"La que manda en mi corazón
soy yo".
Afirmaba.
Qué gran error...
siendo siempre mi corazón
el que se impone sobre mí.
Ángeles Córdoba Tordesillas
M
Ángeles Córdoba Tordesillas
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
"La que manda en mi corazón
soy yo".
Afirmaba.
Qué gran error...
siendo siempre mi corazón
el que se impone sobre mí.
Ángeles Córdoba Tordesillas
M
He visto
calles llenas de personas y
personas llenas de calles.
Estas últimas me resultan
mucho más interesantes.
¿Cuántas calles tienes?
¿Cuántas avenidas, cuántas plazas?
¿Tienes algún parque donde sentarme
a observarte y escucharte?
Déjame recorrer todas tus calles.
Ángeles Córdoba Tordesillas
A partir de hoy, 30/06/2026, retomaré mi actividad en este blog.
Espero que esta nueva etapa sea tan fructífera en mis creaciones como satisfactoria para vosotros.
Muchísimas gracias por continuar siguiendo esta surrealista nube suspendida entre el cielo y la tierra. Mis mejores deseos para vuestra vida.
Os envío un abrazo afectuoso a cada uno de los que me leéis habitualmente.
Mis gafitas os saludan,
Ángeles Córdoba Tordesillas
He formado un equipo de vida con mis cinco sentidos, adjudicándome el papel de entrenadora. Sé que entraña dificultad, pues siempre han sido bastante anárquicos y todos han pasado, o están pasando, por baches, pero cuando alguno flaquea, ahí estamos los demás al quite para apoyarlo.
En estos momentos, es uno de mis ojitos el que necesita un cuidado especial. Ahora que se enfrenta a un tratamiento médico exigente, todos le animamos diciendo: «¡Vamos, pequeño, que el equipo te necesita!». Y él sonríe porque, aunque a veces lo hayamos rechazado por su falta de visión, ahora sabe que es imprescindible y se siente querido y comprendido.
Le repetimos: «¡Vamos, pequeño, que somos un equipo singular! Lo estás haciendo muy bien y verás cómo entre todos conseguimos que salgas adelante». Y esto lo veo con claridad.
Hemos intentado hacerlo lo mejor posible, jugando al deporte de la vida siempre con honestidad. Y aunque el resultado haya sido bueno, malo o regular, nunca nos hemos sentido perdedores; porque entendemos que en cada partido el rival no es un contrario, sino un compañero. Al fin y al cabo, los sentidos están para conectarnos con el mundo y con los demás.
Se trata de jugar sin juzgar, entendiendo que cada uno tiene sus propias reglas y su propia visión del juego. Hay que tener buen ojo para captar lo que es realmente importante y conseguir que ni la realidad ni el juego de los demás golpeen nuestros sentidos. Al final, esto no consiste en ganar a toda costa, sino en no perderse en el intento.
Y quizá no seamos un buen equipo a la vista de la mayoría, pero somos un equipo bueno.
Ángeles Córdoba Tordesillas