Desde mi nube y con gafitas

Desde mi nube y con gafitas
Ángeles Córdoba Tordesillas

“Érase una vez un Ángel que del Cielo quiso bajar a la Tierra para experimentar lo que era ser humano. Adoptó la forma de mujer. Sólo bajó con lo puesto… unas preciosas gafitas que Dios le había regalado y una nube pequeña, desde donde miraba cada día todo lo que sucedía entre el Cielo y la Tierra. Sólo a través de esas gafitas podía ver nítidamente el mundo y a las personas que vivían en él. Sin ellas se sentía desorientada, perdida, pues todo se volvía invisible e incluso ella misma, ya que ni siquiera podía percibir su propio cuerpo. Esta historia está contada por ese ángel que, a través de la narración de sus peculiares observaciones, intenta representar el mundo que ve.”

Un día agarré mi media nube y mis gafitas (esas que Dios me ha dado) y fui a vivir a un lugar indeterminado entre la metáfora y el surrealismo. Desde entonces, estoy pagando la hipoteca con poemas, cuentos, relatos, novelas, dibujos, pinturas, fotografías… ¡canela fina! y otras especias.

Poco a poco o mucho a mucho, dependiendo del día, estado de ánimo y condiciones atmosféricas, suministraré género del bueno, fabricado a mano, con amor, humor y pasión.

Porque te quiero. Porque todo lo que hago es pensando en ti y con el corazón… de la única forma que sé vivir. Y estoy en ello, dispuesta a seguir haciéndolo con muchas ganas, para que tú lo puedas disfrutar. Ojalá sea así.

