Una poesía sin título asoma la nariz al fondo, tras la cortina del olvido. Se cree menos que las demás. Ni siquiera se atreve a respirar…
Hasta que un poema reconocido de poeta muerto, ya célebre, le invita a pasar.
-Entre señorita, a este
momento actual, sin ningún temor ni reparo, está usted en su casa.
-Es que no soy digna de ello. Sólo soy una poesiíta sencilla, sin ilustre dueño.
-Mire, todos empezamos igual y luego, poco a poco, nos van leyendo y logramos destacar. Cada uno por algo en especial. Se lo dice alguien que tiene más edad. Todo es cuestión de tiempo, ya verá. Algún día, usted también, podría ser recitada desde los labios de un niño, adolescente, incluso de un adulto culto. ¿Y quién sabe si en público, en un teatro, quizá?
Y la poesía entonces, sonriente, se llenó de confianza en sí misma y se quedó a vivir en el presente.
Fin poético.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©