-Eusebia, a ver si puedes dejarme tres huevos que no me queda ni uno solo y quiero preparar una tortilla española.
-¡Qué va, vecina! Lo siento mucho pero es que hace cosa de un mes que alguien entra por las noches y se los lleva. Se conoce que como joyas no tengo…
-¿Qué dices?... ¡¿Qué alguien te roba los huevos por la noche?!
-Sí, eso he dicho. No sé si será delincuencia juvenil o adulta pero el caso es que día a día, veo cómo van desapareciendo. Tenía docena y media hace nada y ahora mismo que acabo de ir a echar mano de uno para mayonesa, me encuentro compuesta y sin huevos. He tenido que improvisar y hacer una bechamel, no te digo más.
-¿No será una excusa para no hacerme ese pequeño favor?
-¡No, mujer, ¿cómo puedes pensar eso de mí?! Solamente es que se ha debido correr la voz de que los huevos que tengo son ecológicos, porque me los traen de Marte, y por eso.
-Ah, bueno, siendo así, me quedo más tranquila. ¿Quién iba a decir que habría un ladrón de huevos en este barrio? Pues nada, Eusebia, que tengas un feliz día.
-Igualmente, Remigia, igualmente… Piensa que las ensaladitas también son muy saludables.
-Por cierto… ¿algún tomatito te queda por ahí para prestarme?
-¡Huy, tomates dices! Los tomates han decidido volar porque vienen de la luna y se vuelven para allá sin enterarme, como allí no hay gravedad... Ni medio me queda ahora mismo.
-Vaya, pues sí que tienes mala suerte, amiga…
-Excepto por tenerte como vecina, Remigia, ¡soy tan afortunada por ello! ¿Los buenos días ya te los he dado, verdad?
-Hummm… Sí, ésos sí que me los has dado.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©