Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

16 ene 2018

BUENAS NOCHES

Noche de revelaciones.
De dudas desveladas.
De promesas y victorias.
De ternura y dicha,
inesperadas.

Final de un día intenso.
De voces conocidas, lejanas.
Queridas siempre.
Le pese a quien le pese.

Ángeles Córdoba Tordesillas


Billie Holiday - I´m a Fool To Want You

15 ene 2018

LLAMAR LA ATENCIÓN

Nunca me ha gustado llamar la atención por mi persona, en todo caso por mis obras; en las que intento dar lo mejor de mí. De hecho, soy bastante tímida.

Recuerdo una anécdota que me sucedió de niña; si se puede llamar anécdota a un hecho repetitivo:

Teniendo seis años, cuando toda la familia salíamos a pasar el domingo a algún pueblo de los alrededores de Madrid, especialmente en invierno, cuando la noche se le echa encima al día, al volver al coche, que habíamos dejado aparcado horas antes, con intención de regresar a casa, mis hermanos echaban a correr hacia él. Yo iba tras ellos siguiendo el sonido de sus voces pero, alguna vez, corrían tanto que les perdía la pista. Entonces seguía andando por inercia, y con cierto sentido del ridículo, suponiendo que si me echaban en falta, vendrían a buscarme y que si no era así, y se olvidaban de mí, habría de conformarme y luego ya pensaría qué haría.

No entendía cómo podían averiguar dónde estaba nuestro Simca 1000 entre tantos otros coches… Y es que no me daba cuenta de que ellos veían bien. Supongo que pensaba que todo el mundo veía lo mismo que yo, es decir que no veían lo que yo no era capaz de ver. Por ello me sorprendía sobremanera su perspicacia. 

Felizmente, de repente, alguno de ellos se acercaba, me agarraba o me empujaba hasta el coche, donde el resto de la familia me esperaba y mi madre gritaba muy enfadada, acusándome de hacer aquello para llamar la atención. 

Ninguno se daba cuenta de que era mi falta de visión lo que hacía que me extraviara tantas veces. Mi padre le decía que me despistaba porque andaba en mi mundo, que tenía demasiada imaginación. Y ella insistía: “Te digo que lo hace para llamar la atención. ¿No ves que ni siquiera parece importarle?”. 

No, nunca quise llamar la atención. No sabía exactamente lo que me sucedía pero simplemente me daba cuenta de que, por alguna razón que no entendía, era diferente -me resisto a decir minusválida- a mis hermanos, y a la mayoría de los niños que conocía, y lo aceptaba con la mayor serenidad que puede ser capaz de tener una niña de seis años.  

Me pregunto si alguna vez, alguno de ellos, que afortunadamente veían bien, se fijó en la expresión de felicidad de mi cara, cuando ya estaba sentada en el Simca 1000, volviendo a casa con mi familia. 

Ángeles Córdoba Tordesillas


RECUÉRDALO

El único sitio
adonde has de volver siempre
es al corazón.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarela pintada con estas gafitas que Dios me ha dado. 

12 ene 2018

QUE SE PONGA CÓMODO

No tengo perro que me ladre las verdades,
con esas miradas, deliberadamente, inacabables.
Tampoco desfila ningún gato por los pasillos de mi casa,
ronroneándome mis pecados capitales.
Así que no tengo más remedio
que dejar entrar a tu sarcasmo.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Leonard Cohen - A Thousand Kisses Deep

10 ene 2018

ALGO DE BELLEZA

Y después de la lluvia,
mecerse con algo de belleza.
Toda ella no puedes contenerla
en ningún recipiente...
La música siempre la libera.

Ángeles Córdoba Tordesillas  ©


Johann Sebastian Bach - Partita No. 2, BWV 1004 | Hilar

9 ene 2018

APARENTEMENTE

A veces se gana.
A veces no se gana.
A veces uno se gana.
A veces uno no se gana.

Yo vine a la vida a jugar.
No puedo perder.
No traje nada.
Solo traje, traje.

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

Camel-City Life
Ca

8 ene 2018

DESIERTO DE NIEVE

Desierto de nieve.
Blancura infinita
por un solo día.

A. C. T.


Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.