Hoy:
Kilómetro cero
de todos los caminos...
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
El verdadero amor
elimina
cualquier vestigio
de indolencia.
☆☆☆
El sentido de la vida es...
hacia dentro.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Volvía a casa una mujer llamada Lógica, agotada tras un largo día de trabajo y, cargada de razones, iba pidiendo ayuda a la gente por la calle porque ya no podía con tanto peso; su familia y sus amigos se habían hartado tiempo atrás de sostenerlas, así que nadie acudía en su auxilio. De pronto, alguien se le acercó y se presentó:
—Señora, soy Emoción. Puedo ayudarle a llevar una razón, o dos, o tres; pero ¿de verdad le merece la pena ir por la vida cargando con tanto? ¿No será mucho más sencillo vivir tranquila y feliz, aunque, aparentemente, carezca de razones para ello?
—Tiene razón, joven—le dijo Lógica, dándosela a Emoción—Tengo ya la casa llena de ellas, así que puede llevarse esta consigo. Muchas gracias por aliviar mi carga.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Si a una historia de amor le quitamos el drama, el misterio innecesario, la complicación y el artificio, queda lo esencial: una historia de amor sencilla. Y a cierta edad, ¿a quién no le gustaría vivir un amor así?
Hay tanto por disfrutar, descubrir, compartir y construir cuando la ausencia de tempestades, propias de amores inmaduros, deja paso a la madurez y a la serenidad...
Encontrar, o para expresarlo con mayor precisión, que no hay búsqueda previa, reconocer a la persona adecuada para mantener una relación de este tipo resulta un verdadero privilegio: de paseos tranquilos por el campo, apoyo mutuo para alcanzar los sueños, y conversaciones pausadas donde ninguno necesite tener la razón ni convencer al otro, sino solamente por el placer de comunicarse. Y, por supuesto, con el sentido del humor como invitado de honor: imprescindible en cualquier relación interpersonal y esencial en una sentimental.
Una relación de pareja viviendo una historia de amor sencilla es un espacio perfecto para disfrutar de momentos de música, lectura y creatividad; tal vez contemplando cómo crecen las margaritas en el campo y en la vida, sin tener que deshojarlas para averiguar cada día si el amor permanece.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Una luciérnaga le dijo a una mariposa:
—Me encanta el brillo de tus alas, con esos colores resplandecientes.
Y la mariposa le confesó:
—Es porque estoy cerca de ti. Mis alas solo reflejan tu luz.
* Dedicado a mi querida y luminosa amiga Marisa Sardón (Marisita 😍💯) .
Ángeles Córdoba Tordesillas.
El padre, la madre y la hija adolescente sentados a la mesa. Es la hora de comer:
—Hija, ¿por qué no comes?— pregunta el padre.
—No tengo hambre, papá.
—¿Y eso, por qué?
—Porque estoy enamorada.
—¿Pero qué tiene que ver el amor con las ganas de comer?... A ver qué dice tu madre de esto que estudió hostelería.
—¿Qué quieres que diga, Otilio, si a mí me pasó lo mismo cuando me enamoré de ti? ¿Por qué crees que me quedé en los huesos? Seguramente de ahí viene ese dicho de "estar hasta los huesos por alguien". Por cierto, enamórame otra vez que necesito perder, de paso, diez kilos de peso.
—Eso está hecho. ¿Pero con la niña qué hacemos?
—¡Que coma y se deje de tonterías, ea!
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Érase una vez
un alma tan grande
que necesitó
dos cuerpos.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Reflexionar
es
hacer flexiones
con
las neuronas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
—¿Te acuerdas de Camila, nuestra compañera de clases de teatro?
—Sí, claro, ¿cómo no me voy a acordar?
—Pues mira, lleva dos temporadass sin felicitarme por mi cumpleaños. Antes lo hacía cada año sin falta, ahora nada, ni siquiera un mensaje de whasap para preguntarme cómo estoy. Y fíjate que la última vez que me llamó le dije que tenía problemas en las cervicales y algo de colesterol. En fin, me parece de muy mala educación, una felicitación por un cumpleaños no cuesta nada
—Sí, la verdad es que los muertos son muy maleducados; tienen esa fea costumbre de no llamar para felicitar a las personas por sus cumpleaños y otras fechas señaladas.
—¿Cómo dices?
