El día 16 de este mismo mes fui a urgencias, me realizaron una pequeña intervención quirúrgica en un ojo y, al regresar a casa, perdí la cartera con la documentación y todas las tarjetas. Me lamenté pensando en mi "mala suerte".
Pero lo verdaderamente duro fue enterarme al día siguiente por la hija de uno de mis mejores amigos —a quien conocí con 17 años— de que él había fallecido ese mismo día 16. Todo lo demás perdió su importancia.
Ante la despedida de una vida, todo pasa a segundo plano; en especial si es la de una persona tan buena como él. Y no lo digo porque ya no esté, sino porque es absolutamente cierto: ha sido de las personas más sencillas y honestas que he conocido en mi vida, y he tenido la fortuna de que fuera mi amigo.
Más o menos cada 15 días le enviaba por wasap un mensaje comentándole cualquier cosa y un abrazo, a sabiendas de que no podía contestarme, pero sabía que lo leería. No quería ser visitado, cosa que comprendo perfectamente.
Me queda la tranquilidad de saber qque, siendo un cuidador nato que siempre se ocupaba de los demás, un año padeciendo ELA era demasiado para su corazón generoso. Sentir que ahora era su familia la que tenía que cuidarle no era para él. Se fue en paz y casi sin agonía. Además, su hija me contó que en uno de sus últimos paseos, cuando aún podía hablar, le habló de mí con muchísimo amor. Me emocionó profundamente saberlo.
En fin, a nosotros nos toca seguir viviendo el "rato" que nos quede, siendo lo más creativos, bondadosos y felices posible. Un abrazo a todos.
☆ Querido Santi:
Desde esta pequeña nube que es mi casita digital, te doy las gracias por haberme hecho el enorme regalo de tu amistad. Ha sido un privilegio haberte conocido; me encantaba que me llamaras "mi chica" —siempre con el debido respeto y permiso de tu pareja, pues era simplemente una manera afectuosa de dirigirte a mí—.
Dentro de un mes hubieras cumplido años, momento en el que volveré a recordarte. Aunque ya no pueda felicitarte con una simple llamada al móvil, el 20 de septiembre será siempre para mí un día de celebración por tu magnífica existencia.
Allá donde estés, te envío el abrazo enorme que no tuve oportunidad de darte en vida. Te quiero, Santi, y te voy a seguir siempre porque el amor verdadero es lo único que no muere nunca.
Ángeles Córdoba Tordesillas
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