3 nov 2014

LA HABITACIÓN DEL HOTEL

-Hola.
-¿Cómo has tardado tanto? Llevo dos horas esperando para dormirme.
-Hija, estaba alternando un poco.
-Mamá ya no se dice alternar.
-¿Ah no? ¿Y cómo se dice entonces?
-Pues relacionarse socialmente…
-Bueno, pues estaba relacionándome socialmente.
-¿Con quién?
-Pues con las personas que había abajo, en el salón, de mi edad.
-Mamá, tienes ochenta y dos años…
-¿Y qué?
-Que no había abajo nadie con tu edad.
-Pues parecía la más joven de todos. No he parado de bailar y de divertirme. ¡Yo creo que hasta he ligado!
-¿Y no estás cansada? ¡Creía que no ibas a subir nunca!
-Pues no mucho la verdad. ¿Por qué iba a estarlo? Estamos de vacaciones.
-¿Porque nos hemos levantado a las siete para ir de excursión y no hemos parado de andar en todo el santo día…? Yo desde luego tengo los pies molidos. Bueno, el cuerpo entero ¡y mañana de nuevo tendremos que madrugar para visitar las dichosas cuevas!
-¡Hija, cuánto protestas! Total, por unos cuantos kilómetros y algo de ajetreo… Parece mentira con lo joven que eres…
-Ya estamos, con el “parece mentira”. Mamá, no soy tan joven voy a cumplir los cuarenta y cinco.
-Huy hija, cómo me lo estás poniendo para hacer la rimita.
-Y ya peino canas.
-¡¿Qué vas a peinar tú, con cuatro canas que tienes?! ¡Sabrás tú lo que son canas… ¡Por cierto voy a desenredarme un poco la melena!
-¡Pero bueno, ¿cuándo te vas a acostar? ¿Es que no puedes parar?!
-Ya va, ya va… Me estoy preparando para dormir.
-Pues a ver si es verdad, que estoy que me muero de sueño y no apagas la luz ni a tiros.
-¡Qué expresiones tienes, hija! Parece mentira… Cualquiera diría que te has educado en un colegio de monjas.
-¡Ay mamá, dónde estarán ya las monjas!
-Pues yo me lo he pasado de maravilla en el baile. Para una vez que voy a un hotel tengo que aprovechar a relacionarme un poco socialmente, como tú dices. Debo hacer nuevas amistades…
-Sí, sí, lo que tú digas.
-Así, de vez en cuando, podemos quedar, una vez estemos en nuestros respectivos lugares, a tomar un café, ¡o a lo que surja…! con alguien que conozcamos aquí.
-Mamá, si tú no puedes tomar café. Siempre has dicho que te ponía como una moto cuando eras jovencita, conque imagínate ahora…
-Ay hija, a todo le sacas punta. Pues una infusión, ¡total lo mismo da!
-Vale… ¡¿Pero cuándo te acuestas... por el amor de dios?!
-Ahora mismo. Ya me queda poco.
-Pero mamá, ¿cuánto es poco?…
-Poco es poco.
-¿Qué haces ahora?
-Lavando la dentadura.
-¡Ay por dios! ¡Si parece que estás  batiendo huevos!
-Hay que dejarla bien limpia... Por ahí parece que había uno que me miraba mucho…
-Ya, ¿y ahora qué?
-Estoy recogiéndome el pelo. Me pongo los bigudíes…
-¡Pero mamá, que hoy no dormimos!
-Hija, ¡pues duérmete tú! qué estás de pesada… No sé a qué esperas. ¿Por qué no te has dormido ya?
-Si no puedo, con el escándalo que armas para hacer cualquier cosa… Me acuerdo cuando era pequeña que me despertabas dos horas antes de irte de casa, con tus trajines y tus preparativos. Mira, es que me descomponía…
-Tienes el carácter fuerte como tu padre.
-Ya estamos. No sé yo, si me voy a arrepentir de haberte traído a este viaje...
-¿Cómo? O sea, que encima que te dejo que me acompañes…
-¡Pero mamá!... ¡Eres el colmo!
-Carácter fuerte…
-Sí, como mi padre… ¡Que yo no sé como podía aguantar tanto el pobre…!
-Porque me amaba locamente
-Y tan locamente… porque desde luego, debe ser la única forma posible de amarte.
-¿A que enciendo el transistor para dormir?
-No, por favor.
-Vale.
-Desde luego, mamá, eres única; toda la vida amenazando…
-Anda, anda, no protestes.
-¿Y cuando terminas?... ¿Te queda mucho?
-¡Ay, que no! Ya termino.
-¿Pero qué haces abriendo el armario otra vez?
-Qué pesadita hija…estoy preparando la ropa que me voy a poner mañana.
-¿Y no sería mejor que la preparases mañana?
-No.
-¿Por qué?
-Porque mañana estaré medio dormida cuando me levante y no sabré lo que elegir.
-La que estaré dormida seré yo, ¡pero enteramente dormida! no a medias ¡Madre mía!
-¿Mande?
-¡Huy, adónde te mandaría yo…! Por favor hazlo mañana.
-Que no. Que ahora estoy inspirada.
-Por dios mamá, que no vamos a la Pasarela Cibeles.
-Ya, pero para unos días en que puedo lucirme un poco.
-Vale, haz lo que quieras, me rindo, pero termina pronto te lo suplico
-Ya está.
-¿Qué miras debajo de mi cama?
-Las medias que  no las encuentro. ¿A que me las has cogido tú sin darte cuenta?
-Sí, ahora soy cleptómana… no te digo.
-Bueno me tomo las pastillitas y listo.
-Por fin.
-Un pis y hale, a la cama.
-¡Ojala! Bendito momento. ¿Llegará?
-Como te gusta chincharme…
-Encima. ¿Y eso qué suena ahora, qué es?
-La cisterna que parece que se ha atascado.
-¡Ah, me da algo!
-Hija, qué poca paciencia, con una anciana…
-Eso, ¡¿ahora eres una anciana?!
-Venga que me acuesto… ¡Ay, que no me he echado la crema! Normal con esta presión que me estás metiendo, se me olvidan las cosas…
-¡Uffffffff!
-Buenas noches hija, que descanses.
-Ay sí, que lo necesito de verdad. Y descansa tú también… de ti misma
-¡Qué poquito has salido a mí, hija! Parece mentira…
-Afortunadamente, afortunadamente. Buenas noches, mamá querida.
-Buenas noches hija.
-¡Mamá! Te has dejado la luz encendida.
-ZZZ…RRRRRRRRRRRR…ZZZZ…RRRR
-¿Qué es eso?
-RRRRRRRRRRRRR
-¿¡Mamáaaaaaaa!?
-RRRRRRRRRRRRR
-Lo que me faltaba, ¡encima ronca!
-RRRRRRRRRRRRRRRRRR
-No lo puedo creer… ¡Ay, pobre de mí! ¡¡¡¡¡Y me quedan seis días y seis noches, con ella!!!!!