—Que Camila falleció hace dos años y medio de una larga enfermedad y después de un prolongado y duro tratamiento.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Todo lo que tienes que hacer para dormir
es seguir soñando pero con los ojos cerrados.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Lo que más lejos te va a permitir llegar en la vida no es tu inteligencia, ni tu talento natural, ni tus conocimientos, ni una red de apoyos, tampoco la experiencia ni la capacidad de trabajo, ni siquiera tu perseverancia... es el aliento.
Tu aliento.
A ningún lado puedes llegar sin él.
No en vano, solemos emplear el verbo alentar para referirnos a infundir ánimo, valor o esperanza a alguien.
Feliz aliento.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
—¿Te ha sucedido alguna vez yendo por la calle que te has encontrado con...?
—No.
—¿?...¿Te ha sucedido alguna vez yendo por la calle...?
—No.
—¿?...¿Te ha sucedido alguna vez...?
–¡No!
—¿Te ha sucedido...?
—¡Que no!
—¿Te..?
—Sí, gracias, sírveme una taza.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
El día está lleno de hoy.
Con todo su sol y su potencial.
Tiene tu
huella digital, tu nombre,
tu identidad,
tu dulzura.
No todo lo que sucede fuera
lo vas a entender...
No todo lo puedes
controlar.
Llena este hoy de ti.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
El beso es arte
la caricia
artesanía.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Le voy a dar muchos
likes
a tu corazón bonito.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Tengo frío de ti...
No quiero más inviernos
en verano.
¿Me oyes, amor?
No más inviernos
en verano.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
El día 16 de este mismo mes fui a urgencias, me realizaron una pequeña intervención quirúrgica en un ojo y, al regresar a casa, perdí la cartera con la documentación y todas las tarjetas. Me lamenté pensando en mi "mala suerte".
Pero lo verdaderamente duro fue enterarme al día siguiente por la hija de uno de mis mejores amigos —a quien conocí con 17 años— de que él había fallecido ese mismo día 16. Todo lo demás perdió su importancia.
Ante la despedida de una vida, todo pasa a segundo plano; en especial si es la de una persona tan buena como él. Y no lo digo porque ya no esté, sino porque es absolutamente cierto: ha sido de las personas más sencillas y honestas que he conocido en mi vida, y he tenido la fortuna de que fuera mi amigo.
Más o menos cada 15 días le enviaba por wasap un mensaje comentándole cualquier cosa y un abrazo, a sabiendas de que no podía contestarme, pero sabía que lo leería. No quería ser visitado, cosa que comprendo perfectamente.
Me queda la tranquilidad de saber que, siendo un cuidador nato que siempre se ocupaba de los demás, un año padeciendo ELA era demasiado para su corazón generoso. Sentir que ahora era su familia la que tenía que cuidarlo no era para él. Se fue en paz y casi sin agonía. Además, su hija me contó que en uno de sus últimos paseos, cuando aún podía hablar, le habló de mí con muchísimo amor. Me emocionó profundamente saberlo.
En fin, a nosotros nos toca seguir viviendo el "rato" que nos quede, siendo lo más creativos, bondadosos y felices posible. Un abrazo a todos.
☆ Querido Santi:
Desde esta pequeña nube que es mi casita digital, te doy las gracias por haberme hecho el enorme regalo de tu amistad. Ha sido un privilegio haberte conocido; me encantaba que me llamaras "mi chica" —siempre con el debido respeto y permiso de tu pareja, pues era simplemente una manera afectuosa de dirigirte a mí—.
Dentro de un mes hubieras cumplido años, momento en el que volveré a recordarte. Aunque ya no pueda felicitarte con una simple llamada al móvil, el 20 de septiembre será siempre para mí un día de celebración por tu magnífica existencia.
Allá donde estés, te envío el abrazo enorme que no tuve oportunidad de darte en vida. Te quiero, Santi, y te voy a seguir queriendo siempre porque el amor verdadero es lo único que no muere nunca.
Ángeles Córdoba Tordesillas
De madrugada
un ángel vuela
hasta aquí.
Es él en mí,
soy yo en él.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
El escenario es perfecto: hay un hermoso decorado. Los actores conocen al detalle el guion, está todo preparado, se produce un silencio extraño tras las bambalinas; los dos protagonistas están a punto de salir a escena e iniciar el primer acto en donde solamente se mirarán despacio.
El público ha traído sus manos al teatro para aplaudir con pasión cuando la obra termine.
Pero no va a haber función.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Empezar desde cero cada día
en ilusión, en alegría.
Soltar el control y
el condicionamiento.
