro necesita dar un final, un cierre, a situaciones que nos desestabilizan tan profundamente.
Sí, fueron diciendo que iban bajando los casos de contagio, reduciéndose la cifra de fallecidos y hablaron también de la desescalada; pero nada más. Comentaron que tendríamos que convivir con él, que sería un virus más entre muchos otros, pero en ningún momento se dijo, para proporcionar el alivio que todos necesitábamos: «La pandemia ha terminado». Porque la pandemia terminó, aunque quedara el virus flotando en el ambiente.
Con esa omión, lo único que consiguieron es que lo que siguiera flotando fuera una tremenda frialdad entre las personas. Necesitábamos que alguien dijera que podíamos cambiar, de una vez por todas, la «distancia de seguridad» por la «cercanía segura». Lo necesitábamos con la misma fuerza que el protegernos contra él; nuestro cerebro y nuestro corazón lo necesitaban y lo hubiéramos agradecido, porque nos habría servido de un inmenso alivio en ese momento. Después de tres meses confinados, realmente lo merecíamos.
De este modo podríamos haber celebrado el final de algo que nos cambió la vida a todos en un periodo muy breve de tiempo.
Hoy yo me voy a atrever a escribir aquella frase que nadie pronunció. Atención:
¡LA PANDEMIA HA TERMINADO!
Ángeles Córdoba Tordesillas
¿ASÍ o ASÁ?......
Al final es ASÍ.
Y hay que aceptar
la realidad.
Y seguir confiando en que
lo mejor
siempre está por venir.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Tenía veintisiete circunstancias en su contra y solo una a su favor. Pero se trataba de una circunstancia muy valiente.
Ella le preguntó a aquella circunstancia:
—Oye, ¿te atreves?
Y la circunstancia le respondió, mirándole a los ojos fijamente:
—¡Por supuesto que sí!
Entonces ambas en una alianza llena de arrojo y poder dijeron "¡Lo conseguiremos!".
Y contra todo pronóstico, y veintisiete circunstancias en contra, lo consiguieron.
Eso sí, es importante señalar que no pidieron consejo a nadie ni esperaron de nadie aprobación. Actuaron por su cuenta y riesgo. Y repito: ¡lo consiguieron!
Ángeles Córdoba Tordesillas ©