Ángel Córdoba Tordesillas ©


2 nov 2014

OTOÑO Y ESTADOS EMOCIONALES

Tiempo de otoño.
Nubes emocionales,
tan pasajeras...

Ángeles Córdoba Tordesillas ©

Fotografía hecha con estas gafitas que Dios me ha dado.

EL KAMIKAZE

Tenía vocación de obispo pero algo salió mal en el parto y se hizo kamikaze.
Iba a trabajar todos los días, pero no necesitaba fichar. Tenía pagas extras de multas y vacaciones dos veces al año que no se tomaba… -Eso es devoción al trabajo, sí señor-.
Hace un tiempo abrió una escuela de “kamikazismo”, y comenzó a hacer un negocio bárbaro. Todo un éxito. No sabía que iba a convertirse de la noche a la mañana en empresario. Pero el destino es así… caprichoso.
No obstante, echaba de menos esas horas conduciendo en dirección contraria al resto.
Temió que esto le llevara a una depresión, de algún río, y tomó una drástica decisión. Sí, era persona de decisiones rápidas e impulsivas… especialmente en las situaciones en las que se requería tranquilidad y sensatez. Una joya de hojalata, vaya.
Así que dejó la escuela y se subió de nuevo a su funesto auto, sin demasiadas expectativas, por si acaso…
Se sintió lleno de satisfacción cuando vio que todos sus alumnos iban ahora en su misma dirección. Puede que ya no fuera tan excitante ir a lo bestia por la M-30 pero oye, era entrañable ver cómo todos aquellos pupilos le seguían…
Me estoy conteniendo la emoción… Lo siento, no puedo continuar.
Espero que lo entendáis… Os podría pasar a vosotros…¡en dirección contraria, claro!

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


PINTAR Y ESCRIBIR

Pinto por no besarte.
Mis pinceladas son los besos
que no puedo darte.

Escribo por no poder acariciarte.
La ausencia de caricias
son estas palabras.

Y escribo y pinto.
Y pinto y escribo…


Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarela pintada con estas gafitas que Dios me ha dado. 

DOS

Embelesa-dos
Abraza-dos
En-amor-a-dos

¿Y tú y yo?...

Hace buen tiempo
cariño… paseemos por nuestro devaneo,
“en-poema-dos”

Ángeles Córdoba Tordesillas ©


Acuarelita realizada con estas gafitas que Dios me ha dado.

1 nov 2014

LA POESÍA MÁS BONITA DEL MUNDO

Te escribo la poesía más bonita del mundo.
Una poesía que nadie más que yo te escribirá.
Te habla de sentimientos y complicidad.
Y de mucho más.

Aunque en realidad,
tal vez no sea necesario decir nada.
A veces las palabras no ayudan,
sino que embadurnan lo que es ya claro, diáfano,
como la luz del día.
Como hace la tierra con el agua,
convirtiéndola en barro.

(A mí me gusta el barro, la arcilla…
es un buen material para crear.
Con ella podemos modelar lo que deseemos,
hasta un amor sincero).

Así que, como tú quieras, puedes elegir una poesía muda;
que no contenga palabra alguna, como ésta:

……….
……….
……….

O puedes quedarte con todas estas palabras,
escritas con pasión y devoción.
En el amor y en la paz, todo vale,
menos la indiferencia.

Si quieres hacemos un trueque
y cambiamos este montón de palabras, que ya son tuyas,
por besos que te llenen la cara, el cuerpo y el alma.

Tú eliges, de momento.
Porque esta poesía es para ti.
La próxima… no lo sé.

Ángeles Córdoba Tordesillas. ©




TÚ PUEDES

Gonzalito, de tres años de edad, estaba importunando mucho a su madre pidiéndole, insistentemente, que jugara con él a algo. Ella, inapetente y muy enfrascada en las tareas propias del hogar, se negaba una y otra vez, explicándole:
-Mira hijo, en otro momento, ahora no, que mamá no para... que está muy cansada.

Entonces él la intentó persuadir con tono muy convincente:
-Ánimo mamá, que tú puedes, ¡que eres un machote!

Ángel C. T. ©