Dejar atrás los miedos
y empezar de cero a
enamorarnos de la vida,
Dejar que tome las riendas
de nuestro destino
el corazón.
Ángeles Córdoba Tordesillas
Brevemente hoy
ocultará su fulgor
para devolverle
su propia luz,
al Astro Rey,
como un espejo.
Ángeles Córdoba Tordesillas
Será visible de forma total en una amplia franja de España
y como parcial en todo el país.
¿Mar o montaña?
Contigo
Cueva o palacio,
contigo
Cielo o infierno,
contigo.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
También yo tengo mis heridas,
pero en vez de lamerlas constantemente
las dejo cicatrizar en paz.
También tengo mis miedos,
pero intento dejar de sostenerlos
en vez de justificarlos.
También cargo con mis vulnerabilidades
e inseguridades,
y trato de vivir con ellas de la forma
más pacífica posible,
sin exigirle al mundo que camine
de puntillas a mi alrededor.
Quizá sea por tener una visión pragmática
de la existencia,
pues si hay que vivir, se vive
y se vive
implicándose con cada aliento,
como si fuera el último...
nunca se sabe si lo será..
No se puede uno pasar la vida
inmerso en la autocompasión
ni esperando que los demás pidan permiso
hasta para respirar.
Si hay que despedirse del dolor
para quedarse solo con la experiencia,
se hace.
Si hay que sentir,
se siente y se siente con todo
el sentimiento.
Si hay que amar, se ama
y se ama con profundidad,
no se queda uno eternamente flotando
en la superficie.
Porque es el único modo de encontrarle sentido
al presente.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
REFLEXIÓN FINAL
Es peligroso confundir sensibilidad con susceptibilidad; pues no siempre es el alma la que sufre sino simplemente el ego.
No es saludable, psicológicamente hablando, interpretar la empatía de los demás como intentos de control, y la cercanía como intrusión, en vez de como conexión emocional.
Te invito a que esto te sirva de reflexión. A mí me sirve, porque también yo, en muchos momentos, me dejo arrastrar por la sombra del dolor sufrido; y creo que es conveniente, en algún momento, parar y tomar conciencia de que estamos aquí por poco tiempo y cada día no tiene por qué ser la condena del siguiente.
Estamos viviendo un auténtico glaciar emocional.
En su momento, predije que la pandemia traería consecuencias inevitables en la conducta humana si no poníamos de nuestra parte y, al parecer, así ha sido. Hemos ido haciendo cada vez más enorme ese abismo entre nosotros.
Y no me refiero solo al aspecto físico —donde la mayoría vivimos tras una pantalla una gran parte del tiempo—, sino al nivel sentimental.
De un corazón a otro hay hoy un verdadero mundo lleno de dudas, miedos, prejuicios y distorsiones cognitivas. Es más difícil que nunca llegar y tener acceso al de los demás.
La ilusión de la desconexión
Ahora, con el avance de la inteligencia artificial, esa necesidad biológica y social de conectarnos parece desvanecerse. Estaremos conectados virtualmente, pero, por lo visto, necesitamos menos un abrazo... o eso es lo que desgraciadamente pensamos.
Priorizamos una supuesta tranquilidad mental y emocional por encima de la presencia y el contacto físico. Sin embargo, esto es una mentira con la que nos autoengañamos para sentirnos a salvo.
La reealidad es que solo estamos logrando enfermar nuestro sistema nervioso y nuestro espíritu.
El rechazo al contacto sincero
Honestamente, me preocupa esta situación. Veo y siento cada vez más frío entre las personas.
El muro de la distancia:
Cuando quieres abrazar a alguien, te encuentras con un muro.
La culpa de sentir:
A veces te sientes culpable por no haber pedido "permiso" para abrazar a una antigua amiga o a un conocido que atraviesa o ha atravesado un momento difícil, asumiendo que necesitaría ese abrazo tanto como lo necesitarías tú en su lugar. Pero parece que ya no es así.
El muro del miedo ha crecido y se ha convertido en la coraza que viste a cada persona con la que te cruzas: el vecino, el amigo, el conocido... a cada cual.
El refugio de la indiferencia
Tengo un llanto interno e incesante por esta realidad que me disgusta, me asusta y me hiere profundamente como ser humano.
Veo cómo se esconde el amor detrás del miedo, y el miedo detrás de la indiferencia.
