Entonces él la intentó persuadir con tono muy convincente:
“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a
Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.
Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.
Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.
1 nov 2014
TÚ PUEDES
Entonces él la intentó persuadir con tono muy convincente:
31 oct 2014
LA FAMILIA
-Hola.
-¿Cómo está tu cuñado?
- Bien, gracias ¿Y tu sobrino?
-Ahí va, mejorándose…
-Pues mi hermano me comentó lo de tus abuelos
-Ah, mira...
-Es que mi tía, cuando estuvo en tu pueblo, al parecer se encontró con tu hija y su prima y les estuvo preguntando por ellos.
-¿Por quiénes?
-Por tus abuelos, ¿por quiénes iba a ser?
-Ah, pensé que te referías a cuando mi suegra estuvo charlando en el supermercado de tu yerno y después tu prima les acercó a la casa de mi mujer que, al parecer, como conocían a la nieta de tu cuñada, pues había salido el tema de mis abuelos.
-Claro, ya me imaginaba algo de eso…Sin embargo, ya sabes que cuando coincidimos algún fin de semana por allí, tus tíos siempre son tan amables con nosotros que, hasta mi madre me ha dicho que los tiene como a su propia familia, porque le recuerdan a sus hermanos.
-Anda, qué bien. Pues seríamos una familia muy numerosa.
-Y tanto… ¡Más que ´”La gran familia”!
-Oye, por cierto, ya que no sé cuando volveré a verte, quiero aprovechar la oportunidad para invitaros a la boda de mi hermana que se casa por fin.
-¿Y con quién se casa?
-Pues con el sobrino de la mujer de tu primo segundo.
-¿Qué me dices? Y nosotros sin enterarnos… ¿Y a quiénes quiere invitar?
-¡A todos!
-¿A todos?
-Sí. A todos.
-Madre mía… ¡Vamos a ser ciento y la madre!
-Ciento, la madre, el padre, los abuelos, los tíos….
-Pues da recuerdos a todos ellos, de mi parte. Hasta otro ratito.
-Lo intentaré… ¡Lo mismo digo! Chao.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
29 oct 2014
DESPEDIDA
28 oct 2014
DESAPARECIDAS (TERCERA Y ÚLTIMA PARTE)
El colmo.
Desde mi casa he visto como ha llegado un coche patrulla para desalojar a mis lágrimas de la finca de enfrente. Ellas se han resistido. Las he escuchado gritar que no tenían adonde ir… ¡¿Será posible?!
—¡Niñas, subid a casa!—las he llamado desde la ventana pero no han respondido ni una palabra y me han mirado por encima del hombro, ¡qué desfachatez!… pero puede no ser extraño viviendo en un sexto…
Recién duchada, a medio vestir, tan solo con mis gafitas puestas y la ropa interior, he tenido que bajar a la calle, a reclamar lo que es mío. Son menores de edad… ¡Ay, ay, estas chicas alborotadoras… qué locura de adolescentes!... Me están dejando en mal lugar. Ahora toca pelear con la pasma, por unas caprichosas y consentidas lagrimitas.
Total, para no extenderme mucho, hemos terminado todas en la comisaría. Ellas por resistirse a la autoridad, mis gafitas por despotricar contra los policías y yo, en fin… parece que el salir casi sin ropa a la calle, tiene delito…
Al menos, ser detenidas, ha tenido su parte positiva; mientras esperábamos a que nos interrogaran, hemos podido conversar con esas fanáticas del llanto y tengo la impresión de que regresaremos a casa todas juntas.
¡Qué alivio...ya tengo lágrimas para volver a llorar cuando sea necesario!
Bien está lo que bien acaba… Gracias por vuestra lectora colaboración.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
27 oct 2014
DESAPARECIDAS (SEGUNDA PARTE)
En su desesperada rebelión, las lágrimas, se han afincado en un solar frente a mi casa.
Han montado una tienda de campaña con dos cáscaras de nueces y unos hilos que han encontrado entre los contenedores de la basura… Han colocado un abanico casi sin varillas, como sombrilla, para el porche. Ahí se pasan las horas tumbadas a la sombra… y yo, desolada.
