Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

31 jul 2026

DISCUSIONES SIN DENTADURA

No sé exactamente qué sucedió entre ellos, pero hubo discusión y no sé si faltas de respeto, supongo que también.

El caso es que unos días después él la llamó y le dijo:

Persóname, cariño, por favor te lo pido.

—Lo siento, mi amor, pero no soy capaz de  personarte. Persónate tú, si puedes—le respondió ella con contundencia. 

Y él se personó y aclararon el malentendido y resolvieron sus diferencias.

Final feliz

Música de violines y trompetas.


Ángeles Córdoba Tordesillas ​© 


☆Tener la capacidad de arrepentimiento, pedir perdón y otorgarlo es quizás de los mayores privilegios que poseemos las personas sobre los animales; por eso he hecho este juego de palabras entre perdonar y personar. Porque cuando uno perdona o es perdonado se siente más persona.

Poder liberarte y liberar a otro de una culpa, mediante la palabra y la empatía, es una facultad impresionante que solamente la especie humana posee.

Mis Gafitas 😎 lo ven así de claro. ¿Y tú qué opinas al respecto?


Música de Rakórzy— Héctor Berlioz
           

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