La indiferencia parece ser la única "valiente" que se atreve a dar la cara y mostrarse ante los demás; eso sí, fingiendo si lo considera "necesario" una sonrisa que no siente, mediante un saludo que no la comprometa a nada... y mucho menos a sentir la verdadera felicidad de conectar con otra alma.
¿Nos hemos resignado ya a vivir tras la coraza o todavía quedamos algunas personas dispuestas a romper el hielo?
Te leo abajo, en comentarios.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Claro que los milagros existen.
Tú eres uno.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Ni máscaras
ni validación externa.
No es importante ser
importante para el mundo,
mientras seas importante
para Dios
y para ti.
Lo que somos no se busca
fuera.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
No sé exactamente qué sucedió entre ellos, pero hubo discusión y no sé si faltas de respeto, supongo que también.
El caso es que unos días después él la llamó y le dijo:
—Persóname, cariño, por favor te lo pido.
—Lo siento, mi amor, pero no soy capaz de personarte. Persónate tú, si puedes—le respondió ella con contundencia.
Y él se personó y aclararon el malentendido y resolvieron sus diferencias.
Final feliz
Música de violines y trompetas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
☆Tener la capacidad de arrepentimiento, pedir perdón y otorgarlo es quizás de los mayores privilegios que poseemos las personas sobre los animales; por eso he hecho este juego de palabras entre perdonar y personar. Porque cuando uno perdona o es perdonado se siente más persona.
Poder liberarte y liberar a otro de una culpa, mediante la palabra y la empatía, es una facultad impresionante que solamente la especie humana posee.
Mis Gafitas 😎 lo ven así de claro. ¿Y tú qué opinas al respecto?
Valores como la integridad, la lealtad y la honestidad son un regalo que una persona se hace a sí misma, y que no precisan agradecimiento ni siquiera ser reconocidos por los demás.
Sencillamente, hay personas que deciden caminar su vida con la claridad de una conciencia despierta, independientemente de las acciones y reacciones ajenas.
Felicito a las personas que poseen y mantienen con consistencia a lo largo de su vida estos maravillosos valores pues, a mi modo de ver (a través de mis gafitas 😎), son los que las hacen tremendamente valiosas.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Quiero expresar mi absoluta gratitud y admiración a los bomberos de esta, nuestra, comunidad, y a todos los que se han incorporado de otras comunidades e incluso de algunos países europeos para extinguir el mayor incendio de la historia de España. Así como la tristeza que me produce que miles de personas hayan tenido que abandonar sus hogares y estén viviendo una gran desolación e incertidumbre.
También, cómo no, a los equipos de emergencia, que siempre están presentes para atender a los afectados por la humareda y las cenizas y a los que puedan sufrir ataques de ansiedad.
Desde aquí, un abrazo cariñoso a todos ellos, con el deseo de que pronto se consiga la extinción absoluta de este fuego y que produzca el menor daño posible.
Ángeles Córdoba Tordesillas
La envidia no es más que una forma de admiración que nadie quiere reconocer, y mucho menos ante la persona envidiada.
En el fondo, nace de una desconexión con nuestros propios talentos. Al no explorar ni valorar nuestra propia unicidad y lo que nos hace originales, caemos en el error de compararnos con los demás.
Sentir envidia revela esa falta de autoconocimiento y autoestima. Cuando no eres capaz de mirar tu propio reflejo con amor, resulta imposible celebrar el brillo y el logro ajeno.
○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○
No se trata de comparar
ni de compararse.
No se trata de destacarse
ni de destacar.
Se trata de florecer.
Cada uno con sus
propios colores.
Para que podamos compartir
y disfrutar
nuestra diversidad en un mundo
en paz.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
¿Alguna vez te has parado a pensar qué hay realmente detrás de quien te envidia? Te leo en comentarios. 👇
El amor siempre deja su puerta abierta
para que puedas irte si lo deseas.
Si cierra su puerta... no es amor.
Ángeles Córdoba Tordesillas © 2021
¡Mucho calooor!
No sé si te habrá pasado como a mí, y habrás visto por la calle algún mosquito... ¡con abanico!
Aviso importante: La exposición directa al sol y la falta de hidratación pueden provocar ataques incontrolables de humor absurdo y alucinaciones de este tipo. ☀️😎
Ángeles Córdoba Tordesillas
Mi flor preferida
no se marchita nunca
Su dulce aroma me embriaga
Me seduce la sencillez
de sus pétalos blancos
Me conmueven su pureza
y la suavidad de su tacto
Mi flor preferida es....
la ternura.