Están recogiendo firmas, por las mañanas, para quedarse instaladas, de forma permanente, en mi propia calle, en la parcela de marras. Se han provisto de un megáfono para proclamar, a los cuatro vientos, su derecho a la independencia. ¡Si no lo escucho no lo creo! Me han salido revolucionarias, las lagrimitas.
Mis gafitas y yo hacemos turnos para tenerlas controladas, en la medida de lo posible, a raya... que se dice popularmente pero ni por esas... Están haciendo corrillo con toda la gente del barrio y buenas migas con las vecinas… Apañada estoy.
Es duro para mí, verlas cada día, al salir de casa. Siempre montando algún numerito de los suyos…
Y me ignoran. ¡Osadas!
Han enviado un "wasap" a mis gafitas para pedirles colaboración para su causa.Espero que no cuenten con su apoyo… no lo resistiría. ¡Por Dios bendito, que no las convenzan para aliarse con ellas!
Como se me subleven todas, verás… no gano para trankimazín. Tiene mala pinta esto.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©2014
DESAPARECIDAS (PRIMERA PARTE)
Esta madrugada, mis lágrimas se escaparon... de casa.
Se escuchó un portazo. Mis gafitas salieron tras ellas y mis lágrimas rodaron escaleras abajo… seis pisos. Mis gafitas intentaron retenerlas pero no hubo manera, ellas rápidamente se incorporaron y, aturdidas, salieron corriendo a la calle.
Suponemos que estarán buscando algún hogar que les de cobijo, consuelo y con-techo.
Si las veis por ahí, por favor, avisadnos.
Ni idea de a quién acudir… estamos muy preocupadas.
No podemos denunciar su desaparición hasta pasadas cuarenta y ocho horas.
Sabed que contamos cada minuto… No han transcurrido ni cinco.
Gracias.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
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| Fotografía de su autor |
25 oct 2014
COMO DE CUENTO
Yo sé por qué lo digo…
Si comienzo por el final no notarás la diferencia. Te quedarás pasmado, no termina en fin. Termina como empieza.
Le gusta barrer las calles sin ser barrendera… sin oficio y con beneficio, las deja bien limpias.
Tira de un carrito de bebé sin bebé, por supuesto. Porta en él todas las cosas innecesarias que podrías fácilmente imaginar, porque tú las tiras. Las que necesita son pocas o inexistentes. Y se apaña con eso y un sombrerito yeyé, color naranja, con pluma de pollito sin sexar y una rama de olivo seca.
Se tumba en un banco de madera, de los que casi no quedan, y mira las estrellas a la hora de la siesta.
Cuenta hacia atrás, igual que si recitara un poema, como can-guro-grejo, saltando cifras enteras… que a la de mil, que a la de trescientos cuarenta, que a la de tres… pero con arte, que “es lo que cuenta”.
Lleva atada, a su cintura de vedette jubilada, una tetera oxidada, con agua hervida, inexplicablemente siempre bien caliente, y te ofrece una tacita para que la acompañes en sus delirios.
Algo le echa a ese té, además de cariño, que “coloca”... pero bien. Se pasan las horas con ella al “viva la virgen”. No hay mañana ni tarde, ni entrantes para picar, siempre es la hora presente.
Una servidora llega a olvidarse hasta de que soy una estatua monísima, seria y de buena reputación, del parque. Sé que debo cuidar mi imagen… lo sé. Pero doña Hortensia me puede.
Acá viene otra vez, ¿no te digo?… con sus harapos, cual pétalos al sol, con esas manchas que resplandecen… Su sonrisa ingenua y sin brillo, dientes amarillos, y ojitos de lince sabio y embustero. De las mentiras que gustan. Sin olor definido pero hermoso, ese corazón generoso de tés inacabables…
Podría pasarme una vida entera hablando de ella. Estoy segura de que no te cansarías.
La historia de Hortensia es como de cuento… Yo sé por qué lo digo.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
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| Acuarela pintada con estas gafitas que Dios me ha dado. |








