Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

15 oct 2026

EL «IMPERFECCIONISMO ILUSTRADO»

Hace muchos años era una persona perfeccionista; dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a hacer las cosas de forma impecable. Supongo que sentía una gran necesidad de demostrar a los demás mi valor personal, hasta que comprendí que el valor intrínseco de una persona no depende del juicio de los demás ni de agradar más o menos. 

Entendí que nada de lo que hiciera —por muy perfecto que pareciera el resultado— iba a hacer que las personas a las que quería me quisieran más, ni que las que no me querían comenzaran a hacerlo.

​Mi severa discapacidad visual me ayudó a rendirme a la evidencia: jamás lograría resultados óptimos en diferentes actividades y áreas de la vida por mucho que me esmerase. Pero rendirse a la evidencia no significa darse por vencida; significó simplemente dejar de luchar contra lo imposible y liberarme de esa exigencia absurda.

​Hoy me doy cuenta de que, si eres como eres, terminas por defraudar a las personas, sencillamente porque es imposible estar a la altura de las ideas que nos formamos unas de otras. 

Tenemos la tendencia a idealizar a la gente, y en mi caso, sé que antes o después se desmoronan esas expectativas poco realistas, simplemente porque soy como soy, con mis luces y mis sombras, pero no puedo ni quiero fingir. 

Podría intentar responder a la imagen que proyectan en mí, pero eso significaría traicionarme y renunciar a mi forma de ser genuina. Incluso he llegado a buscar esa decepción deliberadamente, solo para comprobar si, una vez bajada de ese posible "pedestal", son capaces de quererme por quien soy realmente.

​Soy muy consciente de mis múltiples defectos y he aprendido a aceptarlos, tal vez porque la vida me ha demostrado que no hay otro camino. Cometo errores todos los días; de hecho, la imperfección y la emoción son probablemente lo que mejor me definen. Se me olvidan cosas cotidianas, me equivoco y fallo como cualquiera, ¿y qué? 

Eso no significa que me conforme con hacer las cosas de cualquier manera; intento hacerlas bien, especialmente en lo que concierne a las relaciones personales, por el profundo respeto que siento hacia los demás.

​Sé que una de mis cualidades —quizá de las pocas— es tener un corazón sensible que, a pesar de que algunas personas han abusado de él (como a la mayoría os habrá pasado), no ha renunciado a sentir. Tampoco ha buscado esconderse tras una coraza de frialdad estratégica. Sencillamente, soy un ser humano como tú. 

Y los errores cometidos y las experiencias vividas no me anclan en el rencor, sino que suponen lecciones valiosas para la vida.

​Dicho esto, en estos tiempos presentes en los que tanta gente busca parecer perfecta —y en los que la inteligencia artificial parece serlo al menos en sus procesos y respuestas—, yo reclamo mi derecho a la imperfección y me enorgullezco de ella. 

Porque la perfección que nunca dececciona solo le pertenece a Dios, y así debe ser. Por debajo de Él, todo lo demás: inteligencias naturales, artificiales o híbridos de cualquier índole. Al fin y al cabo, los humanos somos seres imperfectos, buscándonos a nosotros mismos y, repito, aprendiendo a vivir.


Ángeles Córdoba Tordesillas ​©


EL «IMPERFECCIONISMO»

1 comentario:

  1. ​El Imperfeccionismo: Registro de un nuevo término y estilo artístico, literario y filosófico que pasa a formar parte de mi universo creativo, junto al Emocionalismo y al Confinaismo.
    Ángeles Córdoba Tordesillas (Ángel CT).

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