Ángeles Córdoba Tordesillas
El reloj de arena, Amadeo Prudencio, se fue al Sáhara, a visitar a la familia... por un tiempo.
(Así que ya sabes: ¿Qué hace un reloj de arena en el desierto?.. Visitar a la familia)
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Qué bonitas son
esas relaciones
en las que te sientes
a salvo.
Ángeles Córdoba Tordesillas
—Sara, te invito a tomar una ración de patatas bravas.
—No, gracias.
—¿Cómo dices?
—Que no, que muchas gracias.
—¿Pero qué estoy oyendo asombrada? Quizás no han escuchado bien mis aturdidos oídos... Tú, que adoras las patatas pringosas esas, me rechazas una invitación sincera?
—Tus aturdidos oídos han escuchado perfectamente. Soy yo, en este caso, la que no quiere ni oír hablar nunca más de las dichosas patatas. Las aborrezco, así, en español intenso.
—¿Pero qué está sucediendo en el mundo actual, qué fenómeno sobrenatural está teniendo lugar para que tú tangas esa reacción tan adversa y visceral ante tu plato favorito?; unas inocentes patatas con una salsita tan especial, aunque nunca las he podido soportar?
—Nada, que ya no me encantan.
—¿Y eso por qué? Te lo pregunto porque en las noticias no han dicho nada...
—Sucedió que ayer fui sorprendida por un deseo voraz de devorarlas y, como soy mayor de edad y no tengo que pedir permiso a nadie más que a mi libertad personal, entré en un bar con una gran tentación de las dichosas patatas bravas y, con una enorme autodeterminación, pedí tres raciones, porque para brava yo. Y lo que vino después prefiero no tenértelo que contar, pues no es contenido agradable.
–Comprendo... cuánto lo siento. Entonces te invito a un arroz a la cubana con una limonada.
—Vale.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Qué instrumento tan bello
la flauta.
Un canal que deja pasar
el aliento de vida y,
sin juzgar nada,
lo convierte en melodía.
Siempre quise ser flauta.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
"Pinto, pinto...", un juego de niños que decidía a quién le tocaba la suerte.
Hoy la suerte es mía por tenerte aquí.
Y quiero presentarte esta pintura que también estará encantada de conocerte:
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Sucedió que me presenté sin cita en la Agencia Tributaria con la intención firme de zanjar una gestión familiar antes de que finalizara el plazo oficial.
Nos cobraban casi 200 euros por la realización de dicho trámite, así que le dije uno de mis hermanos: «Ni hablar, de eso nada monada, no pago ese dinero por soltar unos papeles en una oficina de mi propia ciudad. Enviadme toda la documentación requerida, que yo me encargo de ello». Y así lo hicieron.
In extremis, llegando diez minutos antes de que cerraran la delegación, me acerqué a la funcionaria que parecía estar disponible, con el tocho de papeles correspondiente.
Me preguntó si tenía cita; contesté que no y ella me dijo que sin cita no me podían atender. Le expliqué que lo comprendía, pero no sé de qué modo conseguí que me escuchara.
A pesar de sus protestas de que había llegado tarde y estaban a punto de cerrar, la convencí de que aceptara revisar la documentación por si había algo incompleto o que no estuviera en orden, pues debía dejarlo solventado lo antes posible para que no se nos pasara la fecha límite y reconozco que la presioné un poco diciendo que mi familia confiaba en que iba a resolverlo ese mismo día.
Finalmente, entre protesta y protesta, fue supervisando todo.
Cuando vio que estaba correcto y que no faltaba nada, espetando una queja más, me solicitó la cantidad de dinero correspondiente y, por último, me pidió que firmara.
Yo le dije que no tenía bolígrafo y le pregunté si podía dejarme uno, por favor. Esto colmó su paciencia y entonces estalló diciéndome: «¡Maravilloso, maravilloso! ¡Además de presentarse tarde,viene sin bolígrafo!».
De inmediato se acercó un compañero suyo para preguntarle qué pasaba dada su alteración, y ella repitió: «¡Que viene tarde y sin bolígrafo!».
Su compañero, con perplejidad, mientras me observaba minuciosamente, se llevó la mano semicerrada a la boca, como intentando dilucidar qué tipo de espécimen ciudadano era yo. Ignoro si llegó a descubrirlo, porque no pronunció palabra alguna después de la pregunta que realizó.
