Lo quise porque vio en mí lo que ninguno visteis antes.
Su risa, contagiosa.
Sus “te quiero” formaban un nudo en mi garganta.
Su dolor hacía eco en mi dolor infantil.
Nuestras soledades se unieron para siempre
en un amor inexplicable.
Vínculo que no soga, como otros amores.
Lo quise porque no podía hacer otra cosa que quererlo.
Porque cuando me tomaba de la mano, y comenzábamos a caminar,
parecía que íbamos a alguna parte.
Ángeles Córdoba Tordesillas ©
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