Y, sintiéndome casi en evidencia y un tanto avergonzada, reconocí mi error pidiéndoles disculpas y corroborando: «Sí, esa soy yo: tarde y sin bolígrafo».
Me prestó uno a regañadientes y, con cierto sentimiento de culpa, estampé mi firma y me despedí, mostrándome muy agradecida con una funcionaria a la que había hecho trabajar hasta el último segundo de su jornada laboral.
Aun así, me pareció un rotundo triunfo y salí por la puerta de la oficina sintiéndome poco menos que Cleopatra, por haber logrado semejante hazaña.
Regresé a casa caminando para disfrutar de ese día de victoria, personal e institucional, como era debido.
Lo cierto es que la buena mujer tenía razón: no es manera de presentarse en un organismo oficial esperando que te atiendan sin cita en los últimos diez minutos y, para colmo, sin el instrumento fundamental para firmar.
Mi falta de pragmatismo es alarmante; generalmente no llevo nada que resulte útil, solamente llevo lo necesario.
Esta etiqueta, de todas las que me han pretendido adjudicar a lo largo de mi vida, es la que mejor retrata mi inconsciente identidad. Sí, sin duda esa soy yo: «tarde y sin bolígrafo». Una perfecta desconocida lo clavó.
Ángeles Córdoba Tordesillas
Al final
no me ha roto el corazón,
solo me lo ha rompido.
Y todos sabemos que
un corazón rompido
no es lo mismo
que un corazón roto.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
Esta tarde floto absurda en el ambiente
como
el humo de una antigua tasca.
He aprendido a conversar con el silencio
dentro de esta habitación del olvido
impertinente.
Allá la sociedad queda sola, inerte,
por mi miedo desescoltada..
No soy la rara
y
si lo soy no me importa
o
cada vez me importa menos...
aunque digan que menos
es más.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
"La que manda en mi corazón
soy yo".
Afirmaba.
Qué gran error...
siendo siempre mi corazón
el que se impone sobre mí.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
M
He visto
calles llenas de personas y
personas llenas de calles.
Estas últimas me resultan
mucho más interesantes.
¿Cuántas calles tienes?
¿Cuántas avenidas,
cuántas plazas?
¿Tienes algún parque
donde sentarme
a observarte y escucharte?
Déjame recorrer
todas tus calles.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
A partir de hoy, 30/06/2026, retomaré mi actividad en este blog.
Espero que esta nueva etapa sea tan fructífera en mis creaciones como satisfactoria para vosotros.
Muchísimas gracias por continuar siguiendo esta surrealista nube suspendida entre el Cielo y la Tierra. Mis mejores deseos para vuestra vida.
Os envío un abrazo afectuoso a cada uno de los que me leéis habitualmente.
Mis gafitas os saludan,
Ángeles Córdoba Tordesillas
He formado un equipo de vida con mis cinco sentidos, adjudicándome el papel de entrenadora. Sé que entraña dificultad, pues siempre han sido bastante anárquicos y todos han pasado, o están pasando, por baches, pero cuando alguno flaquea, ahí estamos los demás al quite para apoyarlo.
En estos momentos, es uno de mis ojitos el que necesita un cuidado especial. Ahora que se enfrenta a un tratamiento médico exigente, todos le animamos diciendo: «¡Vamos, pequeño, que el equipo te necesita!». Y él sonríe porque, aunque a veces lo hayamos rechazado por su falta de visión, ahora sabe que es imprescindible y se siente querido y comprendido.
Le repetimos: «¡Vamos, pequeño, que somos un equipo singular! Lo estás haciendo muy bien y verás cómo entre todos conseguimos que salgas adelante». Y esto lo veo con claridad.
Siempre hemos intentado practicar el deporte de la vida con la mayor honestidad posible. Y aunque el resultado haya sido bueno, malo o regular, nunca nos hemos sentido perdedores; porque entendemos que en cada partido el rival no es un contrario, sino un compañero. Al fin y al cabo, los sentidos están para conectarnos con el mundo y con los demás.
Se trata de jugar sin juzgar, entendiendo que cada uno tiene sus propias reglas y su propia visión del juego. Hay que tener buen ojo para captar lo que es realmente importante y conseguir que ni la realidad ni el juego de los demás golpeen nuestros sentidos. Al final, esto no consiste en ganar a toda costa, sino en no perderse en el intento.
Y quizá no seamos un buen equipo a la vista de la mayoría, pero somos un equipo bueno.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©